domingo, 30 de diciembre de 2012

Sería genial estar en una isla cálida con Lucy Rose

Piensas cada segundo en uno de esos días en los que te encantaría escapar a una isla cálida y  que tenga sonido de ambiente y estaría genial que sonara algo de Angus & Julia Stone pero mejor algo parecido que no retuerza por dentro las neuronas.
Última semana del año, empezaba todo bastante diferente a como acaba. Los años se abren y se cierran como libros antiguos, con ese misterio de ver las tapas llenas de polvo. Miras la primera hoja con cierta nostalgia y vas pasando las páginas casi sin darte cuenta. En algunas te detienes y las disfrutas, otras las pasas sin darte cuenta, llegas al final y acaricias la contraportada.
Es por eso que la gente sigue prefieriendo los libros de papel, por el encanto de mirar el tiempo pasado en la estantería. Por eso prefiero los libros electrónicos,  por la capacidad de no almacenar pasado en las estanterías. Para que nada haga que cuando suene Angus & Julia Stone me quede en blanco.
Lucy Rose ocupó el hueco de los hermanos Stone en mi estantería emocional. Es ella la que sonaría en mi isla cálida. Si una noche me sorprendo conduciendo bajo las luces de la ciudad y suena Lucy, me miran unos ojos encantadores o me besan unos labios dulces como las cerezas. Si eso pasa, cambiaré la canción para no dejar que nadie almacene ni un libro en mi estanteria.
La memoria tiene rincones que no conocemos y aunque borres todos los libros electrónicos de la base de datos, una voz como la de Lucy puede hacer descargar tactos, olores, sonrisas, besos, abrazos, incluso algún adiós.
Sería genial estar en una isla cálida y que sonara “Night Bus” de Lucy Rose para siempre, sin miedo.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Es imposible actuar en la vida real


Todo fue diferente a como lo había planeado tantas veces en mi cabeza. Desde el saludo, que había pensado en un par de besos acompañados de un abrazo, hasta la primera palabra que saliera de mi boca.
Intenté hacer todo eso que me enseñan los sábados en las clases de improvisación; seguridad, confianza e intensidad.
Al final quedó en un “hola” medio apagado, un beso a distancia y una caricia en el hombro.
Nos miramos a los ojos y nos quedamos en silencio durante algo menos de dos segundos que para mí fueron una eternidad.
Con los nervios no me di ni cuenta que al lado había una chica, una chica que además iba conmigo.
Las presenté y se saludaron cordialmente. La chica que iba conmigo se mostraba algo incomoda y es normal que lo estuviese. Desde ese momento, ella desapareció y por una chica que  acaparó toda la atención, a pesar de no medir más de metro sesenta, tener unas claras raíces negras en el pelo, unos labios extremadamente finos, unas marcadas ojeras y olor a alcohol de la noche anterior.
De pronto toda la ciudad empezó a desaparecer; los coches, los semáforos, la gente, los bares, el suelo. Todo había desaparecido delante de mí y se había convertido en un folio blanco en el que solamente estaba la imagen de ella, con esa sonrisa de culpa que siempre parece tener.
Poco importaba la imagen difuminada de la pobre chica que me acompañaba y que hacía esfuerzos por definir su imagen en lo que era nuestro plano especial.
No había nada que pudiera hacerme apartar los ojos de ella, ni cuando estaba callada podía apartar la vista del verde de sus ojos.
La conversación se centró en ella, en todas esas aventuras que siempre parece vivir y que los mortales solamente podemos soñar.
Intentaba parecer tranquilo y cada vez estaba más tenso, más nervioso. He estado tranquilo mientras estaba desnudo delante de decenas de personas, he estado con chicas más guapas que ella, he estado con dos chicas a la vez más guapas que ella. He bailado borracho encima de una barra de bar, he salvado a un gato de un árbol y después me tuvieron que salvar a mí de ese árbol ante la mirada de todos los vecinos. Pero ella me pone muy nervioso.
Puse todos mis conocimientos en lo que a interpretación respecta. Escuchar, responder, proponer y no dejarse llevar por el otro actor. Tomar consciencia de la acción y formar parte de ella.
Tomar parte de la acción es mucho más fácil si estás en un escenario y sabes que es el personaje el que se equivoca y no tú.
Nada resultó ni cuando se fue y seguía embobado observando el contoneo delicioso de sus caderas, contoneo que seguramente lo hacía sabiendo que tenía la boca abierta unos 10 centímetros.
Entonces, el mundo comenzó a dibujarse en ese folio en blanco y la chica que iba conmigo empezó a definirse, a enfocarse.
Por un momento tuve miedo que aquella situación le hubiese molestado y esperaba una reacción de odio o desprecio, pero su reacción fue de miedo y sentí en ella los mismos síntomas que yo mismo había tenido hacía unos segundos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

500 millas [13/12/2009]

Hoy es uno de esos días que marcas en tu calendario mental y cada año que pasa lo recuerdas como si no hubiese pasado el tiempo.
Es por eso que quiero recuperar la entrada que escribí en One After 909 en aquel momento.

Después de un mes desde que apagué la radio, no habíamos hablado de aquello, ni de otras cosas. Nuestras conversaciones cordiales sólo eran acerca de música, de sueños robados, de robos soñados y de otro montón de tonterías que hablan dos personas que no quieren decirse la verdad a la cara.

El W Hotel me parece demasiado pijo, aunque el dj del eclipse pinche como Dios (si es que Dios pincha y si es que Dios existe) y tal cual se lo dije intentando disimular la alegría de encontrarme a solas en una de esas suites con ella.

Al llegar no me esperaba con su look sixties al que me tiene acostumbrado. Llevaba un chándal de Hello Kitty y el pelo recogido. Nada de maquillaje a lo Katy Perry y el pelo notablemente más claro.

-No esperaba un vestido de noche y cava, pero quizás no sea el mejor recibimiento de la historia.
-Piensa que si quisiera darte ese tipo de recibimiento, lo habría hecho.
-Eres la bruja con los ojos más bonitos que he visto.
- Sí, sí, no empieces y pasa que tengo trabajo.
Ahora entiendo cuando me dicen a mí que lo que yo hago no es trabajar.
-Ponte una peli, en el portátil hay varias.
-Yo no pienso tocar esa cosa con olor a manzana, o lo pones tú o no te dejo trabajar.

Entonces, con esa mirada de rabia que le sale tan bien, se acercó y encendió ese bicho tan bonito y que me niego a apreciar. Rebuscó en carpetas y puso “Radio encubierta”.
No recuerdo que coño estuvo haciendo durante todo ese rato pero, casi al final de la película, me di cuenta que estaba sentada, fumando un cigarro, mirándome fijamente y, entonces, puso de nuevo esa voz de final de Casablanca.

-Tú necesitas formar parte de algo así, sentir que lo que haces sirve para algo, necesitas esa adrenalina de estar rodeado de gente que lo dé todo por algo, pero yo no.
-Sin embargo tú formas parte y yo no. Estás cansada, solo es eso. A veces cuesta, pero te aseguro que, si te alejas de eso un poco, lo necesitarás. Puedes permitírtelo, yo no. Yo estoy en un vagón que solo tiene una dirección y una única parada.

