domingo, 30 de septiembre de 2012

Volar en círculos

Las golondrinas giran en círculo y mirábamos al cielo siguiendo sus vuelos como esos padres que se quedan mirando a sus hijos a los pies del tiovivo.

No necesitaba hablar y ella tampoco tenía necesidad de decir nada. Por lo menos, es lo que parecía.
Habían momentos en los que no parábamos de hablar de cualquier tontería; de los compañeros del trabajo, de la ropa que llevaba la gente...
Otras veces, como hoy, simplemente nos saludábamos y nos quedábamos en silencio, sabiendo que el otro está ahí y que si tuviera algo importante que decir, solamente tenía que abrir la boca y decirlo.

-¿Por qué vuelan en circulos? - Me dijo sin dejar de mirar al cielo.
-A lo mejor esperan a alguien que siempre llega tarde.- Le dije dándole un codazo.
-No vas a estar toda la tarde echándome en cara que he llegado tarde, ¿verdad?

Sonrío, quizás de forma un poco exagerada, pero ella lo ha entendido. Me pongo serio por un momento y seguimos en silencio unos segundos.

-Supongo que por inercia. La primera empezó a girar y el resto van detrás de ella. - Le digo sin saber muy bien lo que quiero decir.


Me mira fijamente y me da un abrazo.


-A lo mejor hay unas cuantas a las que les encantaría volar en linea recta o en la otra dirección. Pero se dejan llevar y así les resulta más fácil.

Entonces se levanta y se pone las manos al rededor de la boca como haciendo forma de megáfono.

-¡Vosotras! ¡Volad a donde queráis! ¡No tenéis que seguir a la primera!

Comienzo a carcajearme y me tumbo en el cesped mirando como ella coge piedras y se las lanza para dispersar el círculo de golondrinas. Vuelan a mucha más altura que lo que la fuerza de su brazo puede alcanzar.

-¡Déjalo Coral! No tienen pinta de querer cambiar.

se tumba a mi lado respirando de forma nerviosa y con una sonrisa en la cara.

-Tenía que intentarlo. Como lo intento contigo cada vez que comienzas a volar en círculos.

Nos volvemos a quedar en silencio.

-Que vuelen en círculo no es un problema. El problema sería que volaran sin saber a quien seguir o a donde ir.
A mí me gusta volar en círculos y que estés ahí para recordarme que lo estoy haciendo.
-A ti lo que te gusta es seguir a la primera. Deberías probar un día ponerte delante y que te sigan.
-No sabría qué hacer con ese poder.
-¿Y esa lo sabe? ¡Están volando en círculos! Le siguen y no parece importarles. Aunque les grite o les tire piedras, ellas siguen a la primera sin preguntarse si tiene sentido hacerlo.
Debes dejar que te sigan. Pillar las riendas por una vez y si quieres volar en círculos, pues vuelas. Si quieres ir recto, pues vas.
-¿Y si no me siguen?
-¿Crees que a la primera le importa que le sigan? Ella tiene su vuelo, su camino, sabe cuando debe cambiar de ritmo. Sabe cuando quiere parar de volar, cuando tiene sed.
No le importa lo que el resto piense. Ella es la dueña de sus decisiones y es por eso por lo que el resto le siguen. Porque ella es la única capaz de asumir esa responsabilidad.
-Bien, pues vamos a hacer una cerveza. Venga, sígueme.
-Buen intento, pero me quiero quedar un rato.
Me levanto y comienzo a subir por Passeig Lluis Companys.
Al poco noto que está a mi altura.
-Me has dejado allí sola.
-Nadie te obliga a volar en círculos.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Maïa Vidal sería lo ideal


