viernes, 21 de septiembre de 2012

El viaje-capítulo 4-El secreto de Denise

julio 5, 2011
 Se hizo el silencio y se sentó delante de la ventana, sentada en una silla blanca y con los pies apoyados en el marco.
Las piernas se le veían más largas de lo normal y la enredadera tatuada que subía desde el empeine del pie hasta el final de su muslo parecía cobrar vida con cada movimiento del pie al marcar el ritmo de “Kiss with a fist” de Florence and the Machine.
Daba caladas profundas al cigarro y soltaba el humo poco a poco creando una espesa nube que se iba desvaneciendo. En algunas caladas aspiraba la nube de nuevo por la nariz y la boca antes que la nube se perdiera. Era como si no quisiera que el humo se esfumara.
Miraba fijamente a algún punto al infinito por la ventana, algún punto que desde mi posición no podía ver. Parecía estar repasando algún oscuro pasado o algo que le atormentaba, la sensación era ver a una persona analizando con detalle, segundo a segundo.
 Me quedé callado mirando como su cara se había vuelto inexpresiva, llegué a pensar que el mundo se había parado a mi alrededor, pero su pie seguía marcando cada bombo de la batería.

-Me voy a morir.-Dijo sin girar la cabeza y sin apartar la vista del infinito.
-Todos nos vamos a morir.- Le contesté con una media sonrisa. La intención era desviar el tema, pero no lo conseguí.
-Me quedan seis meses.

Por un momento tuve miedo de que me hubiera pegado algún tipo de enfermedad mortal, aunque habíamos usado un condón, nadie me aseguraba que no tuviera alguna enfermedad que se transmitiera por fluidos corporales.
-¿Hay algo que deba saber o que me pueda preocupar respecto a mi salud?
-No, estoy sana. Se me acaba el plazo.
-No entiendo, ¿estás metida en algún follón con mafiosos o algo? Podrías venir a Barcelona, nadie tiene por qué saber dónde vives.
-Allí también me encontraran.
-¿En qué tipo de mierda andas metida? 
-En una mierda chunga. El problema está por dentro. Cada día intento controlar mis palabras y al final del día acabo odiándome. Hago daño con mis comentarios y lo peor, es que antes de decirlo ya sé que voy a llegar al hueso. Es incontrolable, cuando he dicho o he hecho, lo que sea que mi perturbada mente ha imaginado, me arrepiento, pero el daño ya está hecho y entonces ese daño me vuelve a mí.
-Es difícil controlar a los sentimientos cuando no estás en buen momento, los problemas atormentan. Cada persona tiene una vía de escape, la tuya es escupir tus miserias en los otros y, cuando las has escupido, te das cuenta que son tus miserias y no las de la otra persona.
-Pero acabaré con todo esto. 

Me levanté despacio de la cama y fui caminando despacio, midiendo mis pasos uno a uno como si me acercará a una pantera que está preparada para atacar. Su mano izquierda se agarraba con fuerza a la silla y todo su brazo estaba tenso, rígido.
Al acercarme, noté que estaba apretando los dientes con tanta fuerza que en su cara se marcaban los músculos de su rostro.
Estaba justo detrás de ella, a un paso, y notaba una fuerza extraña que me invitaba a no acercarme a más de esa distancia.
Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, y al bajar la vista para mirar su cara me choqué de frente con su mirada tensa, me desafiaba, me retaba y me advertía.
El corazón se me aceleró y di ese paso hacia la silla sin dejar de mirar sus ojos azules, le acaricié el pelo y me agaché hasta tener mi cabeza a la altura de la silla. Entonces, le besé la mejilla y abracé con la única intención de sacarla de su trance. Fue en ese momento cuando su brazo se quedó flácido, como inerte, y un profundo llanto salió de su garganta.

-Sea lo que sea que anda por ahí dentro, lo encontraré. Seis meses es mucho tiempo.
-Me llamo Denise.




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