Dos horas o tres después, cuando se encendieron los focos, ya no vestía el chándal y llevaba ese Diane von Furstenberg. Vi el brillo de sus ojos, vi que no era fingido.
Casi notaba su piel de gallina. Me miró, vi que, realmente, la música nunca se había apagado. Que esas casi inapreciables millas que existían entre nosotros ahora, pronto serían miles de kilómetros y que por muchos kilómetros que hayan, nunca serán más de 500 millas.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Faltaba mi realidad


Sonaba “Money for nothing” al mismo tiempo que dejaban sus copas de cristal de bohemia sobre una mesa que había pertenecido a la familia real inglesa hacía 300 años.
Lo hacían con la normalidad que lo hace una persona que ha visto ese tipo de pequeñas obras de arte a diario.
No podía evitar pensar en la cantidad de historia y de historias que habían pasado por delante de cada uno de los muebles que había en la habitación.
El tema de la noche se centraba en la crisis. La crisis es el centro de las conversaciones en todos los niveles sociales desde hace años. El problema es que, hablar de crisis con una copa de ginebra que posiblemente venga de la ciudad que le dio su nombre al licor, parece un escarnio.
No podía aportar nada a la conversación porque, realmente, aquella gente no entendería el punto de vista de una persona que nació en un gueto de Barcelona y que creció a unos 20 kilómetros de ella, en un pueblo casi incomunicado del mundo.
Mientras ellos se centraban en la crisis de valores, tanto morales como bursátiles, mi visión era la de una crisis apocalíptica que nos está llevando a dejar a las clases sociales más desfavorecidas con problemas mucho más importantes que el perder poder adquisitivo en la bolsa.
¿Quién era yo para desatar una crisis emocional en aquel país de las maravillas?
Lo único que podía conseguir era su rechazo social, incluso, su desprecio al descubrir que era un intruso con una careta mal pintada y con poses que había aprendido estudiando a cada uno de ellos mirando por la mirilla de la puerta social.
Quizá muchos de ellos también estaban jugando al mismo juego que yo y que todo formaba parte de una versión real de la cena de los idiotas de Francis Veber. En esta ocasión, cada uno había invitado a un representante de las clases inferiores para restregar en nuestras caras su opulencia.
Lo mejor que podía hacer era disfrutar de aquel gintónic, aquella música y de aquellas sonrisas algo forzadas, pero simpáticas y visualmente muy agradables.
El escenario era vistoso, bonito, olía bien y las pieles eran tan suaves como lo puede ser una piel que ha estado rozada por la seda más delicada.
Me faltaba un amigo haciendo una broma socarrona, una cerveza bebida a morro y algo de Bob Dylan.
Faltaba alguien patoso que vertiese su copa sobre un sofá del IKEA y alguien que rompiese una copa dejando el suelo pegajoso.
Faltaba que quedara poco hielo, que se acabase el whisky, que se discutiera por la siguiente canción, que alguien le echara el humo del cigarro al gato y todos se lo recriminaran.
Faltaba alguien que cantara a gritos y desafinando cualquier canción, que bailásemos encima del sofá, que nos perdiéramos en las habitaciones, que nos comiésemos a besos en los rincones.
Faltaba mi realidad.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Conversaciones de barra


El bar olía a esos ambientadores baratos que usan ahora para tapar el olor a cerveza y humedad que antes tapaba el olor a tabaco.
En la pantalla que había colgada justo delante de mí estaban emitiendo uno de esos partidos que nadie ve, un Alcorcón-Getafe o algo así.
Me pedí un macallan 12 doble con hielo y me senté en la barra dejando mi abrigo doblado en el taburete que había justo al lado.
Estaba toda la barra vacía, pero de esta forma dejaba claro que no quería tener a nadie a mi lado comentando cualquier cosa que, seguramente, era menos interesante que mi egocéntrica y egoísta conversación interna.
En pocos minutos una chica con olor a un perfume amandarinado se acercó justo a ese taburete.
-¿Puedes apartar el abrigo?
-Sí, claro.
Aparté el abrigo y lo situé justo en el taburete de mi izquierda.
-¿Qué bebes?
-Whisky.
Le hizo una señal al barman y pidió lo mismo que yo. Le dio un trago y disimuló que era demasiado fuerte para su inocente y virginal garganta de chica perdida.
-Esto está muy fuerte, ¿siempre bebes lo mismo?
-No, hoy me apetecía algo fuerte.
-A mí también, he tenido un día muy duro.
Me miraba esperando que me interesara en su largo y tedioso día. Cosa que no ocurrió.
-No eres muy hablador.
-No.
-Soy nueva en la ciudad, podríamos sentarnos en una mesa.
-Aquí estoy bien.
-¿Por qué eres tan borde? Solamente estoy intentando ser agradable.
-Verás, no se suelen sentar chicas en el taburete de al lado. He contado como 10 tíos que te están mirando y les encantaría explicarte los secretos de la ciudad y de sus habitaciones.
Como no conoces a ninguno de ellos y a mí tampoco, el resultado sería exactamente el mismo.
Considerando que alguno de ellos son muchos más atractivos que yo, hay tres opciones que pueden hacerte acercarte a mí.
Que acabes de salir de una relación con un tipo totalmente diferente a mí y quieras vengarte de él acostándote conmigo. Que seas una profesional y me veas solo en la barra y consideres que soy un posible cliente o que, realmente, pienses que puedo ser una pareja potencial y ello nos llevaría a estar unos meses conociéndonos.
Te pasarías esos días intentado hacerme ver que eres una estupenda pareja y que no podré encontrar a otra igual a ti. Después yo me lo empezaré a creer y una mañana descubrirás, mientras te tomas el zumo de naranja que te habré preparado, que me has domesticado y decidirás que no soy lo suficiente emocionante para tu mente cazadora.
Te largarás y me costará un mes o dos volver a disfrutar de un macallan en un bar.
En cualquiera de los casos, no estoy interesado. Así que te recomiendo que aceptes que te invite a ese whisky y me dejes disfrutar del partido que están dando.
-Guau, eres un tío muy rarito. Te explico, soy nueva en la ciudad. No conozco a nadie y no tengo ganas de aguantar a ninguno de esos tíos que solamente piensan en acostarse conmigo.
Te vi en la barra y, de todos los del bar, eres el único que no apartó la vista del televisor. Lo que me hace pensar o que eres gay o que no estás interesado en una relación sexual y es por eso por lo que me he sentado a tu lado. No necesito que me invites a nada.
-Está bien, ¿nos sentamos en una mesa?
-No, estoy bien en la barra.
-¡Cazadora!

lunes, 3 de diciembre de 2012

Ya no sé cómo ayudarte


Recuerdo cuando nació, para mí era como una sobrina. Una niña de mofletes rosados que poco a poco fue creciendo y recuerdo cada uno de los momentos.
Cuando empezó a gatear, cuando venía llorando a mis brazos porque su madre le había castigado y después llegó la adolescencia y los problemas.
Siempre traté de ayudarla a elegir el buen camino, intenté darle los consejos que me dieron mis padres.
La vida avanza rápido y ahora, que aún es una niña a mis ojos, cada vez que aparece viene cargada de problemas, de deudas, de dolor.
Nunca he podido negarme a ayudar y verla volver a su nido de basura, a su vida de oscuridad.
Siempre digo que es la última vez que me dejo engañar, que estoy cansado de sus palabras, de sus “con esto salgo de todo y empiezo de cero”.
Cuando se marcha deja una sombra alargada de pena, mentiras. Convierte el espacio que pisa en un lugar frío, húmedo, podrido.
No tengo fuerza para negarle ayuda y menos cuando me cuenta cosas que no se me ocurrirían ni para una entrada de blog.
No tengo fuerzas suficientes para seguir viendo como repite los argumentos, como me cuenta las mismas historias.
Pienso en mis problemas y pienso “joder, soy afortunado. No puedo dejarla así”.
Lo siento mucho, ardo por dentro pero no quiero volver a saber de su vida. Prefiero que desaparezca para siempre porque ya no es aquella niña a la que cantaba en la cuna para que se durmiera.
Ya no basta con soplar en la herida y decir “sana, sana culito de rana”.
Ni el recuerdo de su madre, que fue la que me cuidaba y la que ayudó a mis padres a convertirme en lo que soy hoy.
Si existe un cielo y su madre, mi nanny, está en él, que me perdone. Yo no puedo verla más así.
Cada día que pasa intento ser mejor persona y me queda mucho por hacer para conseguirlo y me siento fatal pensando que quizá la mejor solución sería que acabara su vida y su sufrimiento.
Es terriblemente triste pensar de una persona que la única salida buena que le queda es la muerte y no quiero estar ahí el día que pase.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Alguna noche también podría brillar