Alguien tocaba una versión infumable de “Follow me” de Maïa Vidal mientras en mi cabeza daba vueltas el tacto de la piel de Denise.
Sin poder evitar sentir en mis dedos aquella sensación de cosquilleo que corría por todo mi cuerpo cada vez que mordía sus labios o que sus ojos se entrecerraban y sonrían como si solamente existiese yo en el mundo.
Había otros ratos en los que Denise se perdía imaginando los abdominales perfectos de algún frustrado aspirante a modelo que pasaba por la calle. Con ese paso decidido que tienen los machos Alfa.
Mi paso pausado y mi forma de mirar al suelo, siempre demostraron que, en el caso de que yo fuese un lobo, nunca tendría un papel  importante en el desarrollo de la manada y es por eso por lo que nunca he tenido una mención en ninguna de las miradas que dedican las mujeres.
Salvo excepciones, y días muy soleados, que el pequeño gen Beta decidía sacar su carácter y miraba desafiante a alguna fémina deseosa de tener contacto visual y evitar mirar al macho beta sentado a su lado.
La versión era tan mala que las copas se acabaron rápidamente y los clientes decidían salir huyendo del local, antes de que aquella absurda voz de pito se colase en sus cerebros y no pudiesen volver a escuchar la canción sin evocar esta versión.
Alguien unas mesas a la derecha hablaba de la belleza de un punto blanco en una hoja negra.
No te puedes fiar de algo que te dice un hombre en la primera cita.
Una sentencia que, a priori parece interesante, si la analizas después de intercambiar fluidos corporales se convierte en una frase vacía y sin sentido alguno.
Al igual que no te puedes fiar de las caricias y las miradas de la primera noche. Cuando intentas hacer todo aquello que hacía subir al cielo a alguien que solía estar en tu cama.

Lo ideal sería empezar de cero cada vez que alguien llama a la puerta y decide dejarte la ducha llena de pelos y notas en la caja de galletas.

Lo ideal sería no culpar al futuro de los errores del pasado y lo ideal sería que las puertas se cerraran por los dos lados.

Lo ideal sería que Maïa Vidal estuviera aquí con su armoniosa voz y no esta especie de gallina.

Lo ideal solamente pasa una vez cada mil años y, si tienes suerte, ese día tu gen Beta estará de mal humor. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

El viaje 2.1 - Un tren llamado "te deseo"


Acabo la canción y Denise duerme o se hace la dormida. Decido no comprobar cuál de las dos posibilidades es la correcta.
 El móvil le ha sonado cuatro veces y sus párpados no pueden evitar estremecerse con cada una de las vibraciones.
No puede despertarse de pronto, contestar y volver a dormirse sin que acabemos la charla, y yo no tengo ganas de que la acabe.
Ella necesita alguien que haga que sus enredaderas aflojen presión y yo alguien que esté a mi lado hasta que descubra en cuál de las respuestas que di aquella noche me equivoqué y me llevó a perder el conocimiento de tal forma que desperté a sus pies.
El caso es que algunas de las espinas que lleva tatuadas por su espalda ya han hecho herida en mí.
Enciendo uno de sus Lucky Strike y me siento frente a la cama a obsérvala. Creo que sabe que la miro atentamente y que disfruto de la visión de cada centímetro de su piel.

-Creo que no me puedes ayudar y tampoco puedo ayudarte yo.

Me pongo su camiseta de los Ramones y salgo a la calle.

La calle está tan callada que solamente suena el girar de mi mente repasando cada uno de los segundos desde que perdí el conocimiento hasta este preciso momento.
En algún punto alejado suena la emisora de un taxista buscando una calle o alguna disputa entre los clientes ebrios de un bar.

-Es hora de volver a casa, de recuperar tu vida. Aquí ya no pintas nada. – Me digo mientras saco un billete de vuelta a Barcelona.

La estación de Atocha está llena de gente extraña. Hay vagabundos que aprovechan el aire acondicionado para dormir frescos, viajeros nerviosos esperando empezar sus vacaciones y después está la gente como yo. Mirando al infinito, sumidos en sus pensamientos y dudando cada segundo que pasa de si han escogido una vez más el camino equivocado.

Al subir al tren se puede diferenciar claramente qué tipo de viaje queremos hacer cada uno. Por suerte, a mi lado viaja una chica de unos 25 años que parece haber sufrido una pérdida. No quiero preguntar si es el fallecimiento de un familiar o si se trata  simplemente de un desengaño amoroso.

