La habitación olía a todos esos olores que una pareja deja en el ambiente cuando se mezclan tabaco, sudor, pasión y llanto. La habitación olía a miedo y fantasmas. El aire era casi irrespirable y al mirar por la ventana se veía la inmensidad del cielo de Madrid, era como si las paredes estuvieran encogiéndose y el mundo nos dijera que saliéramos corriendo de allí antes que los fantasmas dañaran algunos de nuestros órganos vitales.
Decidimos salir a la calle y caminábamos uno junto al otro en silencio, intentando evitar mirarnos a los ojos y arrepintiéndonos de haber puesto todos nuestros ases en la mesa. Con miedo que nuestra jugada fuese una mierda y que, al igual que pasa en el póker, piensas que tienes una jugada ganadora, pero siempre hay alguien que tiene cartas mejores o se lanza un farol y te arrebata el premio.
Disimuladamente miraba su expresión dura y fría, aquella expresión que hacía media hora era de miedo. Andaba con paso decidido, casi militar. Noté una sonrisa en mi rostro y sensación de alegría que hacía meses que no sentía. Noté mis ojos embobados observando la piel blanca de su cara y el rojo de sus labios carnosos. Entonces, en el semáforo ella se paró y se dio cuenta que la observaba, aparté la mirada y me besó la mejilla y pasó su brazo por mi cintura.
Nos besamos en medio de la calle Goya mientras decenas de peatones pasaban por nuestro lado.
-¿Qué pasa?-Me dijo mirando a los ojos.
-Me da corte besarme en la calle, como soy egocéntrico pienso que todo el mundo nos está mirando.
Por dentro pensaba que la gente pensaría que cómo un tío como yo podría estar besando a una chica tan bonita como Denise. Sus ojos me miraron buscando la gracia de la broma y, de algún modo, conseguí aguantar cinco segundos su mirada. Me cogió del antebrazo y yo lo tomé como si me cogiera la mano. Para una chica como Denise ir cogida de alguien, aunque sea el antebrazo, es un signo importante.
Sonreí y disimulé el momento. Entramos en un bar con la puerta llena de pegatinas que tenían nombres que supongo que serían de grupos de música raros. Ella se pidió un vodka con limón y yo una cocacola zero.
El camarero, un tipo con una cresta algo despeinada y medio roja, me miró con una cara rara, pero sorprendentemente tenía una lata medio oxidada.
Sonaba “Animales” de Pereza y ella se puso a bailar en medio de lo que parecía una pista de baile. Pronto se le acercó un tipo de metro noventa con rizos, unas botas de cowboy y tejanos de pitillo. A ella no parecía molestarle mucho y me volví al barman.
-Ponme un bourbon sin hielo.- Me echó una sonrisa y me puso un bourbon doble.
-Esta invita la casa campeón. No debe ser fácil estar con una chica como esa bebiendo cocacola zero.
Levanté el vaso haciendo la señal de salut al barman y le guiñé un ojo intentado parecer duro. Lógicamente, después de beberme la copa de un trago, toda esa dureza se desvaneció cuando no pude evitar soltar una tos y ponerme rojo.
-Buen intento tío. Pero o te das prisa o ese vaquero se tira a tu amiguita en el lavabo.
Algún tipo de impulso me llevó hasta el lavabo donde me encontré al tipo tirado en el suelo con las manos en los huevos.
-Pensaba que no vendrías nunca.-Me dice mientras me agarra de la camiseta y me mete su lengua, que parecía haber crecido unos diez centímetros.
-Nunca me han gustado este tipo de tíos. Me dan asco. ¿Me oyes cerdo? ¡Me das asco!
Estoy paralizado y pensando que si el tío se levanta nos va a matar allí mismo, pero se levanta y sale del lavabo gritando insultos a Denise.
Ella se rie a carcajadas mientras aprieta su cuerpo contra el mío.
-¿Estás temblando de miedo o es que te has puesto tan caliente como yo?
En un arranque de pasión desabrocho los botones de su pantalón y meto mis dedos en sus bragas mientras le muerdo el cuello.
-“Nos quedan dos miradas, hagamos el amor en un instante“.
-Eso es de otra canción.
-Le digo mientras ella saca mi sexo del pantalón y la penetro.
Me siento realmente bien, quiero estar tan dentro de ella que no se sepa dónde empieza mi cuerpo y dónde el de ella. Siento sus manos arañarme la espalda y su respiración húmeda y caliente en mi oreja.
-Eres un guarrete, no lo habría imaginado.
-Me dice mientras se seca el sudor de la cara.
En ese momento, mi lado animal se esfumado y vuelvo a ser el animal atrapado y perdido de siempre. Agacho la cabeza mientras me abrocho el pantalón y le beso con pasión nuevamente.
Estamos de camino a su casa y el aire sopla frío. Hay una hurraca en un árbol graznando y las hurracas siempre dan malas noticias.
-Simplemente, deja que acabe y me iré sin despedidas, para siempre. No te molestaré.
Al llegar ella está tumbada en la cama siguiendo con su dedo los tatuajes de sus brazos, volviendo a redibujarlos con su imaginación. Encuentro una guitarra acústica de color negro y la cojo. Pruebo un par de acordes y comienzo a cantar.
Estaré bien
aunque olvidarte me cueste la vida,
y el reloj se nos paró
justo a la hora de la despedida,
pero yo
estaré bien…
Al final las cosas
van a ser como contaban
todo empieza, todo sigue
y todo acaba

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