Siempre empiezo escribiendo sobre nuevos días, nuevos rayos de luz y acabo escribiendo sobre noches oscuras que devoran la energía.
Que aspiran los suspiros, que desfiguran las sonrisas, que se alimentan de olvidos, que borran las miradas, que deshacen las caricias, que se fuman los momentos, que se alimentan de fantasmas.
Noches que retuercen los recuerdos, que alimentan los silencios, que refuerzan los miedos.
Noches que terminan en el momento que vuelve a brillar el día y aparecen nuevos rostros, nuevas formas de mirarse, nuevas anécdotas que escuchar, nuevas formas de expresarse.
Nuevos juegos de azar, de formas de apostar, nuevas formas de temblar, de leer, de escuchar.
Nuevas esquinas en las que esconderse, nuevos labios que morderse, nuevos miedos que se alimentan comiéndose las uñas de las manos.
Nuevos sabores de whisky, nuevas drogas que probar, nuevas curvas, nuevas cuevas, nuevos hoyuelos al mentir.
Nuevos suelos que besar, nuevas luces de ciudades, algo bueno en la radio, algo que te vibra, algo verde en la cornisa.
Nuevas muescas al revolver, nuevas despedidas y otro nuevo amanecer, con nubes, con lluvias, con tormentas.
Son cortas las entradas porque nunca las consigo enlazar. No consigo que brillen las noches tanto como el despertar.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Acción-reacción


La balanza del bien y el mal existe en todas las religiones. El dios que castiga nuestros pecados y premia nuestras virtudes.
El ying y el yang, el karma. El universo se compensa, se equilibra. Principio de acción-reacción.
Nos gusta creer que toda persona que nos ha emitido una acción, el universo le dará una reacción.
Nunca pensamos que somos personas que emitimos acciones sobre otros. Nunca nos ponemos frente al espejo a recibir la reacción del universo.
¿Cómo se comportaría el universo/dios/energía si nosotros somos los que emitimos la acción para recibir la reacción?
No hablo de hacernos daño a nosotros mismos. Más bien hablo de actuar sobre a los que se lo hicimos para recibir nuestra reacción. Para equilibrar sus balanzas y librarles así de emitir reacciones sobre otros. Para romper la cadena de acciones-reacciones y cerrar el círculo en nosotros mismos.
Es positivo, sin duda, permitir a aquellos que sufrieron nuestras acciones, que nos emitan sus reacciones.
Ponermos delante de ellos y abrir el pecho esperando su emisión, su dolor, sus consecuencias.
Es lo justo. Nosotros lo hicimos y nosotros lo recibimos. Mucho más justo que dejar que otros reciban nuestros pecados y ellos a su vez emitan sus pecados sobre otros y así hasta el infinito creando una espiral de energía negativa.
Puede que no haya dios, que no haya karma pero, de alguna forma, una vez recibes tu parte. Creces como persona, te equilibras, te liberas.
Soy una persona impaciente, de acción y no voy a esperar a que el karma/dios/energía equilibre a aquellos a los que dañé. Espero poder emitir mis acciones (en este caso positivo) sobre todas las personas a las que dañé. Para equilibrarme, para equilibrarles.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Los libros no se escriben desde la silla


Crear documento, escribir, borrar, mirar, pensar, encender un cigarro mientras miras la pantalla como si de ella fuese a salir todo lo que escribir.
Encender mil cigarros. Buscar recuerdos en los cajones,  buscar recuerdos en los libros.
 Buscar personas en los recuerdos. Olvidar recuerdos de las personas.
 Mirar fotos y ordenar los libros por colores. Desordenar los libros en orden alfabético.
Prepararme un café y tirar la mitad en el pijama. Asomarme a la ventana y mirar al cielo mientras me fumo el cigarro mil uno.
Salir a la calle y comprar tabaco en una maquina que se queda mis 5 céntimos de cambio. Pasear por la ciudad y encontrar a 40 personas con la misma sonrisa de mala leche.
Beberme una cerveza en el bar de la esquina. Beberme mil cervezas en el bar del centro. Beberme la vida en el lavabo de señoras y fumar un poco de droga blanda mientras un tipo con rastas me pasa algo con lo que viajar.
Buscar a mis musas en un ácido bajo la lengua y encontrar a tres tíos italianos con un acento extraño y un olor a mierda.
Alucinar viendo a alguien que se parece a alguien que a le vez le recordé a alguien. Bailar algo de salsa como si fuese rock y bailar rock como si me fuese la vida.
Despertar en una habitación azul con humedad en el techo y mucha mierda en la ducha. Cepillarme los dientes con los dedos. Cepillarme a la rubia con la lengua. Cepillarme a una conocida con la mente.
Salir a la calle y sentir olor a mozzarella y pecados. Comer una piadina escuchando a una argentina decir que en Buenos Aires están más buenas. Ver a una catalana que está más buena que la argentina.
Reír con la sonrisa triste de un payaso con manchas en la ropa y un cartel de “en paro”. Ofrecerle un cigarro y compartir un segundo de felicidad junto a la entrada del metro de Liceu.
Escuchar Jason Mraz y pensar que los pasajeros del metro cantan al unísono cada una de las canciones.
Mirar a una tía fijamente a los ojos y sentir que siente que soy un pervertido. Disimular mis intenciones y mis deseos.
Abrir la puerta y dormir 15 horas seguida. Despertar con dolor de cabeza y espalda.
Escribir, escribir y publicar.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Cómo me convertí en un capullo de pueblo


He ido leyendo las viñetas de Raquel Córcoles (Moderna de pueblo) y cuál ha sido mi sorpresa cuando me he enterado que va a sacar un comic hablando de lo capullos que somos los tíos (que lo somos…algunos…en algún momento…no siempre…ni con todas).
Seguramente me lo compraré y me lo leeré porque es muy divertida, pero os tenía que contar mi aventura con una “moderna de pueblo”. Porque a veces está justificado que uno se comporte como un capullo.
(Los hechos están dramatizados y exagerados, algunas cosas me las voy a inventar. Si alguna se da por aludida, no eras tú…de verdad).
Llevaba tiempo que seguía por twitter a una chica que era la más moderna del mundo. Estaba siempre en fiestas increíbles, vacaciones a las ciudades más alucinantes, en los mejores eventos de la ciudad.
 Como yo soy bastante de pueblo, comencé a “flirtear” con ella y conseguí quedar un día para tomar un café.
Fue en un Starbucks, por supuesto.
-Hola, un café.
Tras la mirada  del camarero descubrí que en Starbucks no puedes pedir un café. Tienes que pedir un café con leche que lo llaman de forma rara, te cobran 5€ y te lo ponen un vaso de cartón. Eso sí, con tu nombre a rotulador.
-¿Me pones un vaso vacío? Si total, es para la foto del twitter.
Ella buscó la zona del bar que mejor luz le daba, se colocó el pelo (en el momento se llevaba flequillo recto) y sacó su iphone.
Sin exagerar, no pasaron ni cinco minutos y el dichoso bicho empezó a sonar. Ella cogió su “teláifono” (lo llamaba así. En serio) y contestaba con sonrisitas a lo que fuese que estaba al otro lado del “puto móvil” (yo lo llamo así).
-Ay, perdona. Habla, habla, que te escucho. Es que tengo que contestar esto.
 -¿Sabes que las recepciones del embajador son famosas por su buen gusto a la hora de escoger sus bombones?
-Aha.-Seguía mirando al móvil.
-Mister Propper era antes, ahora se llama Don Limpio.
-Aha.- Seguía mirando al móvil.
-Si vienes antes del 30 de septiembre, el IVA gratis.
-Aha. Sí, el IVA gratis. – A veces repetía la última frase para dar sensación de estar escuchando.