-Lo peor de estos viajes son el principio, cuando quieres que pasen rápido los pueblos y llegar al destino. Poco a poco, cuando llevemos unos kilómetros recorridos, ya casi no recordarás la salida y la ansiedad por llegar será menos.-Me dice apartándose su melena rubia y mirándome fijamente a los ojos.
-No tengo prisa por llegar. Tengo prisa por dejar atrás esta ciudad que te consume cada segundo.
-Si te vas a alejar de esta ciudad deberías tener ganas por llegar a otra.
-A veces, las ciudades marcan. Tienes que irte porque te consumen o porque te deportan. Sea cual sea el motivo, a veces tienes que dejar una ciudad y no querer llegar a ninguna otra.
Me mira de reojo y sonríe.
-Yo a ti te conozco. Estabas en la fiesta de Marc. Te pillaste un gran pedo y te fuiste con el alemán aquel tan grande.

De repente y como si hubiesen abierto la compuerta de una presa, me llegan mil millones de flashes de aquella noche. Todavía nada con sentido. Puedo recordar el olor de aquel piso, las colillas pisoteadas por los suelos, la fregadera hasta arriba de vasos con moho y la cara del alemán.
-No recuerdo nada de aquella noche.
-Dejaste sin blanca a Toni y te acusó de contar las cartas. El alemán le tiró una botella de Jack Daniels vacía a Toni y le abrió una herida considerable. Creo que 10 puntos y una semana en observación. 

Asiento con la cabeza y el tren arranca. Va cambiando el paisaje y, tal como dijo la chica, al principio parece que no avances lo suficientemente rápido, pero en un momento me veo en medio de una conversación en la que analizamos a los pasajeros del tren.

-Si se pudiera fumar aquí sería la leche. – Le digo con un poco de ansiedad pensando que no podré fumar en las 4 horas que quedan de tren.
-Sé un sitio en el que podemos fumar.
Se levanta sin pensárselo dos veces y me lleva hasta el vagón pasado el bar.
-Debe estar por aquí- Dice con una sonrisa maliciosa.
 De una especie de cajón saca una de esas llaves que abre las puertas de los trenes.
-Al subir vi que el revisor la dejaba aquí. En el cuarto donde guardan las cosas de la limpieza no nos encontrará nadie.

Entramos en el cuarto y ella se sienta en una caja quedando sus piernas a la altura de mi cadera. Tiene unas piernas preciosas y una minifalda muy corta.
Nos fumamos el cigarro mientras me cuenta algo sobre un viaje que hizo a París y no puedo evitar la necesidad de acariciar esos muslos que cuando ella ríe rozan mi cuerpo suavemente.
Tiene un lunar en el cuello que me encantaría probar su sabor.
Paso mis manos por sus muslos y ella me coge la cabeza con las dos manos acariciando mi nuca. Muerdo con mis labios su cuello y ella respira profundamente.
Nos rozamos desnudos sintiendo que nuestros sexos se buscan.
Se baja de la caja dándome la espalda, cojo sus pechos por detrás y entro en ella sintiendo como vibra todo su interior. Sus pechos son blancos y sus pezones tienen una forma perfecta.
Doy pequeños mordiscos mientras ella pone los ojos en blanco sin poder evitar soltar algún grito.
Nos abrazamos fuerte y su cuerpo empieza a temblar con tanta fuerza que parece que se vaya a desmayar.
Respira tranquila y me da un beso en la mejilla. Tiene toda la cara roja y sus ojos se han vuelto casi felinos.
Después de eso nos pasamos el resto del camino en el bar y mirándonos con esa complicidad que da el sexo.
Al llegar a Barcelona siento que hayan pasado mil años desde que me fui y las calles ya no suenan a magia ni las luces de las farolas tienen un color especial al sonar Nieve de The Kooks.
Pero seguro que esta ciudad tiene guardado mi secreto en alguna de las esquinas y que un día al girar una calle aparecerá ahí delante de mí, por sorpresa y  sin poder escapar a ella.
Siempre fue así y así me gustaría que siguiese.


domingo, 23 de septiembre de 2012

El viaje – 5 Todo se complica

julio 15, 2011
La habitación olía a todos esos olores que una pareja deja en el ambiente cuando se mezclan tabaco, sudor, pasión y llanto. La habitación olía a miedo y fantasmas. El aire era casi irrespirable y al mirar por la ventana se veía la inmensidad del cielo de Madrid, era como si las paredes estuvieran encogiéndose y el mundo nos dijera que saliéramos corriendo de allí antes que los fantasmas dañaran algunos de nuestros órganos vitales.

