“¡Respirá
nene, respirá!” me decía desde el borde de la piscina.
Lo único que
quería era perder por un momento todo ese ruido que había siempre alrededor.
Ruido de coches, taladros, familiares, niños, de los clientes de los bares, de
madres histéricas en la cola del súper.
“¡Respirá
nene!” seguía gritando y su voz llegaba ahogada al fondo de las piscina. Quería
quedarme allí sentado para siempre, observando cómo la luz jugaba con el agua,
en el silencio de la profundidad.
Mi intención
no era otra que tener paz en ese momento en el que mi cabeza parecía
colapsada. En ese momento en el que nada parecía avanzar hacia ningún sitio.
Sólo quería
estar sentado en el fondo y no necesitaba a nadie que me gritara desde el borde
que necesitaba respirar.
Pensaba que,
quizá en algún momento, se abrirían branquias en mi cuello y podría respirar
tranquilamente en el fondo. Alimentarme de las algas que salen en los azulejos
de la piscina.
Quizá
conocer una sirena y vivir en su reino en las profundidades del mar.
Todo comenzó
a volverse borroso, salían burbujas por todas partes como si estuviese en una
olla a presión que ha comenzado a hervir.
A las dos horas, el ruido era otra vez intenso. Todo el mundo corría.
A las dos horas, el ruido era otra vez intenso. Todo el mundo corría.
-1001, 1002,
1003, 1004… ventilación… ¿Tenemos pulso? 1001, 1002, 1003, 1004…
-Tenemos
pulso-Dijo alguien a mi izquierda.
Después,
cantaba la sirena con insistencia.
-¿Cómo te
llamas? ¿Dónde vives?-Me decía una voz calmada que me cogía la mano.
Su voz era
dulce, casi un susurro. Su mano era suave. Me daba palmaditas en las
mejillas.
-Escúchame. Aquí, aquí. ¿Cómo te llamas?
Volvía a
escuchar todo el ruido y la gente no paraba de gritar y correr. Todos me
hablaban como si me conocieran de años.
-Creo que
está en shock.
-No estoy en
shock.- Intenté gritar- No estoy en shock. Sólo quería que el mundo se quedara
en silencio.
No salía ni
una palabra de mi boca y el mundo seguía tan ruidoso como siempre. Máquinas que
pitaban, niños que lloraban, pasos con tacones por los pasillos y frío, mucho
frío.
Todo volvió
a la normalidad y el mundo seguía haciendo ruido. Tanto ruido como siempre, tan
intenso como siempre, tan atroz y tan dulce. Tan cuerdo y tan loco. Tan sutil y
descarado.
-¿Qué pasó
en la piscina?-Me preguntó mirándome a los ojos con incomprensión.
-No lo sé, a
veces, uno necesita frenar un poco todo este torbellino de sensaciones. A
veces, uno consigue lo que desea y la vida gira tan rápido que no hay forma de
frenar.
No
encontraba otra forma de conseguir paz por unos minutos y creí poder vivir en
el fondo de una piscina. Lejos de todo.
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