Yo decía chorradas sin sentido para ver si escuchaba de verdad y descubrí que no…que no escuchaba.
Dejó el móvil y comenzó a hablar…Maldita la hora. Aquello no era hablar, era una lectura rápida del quijote en castellano antiguo.
Estaba esperando que en algún momento parase a coger aire para poder decir algo pero, por lo visto, había aprendido una técnica de esas que coges el aire al mismo tiempo que lo sueltas.
Me estaban entrando sudores, taquicardias, nauseas, mareos. Estoy seguro que si me hubiese desmayado, ella seguiría hablando o habría empezado a chatear con el móvil otra vez.
Después, empezó a hablar de su ex. Tengo una teoría con el tema ex, la llamo “teoría de Satán”.
¿Sabéis esa historia que dicen que si dices 3 veces Satán mirando a la Luna llena se te aparece?
Pues las tías se la creen con sus ex. Si los nombran tres veces en la misma cita es porque quieren que vuelva. Yo a la tercera vez que oigo “mi ex” si no veo una opción clara de sexo, me largo.

-Bueno, pues ha sido un placer conocerte. Ya quedaremos otro día. (¡Mentira! No quiero volver a verte en la vida).
-Ay, pero no te vayas todavía. Han abierto una galería en el centro y hacen una exposición de un amigo.

Cuando llevaba media hora viendo cómo ella jugaba con su pelo y hablaba con un tío que parecía sacado de un catálogo de Mango, me largué sin decir nada.
Al llegar a casa tenía como 10 mensajes (DM de twitter que no había whatsapp).
Decía que estaba nerviosa, que le daba vergüenza, que estaba cansada del trabajo…(ponga aquí su excusa favorita).
De forma increíble pero cierta, ella quería volver a quedar y quedamos.
Ese día sí que se comportó bien y lo pasamos genial y tuvimos sexo y… al día siguiente empezó con el “no sé lo que quiero”, “es que acabo de salir del psiquiátrico”, (aquí excusa favorita otra vez).
Pensé: Ya está, puerta. Una loca menos.
Pero qué iluso era yo. Ella sí que sabía lo que quería, ¡¡¡volverme loco!!!
Estuve un par de meses aguantando lo que llamo una “relación canina”. Te trata como a un perro…ahora te acaricio la panza y ahora tráeme el palito. Ahora sit, ahora dame la patita.

Así que un día fui valiente y decidí enfrentarme a ella. Decirle cómo me hacía sentir, lo mal que me trataba y que lo nuestro se acababa…Y le di a enviar email.
Y así me convertí en un capullo que podría aparecer en el libro de “Moderna de pueblo”. Ella tiene su versión en la que soy Satán. Pero como en todo, está su versión y la real.

martes, 6 de noviembre de 2012

Un día de estos, cuando tenga tiempo


El café desprende su olor a despertar, el sol está saliendo y baña de dorado toda la ciudad. La lluvia golpea el cristal y recuerdo aquel día que no dejó de llover y no dejamos de reír.
Y ahí estás de nuevo, en una mañana preciosa, a las siete. Volviendo a retorcer las neuronas y apagando el sabor del café.
Corrí tanto como pude buscando otras pieles igual a la tuya. Encontré alguna mucho más suave y con lunares mejor colocados. Pero siempre apareces en los momentos en los que me olvido de olvidarte.
Un día de estos que tenga tiempo, voy a dedicar todo el día a olvidarte. A borrar cada suspiro que salió de ti, cada sonrisa y cada brillo en tus ojos.
Después de ese día todo será más difícil, cuando se acabe la magia y no pueda compararte con nadie. Cuando ya no pueda pensar “qué más da si nadie la iguala”.
Hubo algún año que en cada segundo había una décima para ti. Después tenías que compartir segundos con otros ojos más bonitos que los tuyos. Incluso hubo sonrisas que te arrebataron días y suspiros.
Pero a tu holograma le queda poco tiempo porque un día de estos lo voy a dedicar entero, única y exclusivamente a olvidarte.
¿Qué harás por las noches en las que no te sueñe? ¿A dónde irás en los días de lluvia? ¿A la cabeza de quién le cantarás por las mañanas? ¿A quién dedicarás tu último bis?

jueves, 1 de noviembre de 2012

Esos tíos no existen...o no follan


-¡Siento llegar tarde Bro!
Me mira con una sonrisa mientras alarga su mano para que la estreche.
-¿Bro? ¿Qué somos americanos? ¿Tengo que empezar a hablar en alguna fucking jerga? Sienta tu puto culo blanco en esa silla, man. Llegas dos putos meses tarde, cabronazo. ¿Dónde te has metido?
-Lo sé, lo sé. Soy un desastre. He tenido un verano algo movido…
Me mira y sonríe al mismo tiempo que le da un trago a su Moritz.
-Eres un caso. Vamos a hablar de una nueva ¿verdad? ¿En cuál nos quedamos? A ver… 1,2,3… ¿Tenemos una 7AM?
-Sí, digo…no. O sea que sí, pero que no quiero que llames a mis relaciones por números y menos que uses el “After M.”.
-Después de ella fue una nueva era para ti.
Me guiña un ojo y levanta su cerveza con la intención de brindar.
-No pienso brindar eso. Son personas importantes en mi vida. No son números ni eras ni ninguna chorrada de esas.
-Cálmate, ¿Qué le pasaba a esta? ¿Se había escapado de un psiquiátrico? ¿Había matado a sus padres? – Pone cara de sorpresa – Ya sé, se comió a su perro.
-No, nada. Una chica normal.
-No te creo. Eso es que no te ha dado tiempo a destapar su yo interno.
-No sé, no quiero hablar de ella.
-Guau, ésta a destronado a 3AM. ¿Le has contado a 3AM que hay nueva reina?
-Sí, digo…no. No hay ninguna reina y en el caso que la hubiera, no podrían destronar a 3AM como la llamas.
 -¿Sabes algo de ella?
-Lo de siempre. Aparece en medio de la noche. Me envía un whatsapp y desaparece. El otro día me dijo que me leyera un libro. Otro día que tenía que ver una película.
-¿De qué van?
-Sobre sentimientos y esas cosas. Ya sabes, cosas de esas ñoñas que me gustan a mí.
-Ese es tu problema. Te conviertes en el amigo gay. Sentimientos, colores de pelo, uñas. Conoces más diseñadores de moda que el puto Versace. Ninguna tía quiere salir con un Boris.
-Versace está muerto, no soy afeminado y esa camisa que llevas ¿En qué coño estabas pensando cuando la compraste, tío?-Nos reímos- No, en serio. Te entiendo, pero no puedo ser algo que no soy. Es cierto que no soy el típico tío que le agarra el culo por la calle o que se corre mirando un coche deportivo. También sé que cuando estoy con una tía pierdo el norte y solamente puedo mirarla a ella y no miro a otras.
No me importa ser el amigo gay de mis amigas. Incluso me la suda bastante ser el novio gay, siempre que follemos, claro. Lo que no soporto es ser el ex gay.
-Corta de raíz. Si una tía te pone, solamente hay una forma de decírselo y no es aconsejándole que se compre un abrigo color morango o alguno de esos colores que os inventáis.
Porque después pillas el rol de tío sensible que sabe de todo eso y esos tíos no existen… o no follan.

viernes, 19 de octubre de 2012

Alondra Bentley: Garden Room


Corría noviembre de 2009 cuando por primera vez escuché “dot,dot,dot” de Alondra Bentley.
Me gustaría decir que en aquel primer álbum su música era como un bebe recién nacido y buscando madurar.
Realmente, su “Ashfield Avenue” ya era una obra maestra que recorría su tierna infancia por su calle natal con homólogo nombre que su álbum.
Eran canciones de esas que los nóbeles autores van creando de recuerdos. Ahora, con todos esos monstruos  (como les llama Anni B. Sweet) desterrados y atados, ha decidido homenajear a los suyos creando estas 10 joyas en forma de canción.
Ya declaré abiertamente mi amor incondicional por la música de Alondra en diciembre del 2009 y ahora renuevo mis votos por esta gran cantante y autora.
Quizá no la veamos en programas de televisión en prime time o la inviten a participar en festivales multitudinarios (ojalá que sí), pero su música irá entrando en la banda sonora de nuestras vidas y de nuestras salas de cine (“Buscando a Eimish”).
Le deseo la mejor de las suertes a Alondra y le felicito por su “Garden Room” que es una caricia para los sentidos.



viernes, 12 de octubre de 2012

El espejo


Recuerdo cuando apareció con una guitarra valenciana. La afinó mordiéndose el labio.

