sábado, 15 de diciembre de 2012

Es imposible actuar en la vida real


Todo fue diferente a como lo había planeado tantas veces en mi cabeza. Desde el saludo, que había pensado en un par de besos acompañados de un abrazo, hasta la primera palabra que saliera de mi boca.
Intenté hacer todo eso que me enseñan los sábados en las clases de improvisación; seguridad, confianza e intensidad.
Al final quedó en un “hola” medio apagado, un beso a distancia y una caricia en el hombro.
Nos miramos a los ojos y nos quedamos en silencio durante algo menos de dos segundos que para mí fueron una eternidad.
Con los nervios no me di ni cuenta que al lado había una chica, una chica que además iba conmigo.
Las presenté y se saludaron cordialmente. La chica que iba conmigo se mostraba algo incomoda y es normal que lo estuviese. Desde ese momento, ella desapareció y por una chica que  acaparó toda la atención, a pesar de no medir más de metro sesenta, tener unas claras raíces negras en el pelo, unos labios extremadamente finos, unas marcadas ojeras y olor a alcohol de la noche anterior.
De pronto toda la ciudad empezó a desaparecer; los coches, los semáforos, la gente, los bares, el suelo. Todo había desaparecido delante de mí y se había convertido en un folio blanco en el que solamente estaba la imagen de ella, con esa sonrisa de culpa que siempre parece tener.
Poco importaba la imagen difuminada de la pobre chica que me acompañaba y que hacía esfuerzos por definir su imagen en lo que era nuestro plano especial.
No había nada que pudiera hacerme apartar los ojos de ella, ni cuando estaba callada podía apartar la vista del verde de sus ojos.
La conversación se centró en ella, en todas esas aventuras que siempre parece vivir y que los mortales solamente podemos soñar.
Intentaba parecer tranquilo y cada vez estaba más tenso, más nervioso. He estado tranquilo mientras estaba desnudo delante de decenas de personas, he estado con chicas más guapas que ella, he estado con dos chicas a la vez más guapas que ella. He bailado borracho encima de una barra de bar, he salvado a un gato de un árbol y después me tuvieron que salvar a mí de ese árbol ante la mirada de todos los vecinos. Pero ella me pone muy nervioso.
Puse todos mis conocimientos en lo que a interpretación respecta. Escuchar, responder, proponer y no dejarse llevar por el otro actor. Tomar consciencia de la acción y formar parte de ella.
Tomar parte de la acción es mucho más fácil si estás en un escenario y sabes que es el personaje el que se equivoca y no tú.
Nada resultó ni cuando se fue y seguía embobado observando el contoneo delicioso de sus caderas, contoneo que seguramente lo hacía sabiendo que tenía la boca abierta unos 10 centímetros.
Entonces, el mundo comenzó a dibujarse en ese folio en blanco y la chica que iba conmigo empezó a definirse, a enfocarse.
Por un momento tuve miedo que aquella situación le hubiese molestado y esperaba una reacción de odio o desprecio, pero su reacción fue de miedo y sentí en ella los mismos síntomas que yo mismo había tenido hacía unos segundos.

2 comentarios:

  1. ¡Cómo nos gusta complicarnos la vida y no ver lo que tenemos al lado! Típico de los humanos.

    La escena del gato...priceless!!! ;-)

    Muaa!

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    1. Si todo fuese fácil la vida sería una sucesión de días vacíos.

      Lo del gato es real, pasé mucha vergüenza, tenía unos 10 años.

      Un beso Marta!

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