Todo fue
diferente a como lo había planeado tantas veces en mi cabeza. Desde el saludo,
que había pensado en un par de besos acompañados de un abrazo, hasta la primera
palabra que saliera de mi boca.
Intenté
hacer todo eso que me enseñan los sábados en las clases de improvisación;
seguridad, confianza e intensidad.
Al final
quedó en un “hola” medio apagado, un beso a distancia y una caricia en el hombro.
Nos miramos
a los ojos y nos quedamos en silencio durante algo menos de dos segundos que para
mí fueron una eternidad.
Con los
nervios no me di ni cuenta que al lado había una chica, una chica que además
iba conmigo.
Las presenté
y se saludaron cordialmente. La chica que iba conmigo se mostraba algo incomoda
y es normal que lo estuviese. Desde ese momento, ella desapareció y por una
chica que acaparó toda la atención, a
pesar de no medir más de metro sesenta, tener unas claras raíces negras en el pelo,
unos labios extremadamente finos, unas marcadas ojeras y olor a alcohol de la
noche anterior.
De pronto
toda la ciudad empezó a desaparecer; los coches, los semáforos, la gente, los
bares, el suelo. Todo había desaparecido delante de mí y se había convertido en
un folio blanco en el que solamente estaba la imagen de ella, con esa sonrisa
de culpa que siempre parece tener.
Poco
importaba la imagen difuminada de la pobre chica que me acompañaba y que hacía
esfuerzos por definir su imagen en lo que era nuestro plano especial.
No había
nada que pudiera hacerme apartar los ojos de ella, ni cuando estaba callada
podía apartar la vista del verde de sus ojos.
La conversación
se centró en ella, en todas esas aventuras que siempre parece vivir y que los
mortales solamente podemos soñar.
Intentaba
parecer tranquilo y cada vez estaba más tenso, más nervioso. He estado
tranquilo mientras estaba desnudo delante de decenas de personas, he estado con
chicas más guapas que ella, he estado con dos chicas a la vez más guapas que
ella. He bailado borracho encima de una barra de bar, he salvado a un gato de
un árbol y después me tuvieron que salvar a mí de ese árbol ante la mirada de
todos los vecinos. Pero ella me pone muy nervioso.
Puse todos
mis conocimientos en lo que a interpretación respecta. Escuchar, responder,
proponer y no dejarse llevar por el otro actor. Tomar consciencia de la acción
y formar parte de ella.
Tomar parte
de la acción es mucho más fácil si estás en un escenario y sabes que es el
personaje el que se equivoca y no tú.
Nada resultó
ni cuando se fue y seguía embobado observando el contoneo delicioso de sus
caderas, contoneo que seguramente lo hacía sabiendo que tenía la boca abierta
unos 10 centímetros.
Entonces, el
mundo comenzó a dibujarse en ese folio en blanco y la chica que iba conmigo
empezó a definirse, a enfocarse.
Por un
momento tuve miedo que aquella situación le hubiese molestado y esperaba una
reacción de odio o desprecio, pero su reacción fue de miedo y sentí en ella los
mismos síntomas que yo mismo había tenido hacía unos segundos.
¡Cómo nos gusta complicarnos la vida y no ver lo que tenemos al lado! Típico de los humanos.
ResponderEliminarLa escena del gato...priceless!!! ;-)
Muaa!
Si todo fuese fácil la vida sería una sucesión de días vacíos.
EliminarLo del gato es real, pasé mucha vergüenza, tenía unos 10 años.
Un beso Marta!