-Ahora ya la tienes afinada, es tuya.
-Pero si esta guitarra es medio muda. No se escucha.
-Te he oído tocar mi guitarra y creo que es lo mejor para la humanidad.

Así es ella, o era cuando la conocí. Siempre pensaba en la humanidad. Pero no como esos que se ponen en contra de todo y luchan contra muros.
Ella lo hace diferente. Es como el flautista de Hamelin. Te hace sentir que debes seguirla hasta el infinito y creer en lo que ella cree.
Dice una sentencia y te sonríe, arrastra sus eses, dice palabras como “maravillossoss”, “preciossoss”. Podría venderte todo el humo que sale de mis cigarrillos y se lo comprarías a precio de oro.
Mordisquea la menta del mojito y parece que le saque un elixir capaz de acabar con todo el sufrimiento.
Me enseñó a dejar de contar compases, a no dividirlo todo en 4 tiempos, a sentir cada sonido por separado y dejar que la música recorra todo mi cuerpo y tocar mi piel para sentir cada nota en la yema de mis dedos saliendo por mis poros.

-Algo te ha dormido los sentidos.- Decía cada vez que a ella le brillaban los ojos y la miraba con cara de sorpresa.

Después, los sentidos se iban despertando cada vez que ella se emocionaba y brillaba su sonrisa.
No me emocionaba con casi nada, excepto con su emoción. Como delante de un espejo que copia tus movimientos.

Eran emociones de segunda mano. Pero el cosquilleo por la espalda era el mismo.

Hay días que, al llegar a casa, me desnudo y pongo algo que me haga vibrar. La última vez fueron “The XX”.
Con la luz apagada Oliver comenzó a cantar “Reunion” y su voz jugaba por dentro de mi cabeza. Después Romy decidía darle brillo y punzar un poco mis neuronas.
Bailando con los beats de Jamie la música, the xx y yo estábamos en Reunion…en communion.

Sin un espejo al que copiar, sin tener que vibrar con las emociones de otra persona. Sensaciones genuinas. Ella me enseñó a sentirlo solo.
Es por eso por lo que hay personas que son inolvidables. Porque te cambian la vida sin que te des cuenta o hasta que un día te emocionas con The XX y ves que alguien se está reflejando en tu emoción…

viernes, 5 de octubre de 2012

Zahara: más que una chica mona que canta.


Todo empezó como una especie de flirteo en twitter. Algo así como:

Budweiser: Cómo no tenemos a Zahara en nuestro cartel?
Zahara: Eso me pregunto yo…

Estaba claro que, o era marketing del bueno y directo o estaban flirteando de la manera más directa (musicalmente hablando).

En unos días se confirmó el romance entre ellos y se citaron el 4 de Octubre en la sala Music Hall de Barcelona.
Viví  los primeros pasitos de Zahara en alguna sala de Barcelona antes de la salida de su “Fabulosa historia” y después, he ido a casi todos los conciertos que ha ofrecido en la ciudad condal.
El primer CD, el cual era inocente y casi naif, nos llevaba a esa parte más ñoña que tenemos dentro. En ese paseo entre “chicos fabulosos”, “chicas pop” y “merecidas” consecuencias por tontuna, ya vislumbrábamos una Zahara con tendencia a arañar por dentro sacando un poco de sangre. 
Lo demostraba “en la habitación”, “photofinish” y alguna que otra perla que todavía arrastra del primer CD.
Este segundo CD (mepetreses o lo que le queráis llamar) ha sido una liberación para ella y su música.
En las grabaciones de estudio ya se nota más intención musical, más desgarro emocional e incluso más cuidado en las letras y formas.
En el directo el sonido es mucho más contundente y, supongo que para quitar tensión al escenario, ha suavizado alguno de los temas más duros.
Por otro lado, ha endurecido u oscurecido algunos otros que crean la atmosfera necesaria capaz de transmitir la fuerza del tema (por ejemplo en Camino a L.A.).
En el escenario a Zahara nunca le ha faltado su simpatía (ni en sus momentos difíciles) y esa simpatía la sigue manteniendo y controlando. La ofrece en las dosis justas y necesarias.
“En la habitación” continúa siendo mi tema favorito, pero en este album el sonido y letra de “camino a L.A.” me ha sorprendido gratamente. En directo es el mejor tema de todo el repertorio, llegando a ser hipnótico.
Felicidades Zeta!




jueves, 4 de octubre de 2012

Quiero esa


Tenía que elegir una mata de olivo de entre las muchas que salían entre la pinaza y las hojas secas del suelo.
Me recomendaban algunas que tenían muchas hojas, un tronco fuerte o que sobresalía de entre todas. A mí me gustó una mata que estaba tapada entre la maleza, con el tronco torcido y cuatro hojas medio quemadas.
La pusimos en una maceta y comenzamos a buscar en otro rincón una mata de aloe vera. Al igual que con el olivo, preferí una mata que tenía una de sus hojas chafada a la mitad y con motas de color marrón.
Al llegar a casa las coloqué junto a la ventana, en el suelo. Sentía que necesitaba una planta más para darle algo de vida al piso y en un supermercado vimos una oferta de plantas baratas.
Eran todas iguales con unas flores pequeñas blancas.
A mí me gustó una que estaba al final de la estantería, sin flores  y con las hojas encogidas.
Ella me miraba y sonreía mientras yo miraba la planta con cariño y algo de pena, por qué no decirlo.
Al principio era duro controlar el cuidado de las plantas. A veces me pasaba regándolas, otras estaban demasiado secas. Se les caían las hojas, les faltaba luz, les sobraba sol, no les daba el aire, había demasiado aire.
Tuve que ir aprendiendo poco a poco en qué momento necesitaban cada cosa y en qué cantidad.
Un amigo me regaló una planta preciosa, unas hojas fuertes, una flor estupenda, daba igual regarla mucho o poco, la luz o la sombra.
Me encantaba mirar la planta y lo fácil que era tenerla allí y lo mucho que iluminaba la sala.
Una mañana y sin previo aviso, la planta apareció con todas las hojas marchitas, las raíces secas y la flor de color marrón.
No sabía qué había pasado en sólo una noche. Fui a preguntar a un profesional.
Por lo visto lo había hecho todo mal. Todas las señales que sabía captar con las otras plantas después de mucho luchar por salvarlas no sabía verlas en esta que parecía estar siempre bien.
Y ahí sigo con mis tres plantas, dándoles justamente lo que necesitan.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Volar en círculos

Las golondrinas giran en círculo y mirábamos al cielo siguiendo sus vuelos como esos padres que se quedan mirando a sus hijos a los pies del tiovivo.

No necesitaba hablar y ella tampoco tenía necesidad de decir nada. Por lo menos, es lo que parecía.
Habían momentos en los que no parábamos de hablar de cualquier tontería; de los compañeros del trabajo, de la ropa que llevaba la gente...
Otras veces, como hoy, simplemente nos saludábamos y nos quedábamos en silencio, sabiendo que el otro está ahí y que si tuviera algo importante que decir, solamente tenía que abrir la boca y decirlo.

-¿Por qué vuelan en circulos? - Me dijo sin dejar de mirar al cielo.
-A lo mejor esperan a alguien que siempre llega tarde.- Le dije dándole un codazo.
-No vas a estar toda la tarde echándome en cara que he llegado tarde, ¿verdad?

Sonrío, quizás de forma un poco exagerada, pero ella lo ha entendido. Me pongo serio por un momento y seguimos en silencio unos segundos.

-Supongo que por inercia. La primera empezó a girar y el resto van detrás de ella. - Le digo sin saber muy bien lo que quiero decir.


