lunes, 7 de enero de 2013

Creí poder vivir en el fondo de una piscina


“¡Respirá nene, respirá!” me decía desde el borde de la piscina.
Lo único que quería era perder por un momento todo ese ruido que había siempre alrededor. Ruido de coches, taladros, familiares, niños, de los clientes de los bares, de madres histéricas en la cola del súper.
“¡Respirá nene!” seguía gritando y su voz llegaba ahogada al fondo de las piscina. Quería quedarme allí sentado para siempre, observando cómo la luz jugaba con el agua, en el silencio de la profundidad.
Mi intención no era otra que tener paz en ese momento en el que mi cabeza parecía colapsada. En ese momento en el que nada parecía avanzar hacia ningún sitio.
Sólo quería estar sentado en el fondo y no necesitaba a nadie que me gritara desde el borde que necesitaba respirar.
Pensaba que, quizá en algún momento, se abrirían branquias en mi cuello y podría respirar tranquilamente en el fondo. Alimentarme de las algas que salen en los azulejos de la piscina.
Quizá conocer una sirena y vivir en su reino en las profundidades del mar.
Todo comenzó a volverse borroso, salían burbujas por todas partes como si estuviese en una olla a presión que ha comenzado a hervir.
A las dos horas, el ruido era otra vez intenso. Todo el  mundo corría.
-1001, 1002, 1003, 1004… ventilación… ¿Tenemos pulso?  1001, 1002, 1003, 1004…
-Tenemos pulso-Dijo alguien a mi izquierda.
Después, cantaba la sirena con insistencia.
-¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?-Me decía una voz calmada que me cogía la mano.
Su voz era dulce, casi un susurro. Su mano era suave. Me daba palmaditas en las mejillas.
-Escúchame. Aquí, aquí. ¿Cómo te llamas?
Volvía a escuchar todo el ruido y la gente no paraba de gritar y correr. Todos me hablaban como si me conocieran de años.
-Creo que está en shock.
-No estoy en shock.- Intenté gritar- No estoy en shock. Sólo quería que el mundo se quedara en silencio.

No salía ni una palabra de mi boca y el mundo seguía tan ruidoso como siempre. Máquinas que pitaban, niños que lloraban, pasos con tacones por los pasillos y frío, mucho frío.
Todo volvió a la normalidad y el mundo seguía haciendo ruido. Tanto ruido como siempre, tan intenso como siempre, tan atroz y tan dulce. Tan cuerdo y tan loco. Tan sutil y descarado.

-¿Qué pasó en la piscina?-Me preguntó mirándome a los ojos con incomprensión.
-No lo sé, a veces, uno necesita frenar un poco todo este torbellino de sensaciones. A veces, uno consigue lo que desea y la vida gira tan rápido que no hay forma de frenar.
No encontraba otra forma de conseguir paz por unos minutos y creí poder vivir en el fondo de una piscina. Lejos de todo.

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