Última semana del año, empezaba todo bastante diferente a
como acaba. Los años se abren y se cierran como libros antiguos, con ese
misterio de ver las tapas llenas de polvo. Miras la primera hoja con cierta
nostalgia y vas pasando las páginas casi sin darte cuenta. En algunas te
detienes y las disfrutas, otras las pasas sin darte cuenta, llegas al final y
acaricias la contraportada.
Es por eso que la gente sigue prefieriendo los libros de
papel, por el encanto de mirar el tiempo pasado en la estantería. Por eso prefiero
los libros electrónicos, por la
capacidad de no almacenar pasado en las estanterías. Para que nada haga que
cuando suene Angus & Julia Stone me quede en blanco.
Lucy Rose ocupó el hueco de los hermanos Stone en mi estantería
emocional. Es ella la que sonaría en mi isla cálida. Si una noche me sorprendo
conduciendo bajo las luces de la ciudad y suena Lucy, me miran unos ojos
encantadores o me besan unos labios dulces como las cerezas. Si eso pasa,
cambiaré la canción para no dejar que nadie almacene ni un libro en mi
estanteria.
La memoria tiene rincones que no conocemos y aunque borres
todos los libros electrónicos de la base de datos, una voz como la de Lucy
puede hacer descargar tactos, olores, sonrisas, besos, abrazos, incluso algún
adiós.
Sería genial estar en una isla cálida y que sonara “Night
Bus” de Lucy Rose para siempre, sin miedo.
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