Me mira fijamente y me da un abrazo.


-A lo mejor hay unas cuantas a las que les encantaría volar en linea recta o en la otra dirección. Pero se dejan llevar y así les resulta más fácil.

Entonces se levanta y se pone las manos al rededor de la boca como haciendo forma de megáfono.

-¡Vosotras! ¡Volad a donde queráis! ¡No tenéis que seguir a la primera!

Comienzo a carcajearme y me tumbo en el cesped mirando como ella coge piedras y se las lanza para dispersar el círculo de golondrinas. Vuelan a mucha más altura que lo que la fuerza de su brazo puede alcanzar.

-¡Déjalo Coral! No tienen pinta de querer cambiar.

se tumba a mi lado respirando de forma nerviosa y con una sonrisa en la cara.

-Tenía que intentarlo. Como lo intento contigo cada vez que comienzas a volar en círculos.

Nos volvemos a quedar en silencio.

-Que vuelen en círculo no es un problema. El problema sería que volaran sin saber a quien seguir o a donde ir.
A mí me gusta volar en círculos y que estés ahí para recordarme que lo estoy haciendo.
-A ti lo que te gusta es seguir a la primera. Deberías probar un día ponerte delante y que te sigan.
-No sabría qué hacer con ese poder.
-¿Y esa lo sabe? ¡Están volando en círculos! Le siguen y no parece importarles. Aunque les grite o les tire piedras, ellas siguen a la primera sin preguntarse si tiene sentido hacerlo.
Debes dejar que te sigan. Pillar las riendas por una vez y si quieres volar en círculos, pues vuelas. Si quieres ir recto, pues vas.
-¿Y si no me siguen?
-¿Crees que a la primera le importa que le sigan? Ella tiene su vuelo, su camino, sabe cuando debe cambiar de ritmo. Sabe cuando quiere parar de volar, cuando tiene sed.
No le importa lo que el resto piense. Ella es la dueña de sus decisiones y es por eso por lo que el resto le siguen. Porque ella es la única capaz de asumir esa responsabilidad.
-Bien, pues vamos a hacer una cerveza. Venga, sígueme.
-Buen intento, pero me quiero quedar un rato.
Me levanto y comienzo a subir por Passeig Lluis Companys.
Al poco noto que está a mi altura.
-Me has dejado allí sola.
-Nadie te obliga a volar en círculos.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Maïa Vidal sería lo ideal


Alguien tocaba una versión infumable de “Follow me” de Maïa Vidal mientras en mi cabeza daba vueltas el tacto de la piel de Denise.
Sin poder evitar sentir en mis dedos aquella sensación de cosquilleo que corría por todo mi cuerpo cada vez que mordía sus labios o que sus ojos se entrecerraban y sonrían como si solamente existiese yo en el mundo.
Había otros ratos en los que Denise se perdía imaginando los abdominales perfectos de algún frustrado aspirante a modelo que pasaba por la calle. Con ese paso decidido que tienen los machos Alfa.
Mi paso pausado y mi forma de mirar al suelo, siempre demostraron que, en el caso de que yo fuese un lobo, nunca tendría un papel  importante en el desarrollo de la manada y es por eso por lo que nunca he tenido una mención en ninguna de las miradas que dedican las mujeres.
Salvo excepciones, y días muy soleados, que el pequeño gen Beta decidía sacar su carácter y miraba desafiante a alguna fémina deseosa de tener contacto visual y evitar mirar al macho beta sentado a su lado.
La versión era tan mala que las copas se acabaron rápidamente y los clientes decidían salir huyendo del local, antes de que aquella absurda voz de pito se colase en sus cerebros y no pudiesen volver a escuchar la canción sin evocar esta versión.
Alguien unas mesas a la derecha hablaba de la belleza de un punto blanco en una hoja negra.
No te puedes fiar de algo que te dice un hombre en la primera cita.
Una sentencia que, a priori parece interesante, si la analizas después de intercambiar fluidos corporales se convierte en una frase vacía y sin sentido alguno.
Al igual que no te puedes fiar de las caricias y las miradas de la primera noche. Cuando intentas hacer todo aquello que hacía subir al cielo a alguien que solía estar en tu cama.

Lo ideal sería empezar de cero cada vez que alguien llama a la puerta y decide dejarte la ducha llena de pelos y notas en la caja de galletas.

Lo ideal sería no culpar al futuro de los errores del pasado y lo ideal sería que las puertas se cerraran por los dos lados.

Lo ideal sería que Maïa Vidal estuviera aquí con su armoniosa voz y no esta especie de gallina.

Lo ideal solamente pasa una vez cada mil años y, si tienes suerte, ese día tu gen Beta estará de mal humor. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

El viaje 2.1 - Un tren llamado "te deseo"


Acabo la canción y Denise duerme o se hace la dormida. Decido no comprobar cuál de las dos posibilidades es la correcta.
 El móvil le ha sonado cuatro veces y sus párpados no pueden evitar estremecerse con cada una de las vibraciones.
No puede despertarse de pronto, contestar y volver a dormirse sin que acabemos la charla, y yo no tengo ganas de que la acabe.
Ella necesita alguien que haga que sus enredaderas aflojen presión y yo alguien que esté a mi lado hasta que descubra en cuál de las respuestas que di aquella noche me equivoqué y me llevó a perder el conocimiento de tal forma que desperté a sus pies.
El caso es que algunas de las espinas que lleva tatuadas por su espalda ya han hecho herida en mí.
Enciendo uno de sus Lucky Strike y me siento frente a la cama a obsérvala. Creo que sabe que la miro atentamente y que disfruto de la visión de cada centímetro de su piel.

-Creo que no me puedes ayudar y tampoco puedo ayudarte yo.

Me pongo su camiseta de los Ramones y salgo a la calle.

La calle está tan callada que solamente suena el girar de mi mente repasando cada uno de los segundos desde que perdí el conocimiento hasta este preciso momento.
En algún punto alejado suena la emisora de un taxista buscando una calle o alguna disputa entre los clientes ebrios de un bar.

-Es hora de volver a casa, de recuperar tu vida. Aquí ya no pintas nada. – Me digo mientras saco un billete de vuelta a Barcelona.

La estación de Atocha está llena de gente extraña. Hay vagabundos que aprovechan el aire acondicionado para dormir frescos, viajeros nerviosos esperando empezar sus vacaciones y después está la gente como yo. Mirando al infinito, sumidos en sus pensamientos y dudando cada segundo que pasa de si han escogido una vez más el camino equivocado.

Al subir al tren se puede diferenciar claramente qué tipo de viaje queremos hacer cada uno. Por suerte, a mi lado viaja una chica de unos 25 años que parece haber sufrido una pérdida. No quiero preguntar si es el fallecimiento de un familiar o si se trata  simplemente de un desengaño amoroso.

-Lo peor de estos viajes son el principio, cuando quieres que pasen rápido los pueblos y llegar al destino. Poco a poco, cuando llevemos unos kilómetros recorridos, ya casi no recordarás la salida y la ansiedad por llegar será menos.-Me dice apartándose su melena rubia y mirándome fijamente a los ojos.
-No tengo prisa por llegar. Tengo prisa por dejar atrás esta ciudad que te consume cada segundo.
-Si te vas a alejar de esta ciudad deberías tener ganas por llegar a otra.
-A veces, las ciudades marcan. Tienes que irte porque te consumen o porque te deportan. Sea cual sea el motivo, a veces tienes que dejar una ciudad y no querer llegar a ninguna otra.
Me mira de reojo y sonríe.
-Yo a ti te conozco. Estabas en la fiesta de Marc. Te pillaste un gran pedo y te fuiste con el alemán aquel tan grande.

De repente y como si hubiesen abierto la compuerta de una presa, me llegan mil millones de flashes de aquella noche. Todavía nada con sentido. Puedo recordar el olor de aquel piso, las colillas pisoteadas por los suelos, la fregadera hasta arriba de vasos con moho y la cara del alemán.
-No recuerdo nada de aquella noche.
-Dejaste sin blanca a Toni y te acusó de contar las cartas. El alemán le tiró una botella de Jack Daniels vacía a Toni y le abrió una herida considerable. Creo que 10 puntos y una semana en observación. 

