Siempre empiezo
escribiendo sobre nuevos días, nuevos rayos de luz y acabo escribiendo sobre
noches oscuras que devoran la energía.
Que aspiran los
suspiros, que desfiguran las sonrisas, que se alimentan de olvidos, que borran
las miradas, que deshacen las caricias, que se fuman los momentos, que se alimentan
de fantasmas.
Noches que
retuercen los recuerdos, que alimentan los silencios, que refuerzan los miedos.
Noches que
terminan en el momento que vuelve a brillar el día y aparecen nuevos rostros,
nuevas formas de mirarse, nuevas anécdotas que escuchar, nuevas formas de
expresarse.
Nuevos
juegos de azar, de formas de apostar, nuevas formas de temblar, de leer, de
escuchar.
Nuevas
esquinas en las que esconderse, nuevos labios que morderse, nuevos miedos que
se alimentan comiéndose las uñas de las manos.
Nuevos
sabores de whisky, nuevas drogas que probar, nuevas curvas, nuevas cuevas,
nuevos hoyuelos al mentir.
Nuevos
suelos que besar, nuevas luces de ciudades, algo bueno en la radio, algo que te
vibra, algo verde en la cornisa.
Nuevas muescas
al revolver, nuevas despedidas y otro nuevo amanecer, con nubes, con lluvias,
con tormentas.
Son cortas
las entradas porque nunca las consigo enlazar. No consigo que brillen las
noches tanto como el despertar.
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