miércoles, 21 de noviembre de 2012

Alguna noche también podría brillar


Siempre empiezo escribiendo sobre nuevos días, nuevos rayos de luz y acabo escribiendo sobre noches oscuras que devoran la energía.
Que aspiran los suspiros, que desfiguran las sonrisas, que se alimentan de olvidos, que borran las miradas, que deshacen las caricias, que se fuman los momentos, que se alimentan de fantasmas.
Noches que retuercen los recuerdos, que alimentan los silencios, que refuerzan los miedos.
Noches que terminan en el momento que vuelve a brillar el día y aparecen nuevos rostros, nuevas formas de mirarse, nuevas anécdotas que escuchar, nuevas formas de expresarse.
Nuevos juegos de azar, de formas de apostar, nuevas formas de temblar, de leer, de escuchar.
Nuevas esquinas en las que esconderse, nuevos labios que morderse, nuevos miedos que se alimentan comiéndose las uñas de las manos.
Nuevos sabores de whisky, nuevas drogas que probar, nuevas curvas, nuevas cuevas, nuevos hoyuelos al mentir.
Nuevos suelos que besar, nuevas luces de ciudades, algo bueno en la radio, algo que te vibra, algo verde en la cornisa.
Nuevas muescas al revolver, nuevas despedidas y otro nuevo amanecer, con nubes, con lluvias, con tormentas.
Son cortas las entradas porque nunca las consigo enlazar. No consigo que brillen las noches tanto como el despertar.


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