Asiento con la cabeza y el tren arranca. Va cambiando el paisaje y, tal como dijo la chica, al principio parece que no avances lo suficientemente rápido, pero en un momento me veo en medio de una conversación en la que analizamos a los pasajeros del tren.

-Si se pudiera fumar aquí sería la leche. – Le digo con un poco de ansiedad pensando que no podré fumar en las 4 horas que quedan de tren.
-Sé un sitio en el que podemos fumar.
Se levanta sin pensárselo dos veces y me lleva hasta el vagón pasado el bar.
-Debe estar por aquí- Dice con una sonrisa maliciosa.
 De una especie de cajón saca una de esas llaves que abre las puertas de los trenes.
-Al subir vi que el revisor la dejaba aquí. En el cuarto donde guardan las cosas de la limpieza no nos encontrará nadie.

Entramos en el cuarto y ella se sienta en una caja quedando sus piernas a la altura de mi cadera. Tiene unas piernas preciosas y una minifalda muy corta.
Nos fumamos el cigarro mientras me cuenta algo sobre un viaje que hizo a París y no puedo evitar la necesidad de acariciar esos muslos que cuando ella ríe rozan mi cuerpo suavemente.
Tiene un lunar en el cuello que me encantaría probar su sabor.
Paso mis manos por sus muslos y ella me coge la cabeza con las dos manos acariciando mi nuca. Muerdo con mis labios su cuello y ella respira profundamente.
Nos rozamos desnudos sintiendo que nuestros sexos se buscan.
Se baja de la caja dándome la espalda, cojo sus pechos por detrás y entro en ella sintiendo como vibra todo su interior. Sus pechos son blancos y sus pezones tienen una forma perfecta.
Doy pequeños mordiscos mientras ella pone los ojos en blanco sin poder evitar soltar algún grito.
Nos abrazamos fuerte y su cuerpo empieza a temblar con tanta fuerza que parece que se vaya a desmayar.
Respira tranquila y me da un beso en la mejilla. Tiene toda la cara roja y sus ojos se han vuelto casi felinos.
Después de eso nos pasamos el resto del camino en el bar y mirándonos con esa complicidad que da el sexo.
Al llegar a Barcelona siento que hayan pasado mil años desde que me fui y las calles ya no suenan a magia ni las luces de las farolas tienen un color especial al sonar Nieve de The Kooks.
Pero seguro que esta ciudad tiene guardado mi secreto en alguna de las esquinas y que un día al girar una calle aparecerá ahí delante de mí, por sorpresa y  sin poder escapar a ella.
Siempre fue así y así me gustaría que siguiese.


domingo, 23 de septiembre de 2012

El viaje – 5 Todo se complica

julio 15, 2011
La habitación olía a todos esos olores que una pareja deja en el ambiente cuando se mezclan tabaco, sudor, pasión y llanto. La habitación olía a miedo y fantasmas. El aire era casi irrespirable y al mirar por la ventana se veía la inmensidad del cielo de Madrid, era como si las paredes estuvieran encogiéndose y el mundo nos dijera que saliéramos corriendo de allí antes que los fantasmas dañaran algunos de nuestros órganos vitales.

Decidimos salir a la calle y caminábamos uno junto al otro en silencio, intentando evitar mirarnos a los ojos y arrepintiéndonos de haber puesto todos nuestros ases en la mesa. Con miedo que nuestra jugada fuese una mierda y que, al igual que pasa en el póker, piensas que tienes una jugada ganadora, pero siempre hay alguien que tiene cartas mejores o se lanza un farol y te arrebata el premio.

Disimuladamente miraba su expresión dura y fría, aquella expresión que hacía media hora era de miedo. Andaba con paso decidido, casi militar. Noté una sonrisa en mi rostro y sensación de alegría que hacía meses que no sentía. Noté mis ojos embobados observando la piel blanca de su cara y el rojo de sus labios carnosos. Entonces, en el semáforo ella se paró y se dio cuenta que la observaba, aparté la mirada y me besó la mejilla y pasó su brazo por mi cintura.
Nos besamos en medio de la calle Goya mientras decenas de peatones pasaban por nuestro lado.

-¿Qué pasa?-Me dijo mirando a los ojos.
-Me da corte besarme en la calle, como soy egocéntrico pienso que todo el mundo nos está mirando. 

Por dentro pensaba que la gente pensaría que cómo un tío como yo podría estar besando a una chica tan bonita como Denise. Sus ojos me miraron buscando la gracia de la broma y, de algún modo, conseguí aguantar cinco segundos su mirada. Me cogió del antebrazo y yo lo tomé como si me cogiera la mano. Para una chica como Denise ir cogida de alguien, aunque sea el antebrazo, es un signo importante.

Sonreí y disimulé el momento. Entramos en un bar con la puerta llena de pegatinas que tenían nombres que supongo que serían de grupos de música raros. Ella se pidió un vodka con limón y yo una cocacola zero.

El camarero, un tipo con una cresta algo despeinada y medio roja, me miró con una cara rara, pero sorprendentemente tenía una lata medio oxidada.

Sonaba “Animales” de Pereza y ella se puso a bailar en medio de lo que parecía una pista de baile. Pronto se le acercó un tipo de metro noventa con rizos, unas botas de cowboy y tejanos de pitillo. A ella no parecía molestarle mucho y me volví al barman.

-Ponme un bourbon sin hielo.- Me echó una sonrisa y me puso un bourbon doble.
-Esta invita la casa campeón. No debe ser fácil estar con una chica como esa bebiendo cocacola zero. 

Levanté el vaso haciendo la señal de salut al barman y le guiñé un ojo intentado parecer duro. Lógicamente, después de beberme la copa de un trago, toda esa dureza se desvaneció cuando no pude evitar soltar una tos y ponerme rojo.

-Buen intento tío. Pero o te das prisa o ese vaquero se tira a tu amiguita en el lavabo. 

Algún tipo de impulso me llevó hasta el lavabo donde me encontré al tipo tirado en el suelo con las manos en los huevos.

-Pensaba que no vendrías nunca.-Me dice mientras me agarra de la camiseta y me mete su lengua, que parecía haber crecido unos diez centímetros.
-Nunca me han gustado este tipo de tíos. Me dan asco. ¿Me oyes cerdo? ¡Me das asco! 

Estoy paralizado y pensando que si el tío se levanta nos va a matar allí mismo, pero se levanta y sale del lavabo gritando insultos a Denise.
Ella se rie a carcajadas mientras aprieta su cuerpo contra el mío.

-¿Estás temblando de miedo o es que te has puesto tan caliente como yo? 

En un arranque de pasión desabrocho los botones de su pantalón y meto mis dedos en sus bragas mientras le muerdo el cuello.
-“Nos quedan dos miradas, hagamos el amor en un instante“. 
-Eso es de otra canción.
-Le digo mientras ella saca mi sexo del pantalón y la penetro. 

Me siento realmente bien, quiero estar tan dentro de ella que no se sepa dónde empieza mi cuerpo y dónde el de ella. Siento sus manos arañarme la espalda y su respiración húmeda y caliente en mi oreja.




-Eres un guarrete, no lo habría imaginado.
-Me dice mientras se seca el sudor de la cara.

En ese momento, mi lado animal se esfumado y vuelvo a ser el animal atrapado y perdido de siempre. Agacho la cabeza mientras me abrocho el pantalón y le beso con pasión nuevamente.

Estamos de camino a su casa y el aire sopla frío. Hay una hurraca en un árbol graznando y las hurracas siempre dan malas noticias.

-Simplemente, deja que acabe y me iré sin despedidas, para siempre. No te molestaré. 

