Abril 27, 2011
(Es la segunda parte de este otro: el viaje (capítulo 1))
-Me gustaría darme una ducha primero.- Le dije poniendo mi infalible cara de pena.
Ella se quedó parada a 20 pasos de distancia, medio girada sin saber si echar a correr o si invitarme a una ducha.
-Está bien, pero te juro que como destroces algo, te buscaré hasta encontrarte y te mataré.
-Ey, tranquila que solamente quiero una ducha.
Llegamos al piso. Un loft todo pintado de blanco con miles de libros por todas partes y el techo inclinado. Supongo que es una buhardilla convertida en estudio.
Al pasar por la puerta cuelga su chaqueta de cuero en un perchero en el que pone “Home, sweet, home” y se quita las botas Termans para meter sus pequeños pies tatuados en unas zapatillas Hello Kitty.
Se da cuenta que la observo y se enfada.
-¿No has venido a ducharte? Pues venga, que vas a dejar el piso apestado.
-Mírate, por fuera eres la tía más dura de la tierra y por dentro eres una nube de azúcar.
-Vete a la puta mierda o te duchas o te vas a joder a otro sitio.
Es uno de esos pisos antiguos que el calentador solamente ofrece un chorrito de agua caliente y necesitaría una ducha potente, pero se agradece el frescor para la resaca.
Mirando mi cuerpo descubro varios golpes en las costillas y al tocarme veo las estrellas.
Salgo del lavabo con la toalla enrollada a la cintura y ella está sentada en el sofá jugando a algún tipo de consola portátil, levanta la vista.
-¿Sabes lo que creo? Que no deberías volver a tu casa hasta saber el motivo por el qué has aparecido aquí.
-Yo también lo creo, además me han aparecido unos morados en las costillas que no sé quien me los hizo.
-A ver, acércate.
Me acerco y ella pone su dedo índice en el morado.
-Joder, ¿Qué coño te pasa? Eso duele ¿Qué piensas que me los he maquillado en el lavabo?
-Simplemente esta mirando la intensidad del morado.
-¿Qué te crees que eres del CSI o qué? Se mira pero no se toca.
-¿Qué te pensabas que te ibas a duchar gratis en mi casa?
Me lanza una sonrisa pícara y comenzamos a besarnos. Se sienta encima de mis piernas y mis manos se meten por debajo de su rota camiseta de los ramones. Desabrocho el sujetador negro.
Cojo sus pequeños pechos en mis manos mientras le beso una especie de mariposa que tiene tatuada en su cuello.
Se desnuda y su cuerpo está lleno de tatuajes, flores, hadas, duendes, estrellas, plantas…
Hacemos el amor, ese amor que acabará cuando lleguemos al éxtasis y al acabar ella se queda dormida en una enorme cama que tiene en el mismo comedor donde todo comenzó.
Observo sus tatuajes y recorro algunos con los dedos. Se despierta y me mira.
-Me haces cosquillas, capullo.
-Perdona, ¿Qué eres un cuento de hadas andante?
-¿Y tú, un gilipollas?
-¿Siempre contestas con un ataque a todo? Me gusta este. -Le digo señalando una cruz que tiene en el lado derecho.
-¿Trabajas? Porque si trabajas tendrás que decir algo.
-Les diré que he estado estudiando un templo gótico.
Le contesto mientras beso la cruz…
(Continuará…)
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