domingo, 16 de septiembre de 2012

Dancing in the hall


Un verano con dos eclipses decían todos y les miraba por encima del hombro. El verano siempre ha sido mi época favorita, se abre un abanico de buenos ratos y vida social.

Trotando por las calles y sonriendo al universo con la cara que tienen los ganadores en el Texas hold’em, pasan los días y crecen amistades como esas plantas que salen entre los adoquines de los pueblos de la costa brava.

En la noche las luces parecen pequeñas luciérnagas y al volante del coche, con el aire acondicionado a 23 grados los corazones laten una energía que reparte por todo el cuerpo y sientes que se te erizan los mil millones de bellos y vellos que tenemos por el cuerpo.

Las calles se llenan de guirnaldas y ya no piensas ni en el dolor de cervicales que aparece cada mañana después de estar sentado frente a la luminosidad de una ventana electrónica. Ni en dejar de fumar a causa de esa molesta tos que no te deja hasta que tomas la primera taza de café.
“En tu otra vida debiste ser cubano” me dicen mis conocidos y les respondo “ya tú sabe mi amol” porque realmente, si mezclas buen clima, buena música y buena compañía, los astros se alinean y te colocan una alfombra roja llena de flashes.

Entonces aparecen las primeras tormentas que anuncian que es hora del letargo del oso y las cosas vuelven a ser como antes de los dos eclipses.
Es la hora de mirar las burbujas que salen del bote de fairy, de mirar por la ventana la gente correr por la calle cubriéndose por las esquinas para no mojarse.

Es el tiempo de los chocolates calientes y tardar 5 minutos en quitarte las diez capas de ropa que llevas encima antes de saludar a los conocidos que ya no tienen sus pieles bronceadas y parece que hayamos salido de un capítulo de “walking dead”.

Es tiempo de canciones de domingo y manta, con o sin caricias furtivas bajo ellas. Es el tiempo en el que el corazón bombea otro tipo de energía que no eriza los pelitos de los brazos pero enfría los pies y te hace moquear dejando una nariz rosadita. Es una energía más sutil pero poco a poco también va dejando dejando esa sonrisa que te sorprende frente al espejo.

Es la hora de danzar en el hall canciones de Neil Young, The Cardigans o esa nueva de Birkii que se ha metido en la cabeza y no puedes dejar de mover las piernas cada vez que suena y gastar esa energía fluorescente que hemos recargado sin darnos cuenta en alguna terracita cálida.



2 comentarios:

  1. "It was the Mambo talkin';
    it's got a lot to say"...

    :D

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    1. Hola María!!
      Mola que seas tú la primera en comentar en este blog!!!

      Gracias por la visita.

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