 Al llegar ella está tumbada en la cama siguiendo con su dedo los tatuajes de sus brazos, volviendo a redibujarlos con su imaginación. Encuentro una guitarra acústica de color negro y la cojo. Pruebo un par de acordes y comienzo a cantar.

Estaré bien
aunque olvidarte me cueste la vida,
 y el reloj se nos paró
 justo a la hora de la despedida,
 pero yo estaré bien…

 Al final las cosas van a ser como contaban
 todo empieza, todo sigue 
y todo acaba

viernes, 21 de septiembre de 2012

El viaje-capítulo 4-El secreto de Denise

julio 5, 2011
 Se hizo el silencio y se sentó delante de la ventana, sentada en una silla blanca y con los pies apoyados en el marco.
Las piernas se le veían más largas de lo normal y la enredadera tatuada que subía desde el empeine del pie hasta el final de su muslo parecía cobrar vida con cada movimiento del pie al marcar el ritmo de “Kiss with a fist” de Florence and the Machine.
Daba caladas profundas al cigarro y soltaba el humo poco a poco creando una espesa nube que se iba desvaneciendo. En algunas caladas aspiraba la nube de nuevo por la nariz y la boca antes que la nube se perdiera. Era como si no quisiera que el humo se esfumara.
Miraba fijamente a algún punto al infinito por la ventana, algún punto que desde mi posición no podía ver. Parecía estar repasando algún oscuro pasado o algo que le atormentaba, la sensación era ver a una persona analizando con detalle, segundo a segundo.
 Me quedé callado mirando como su cara se había vuelto inexpresiva, llegué a pensar que el mundo se había parado a mi alrededor, pero su pie seguía marcando cada bombo de la batería.

-Me voy a morir.-Dijo sin girar la cabeza y sin apartar la vista del infinito.
-Todos nos vamos a morir.- Le contesté con una media sonrisa. La intención era desviar el tema, pero no lo conseguí.
-Me quedan seis meses.

Por un momento tuve miedo de que me hubiera pegado algún tipo de enfermedad mortal, aunque habíamos usado un condón, nadie me aseguraba que no tuviera alguna enfermedad que se transmitiera por fluidos corporales.
-¿Hay algo que deba saber o que me pueda preocupar respecto a mi salud?
-No, estoy sana. Se me acaba el plazo.
-No entiendo, ¿estás metida en algún follón con mafiosos o algo? Podrías venir a Barcelona, nadie tiene por qué saber dónde vives.
-Allí también me encontraran.
-¿En qué tipo de mierda andas metida? 
-En una mierda chunga. El problema está por dentro. Cada día intento controlar mis palabras y al final del día acabo odiándome. Hago daño con mis comentarios y lo peor, es que antes de decirlo ya sé que voy a llegar al hueso. Es incontrolable, cuando he dicho o he hecho, lo que sea que mi perturbada mente ha imaginado, me arrepiento, pero el daño ya está hecho y entonces ese daño me vuelve a mí.
-Es difícil controlar a los sentimientos cuando no estás en buen momento, los problemas atormentan. Cada persona tiene una vía de escape, la tuya es escupir tus miserias en los otros y, cuando las has escupido, te das cuenta que son tus miserias y no las de la otra persona.
-Pero acabaré con todo esto. 

Me levanté despacio de la cama y fui caminando despacio, midiendo mis pasos uno a uno como si me acercará a una pantera que está preparada para atacar. Su mano izquierda se agarraba con fuerza a la silla y todo su brazo estaba tenso, rígido.
Al acercarme, noté que estaba apretando los dientes con tanta fuerza que en su cara se marcaban los músculos de su rostro.
Estaba justo detrás de ella, a un paso, y notaba una fuerza extraña que me invitaba a no acercarme a más de esa distancia.
Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, y al bajar la vista para mirar su cara me choqué de frente con su mirada tensa, me desafiaba, me retaba y me advertía.
El corazón se me aceleró y di ese paso hacia la silla sin dejar de mirar sus ojos azules, le acaricié el pelo y me agaché hasta tener mi cabeza a la altura de la silla. Entonces, le besé la mejilla y abracé con la única intención de sacarla de su trance. Fue en ese momento cuando su brazo se quedó flácido, como inerte, y un profundo llanto salió de su garganta.

-Sea lo que sea que anda por ahí dentro, lo encontraré. Seis meses es mucho tiempo.
-Me llamo Denise.




jueves, 20 de septiembre de 2012

El viaje 3 - Empezando a recordar

junio 1, 2011

 Pasaba mi mano entera suavemente por sus muslos y mis dedos parecían tentáculos buscando nuevas zonas de su cuerpo por explorar.

-Tienes una piel muy suave, me la imaginaba rugosa. 
-Eres gracioso, no puedes haberte imaginado el tacto de mi piel si hace unas horas que nos conocemos. 
-Quiero decir una piel con tatuajes, que me la imaginaba rugosa y es suave. Me gusta acariciarte, me relaja. Se ríe a carcajadas y me muerde la espalda, se acerca a mi oído y me susurra. 
-A mí no me relaja nada eso que estás haciendo. 

Creo que sin querer le he echado una mirada lasciva y paso mi lengua por su cuello.
-¿Qué música sonaba en esa fiesta? 

Al principio no sabía de lo que me hablaba, me sentía como si todo mi pasado hubiese desaparecido, solamente existiese ella y las hadas de su piel, las enredaderas con rosas y las violetas.
Pronto recordé que estaba allí misteriosamente, todo había sido raro desde que empezó hasta ese mismo instante. Desde el momento que sin avisar mi cabeza comenzó a calentarse y decidí bajar a comprar tabaco al bar.
Bajando las escaleras ya sabía que aquello no era un buen comienzo de algo, pero ¿quién necesita razón cuando se te cae el techo encima?
Empecé a pensar tonterías y lo mejor para acabar con las tonterías es hacer algo peor.
En el bar me encontré a Marcel con un par de copas de más y me cogió de la muñeca apretando demasiado.
-Compañero, ¿veis lo que habéis conseguido los capitalistas? 
-Me dices compañero y capitalista en la misma frase Marcel. Vete a casa a dormirla hombre. 
-¿A casa? Me van a quitar mi casa compadre. Recuerdo cuando la elegí con mi Sandra, éramos tan jóvenes y con tantas ilusiones y mira el puto sistema dónde nos ha llevado. Ponme otra y ponle lo que quiera a mi camarada que hace tiempo que no nos tomamos nada. 

 Se me rompe el alma, no poder hacer nada y no tener nada para decir ¿Qué le dices a una persona a la que van a echar de su casa?
Le hice una señal al camarero, cogí a Marcel por la cintura y lo acompañé a su casa.

-Acabaremos siendo esclavos camarada, acabaremos siendo esclavos. 
Después de eso no podía subir al piso. Decidí dar un paseo y después…después…

-No recuerdo que hice después.

 Me senté al borde de la cama y me tapé los ojos con las manos.
-¿No recuerdas que hiciste después de qué? 

Entonces le expliqué la historia de Marcel. Mientras le explicaba la historia abrió el cajón y sacó un paquete de Lucky Strike del blando y sin hablar me ofreció uno.

-He dejado de fumar hace unos meses, pero supongo que uno más no me hará daño. 

Me lanzó una sonrisa cómplice y se levantó desnuda completamente en busca de un cenicero.
Desde la cama la observaba y me parecía un sueño estar con amnesia a 600km de casa y estar contándole mi vida a una chica con ese cuerpo tan perfecto desnudo y que había conocido hacía menos de 6 horas.

 Al volver se queda de pie mirándome mientras se me cae la baba al observarla.

-No sé, no recuerdo nada más concreto, solamente flashes de cosas. Sonaba una versión acústica de PJ Harvey, creo que era Water o alguna parecida, con PJ Harvey nunca me aclaro. 
-Bueno, vayamos poco a poco. 
-Me lo dices después de acostarnos a las 3 horas de conocernos. 
-Con lo de tu memoria, con lo demás no vamos a hacer nada al respecto, cuando se acaba la cera, se apaga la vela.