Un verano con dos eclipses decían todos y les miraba por
encima del hombro. El verano siempre ha sido mi época favorita, se abre un abanico
de buenos ratos y vida social.
Trotando por las calles y sonriendo al universo con la cara
que tienen los ganadores en el Texas hold’em, pasan los días y crecen amistades
como esas plantas que salen entre los adoquines de los pueblos de la costa
brava.
En la noche las luces parecen pequeñas luciérnagas y al
volante del coche, con el aire acondicionado a 23 grados los corazones laten
una energía que reparte por todo el cuerpo y sientes que se te erizan los mil
millones de bellos y vellos que tenemos por el cuerpo.
Las calles se llenan de guirnaldas y ya no piensas ni en el
dolor de cervicales que aparece cada mañana después de estar sentado frente a
la luminosidad de una ventana electrónica. Ni en dejar de fumar a causa de esa
molesta tos que no te deja hasta que tomas la primera taza de café.
“En tu otra vida debiste ser cubano” me dicen mis conocidos
y les respondo “ya tú sabe mi amol” porque realmente, si mezclas buen clima,
buena música y buena compañía, los astros se alinean y te colocan una alfombra
roja llena de flashes.
Entonces aparecen las primeras tormentas que anuncian que es
hora del letargo del oso y las cosas vuelven a ser como antes de los dos
eclipses.
Es la hora de mirar las burbujas que salen del bote de
fairy, de mirar por la ventana la gente correr por la calle cubriéndose por las
esquinas para no mojarse.
Es el tiempo de los chocolates calientes y tardar 5 minutos
en quitarte las diez capas de ropa que llevas encima antes de saludar a los
conocidos que ya no tienen sus pieles bronceadas y parece que hayamos salido de
un capítulo de “walking dead”.
Es tiempo de canciones de domingo y manta, con o sin
caricias furtivas bajo ellas. Es el tiempo en el que el corazón bombea otro
tipo de energía que no eriza los pelitos de los brazos pero enfría los pies y
te hace moquear dejando una nariz rosadita. Es una energía más sutil pero poco
a poco también va dejando dejando esa sonrisa que te sorprende frente al
espejo.
Es la hora de danzar en el hall canciones de Neil Young, The
Cardigans o esa nueva de Birkii que se ha metido en la cabeza y no puedes dejar de mover las piernas cada vez que suena y gastar esa energía fluorescente que hemos recargado sin darnos cuenta
en alguna terracita cálida.
"It was the Mambo talkin';
ResponderEliminarit's got a lot to say"...
:D
Hola María!!
EliminarMola que seas tú la primera en comentar en este blog!!!
Gracias por la visita.