Decidimos salir a la calle y caminábamos uno junto al otro en silencio, intentando evitar mirarnos a los ojos y arrepintiéndonos de haber puesto todos nuestros ases en la mesa. Con miedo que nuestra jugada fuese una mierda y que, al igual que pasa en el póker, piensas que tienes una jugada ganadora, pero siempre hay alguien que tiene cartas mejores o se lanza un farol y te arrebata el premio.

Disimuladamente miraba su expresión dura y fría, aquella expresión que hacía media hora era de miedo. Andaba con paso decidido, casi militar. Noté una sonrisa en mi rostro y sensación de alegría que hacía meses que no sentía. Noté mis ojos embobados observando la piel blanca de su cara y el rojo de sus labios carnosos. Entonces, en el semáforo ella se paró y se dio cuenta que la observaba, aparté la mirada y me besó la mejilla y pasó su brazo por mi cintura.
Nos besamos en medio de la calle Goya mientras decenas de peatones pasaban por nuestro lado.

-¿Qué pasa?-Me dijo mirando a los ojos.
-Me da corte besarme en la calle, como soy egocéntrico pienso que todo el mundo nos está mirando. 

Por dentro pensaba que la gente pensaría que cómo un tío como yo podría estar besando a una chica tan bonita como Denise. Sus ojos me miraron buscando la gracia de la broma y, de algún modo, conseguí aguantar cinco segundos su mirada. Me cogió del antebrazo y yo lo tomé como si me cogiera la mano. Para una chica como Denise ir cogida de alguien, aunque sea el antebrazo, es un signo importante.

Sonreí y disimulé el momento. Entramos en un bar con la puerta llena de pegatinas que tenían nombres que supongo que serían de grupos de música raros. Ella se pidió un vodka con limón y yo una cocacola zero.

El camarero, un tipo con una cresta algo despeinada y medio roja, me miró con una cara rara, pero sorprendentemente tenía una lata medio oxidada.

Sonaba “Animales” de Pereza y ella se puso a bailar en medio de lo que parecía una pista de baile. Pronto se le acercó un tipo de metro noventa con rizos, unas botas de cowboy y tejanos de pitillo. A ella no parecía molestarle mucho y me volví al barman.

-Ponme un bourbon sin hielo.- Me echó una sonrisa y me puso un bourbon doble.
-Esta invita la casa campeón. No debe ser fácil estar con una chica como esa bebiendo cocacola zero. 

Levanté el vaso haciendo la señal de salut al barman y le guiñé un ojo intentado parecer duro. Lógicamente, después de beberme la copa de un trago, toda esa dureza se desvaneció cuando no pude evitar soltar una tos y ponerme rojo.

-Buen intento tío. Pero o te das prisa o ese vaquero se tira a tu amiguita en el lavabo. 

Algún tipo de impulso me llevó hasta el lavabo donde me encontré al tipo tirado en el suelo con las manos en los huevos.

-Pensaba que no vendrías nunca.-Me dice mientras me agarra de la camiseta y me mete su lengua, que parecía haber crecido unos diez centímetros.
-Nunca me han gustado este tipo de tíos. Me dan asco. ¿Me oyes cerdo? ¡Me das asco! 

Estoy paralizado y pensando que si el tío se levanta nos va a matar allí mismo, pero se levanta y sale del lavabo gritando insultos a Denise.
Ella se rie a carcajadas mientras aprieta su cuerpo contra el mío.

-¿Estás temblando de miedo o es que te has puesto tan caliente como yo? 

En un arranque de pasión desabrocho los botones de su pantalón y meto mis dedos en sus bragas mientras le muerdo el cuello.
-“Nos quedan dos miradas, hagamos el amor en un instante“. 
-Eso es de otra canción.
-Le digo mientras ella saca mi sexo del pantalón y la penetro. 

Me siento realmente bien, quiero estar tan dentro de ella que no se sepa dónde empieza mi cuerpo y dónde el de ella. Siento sus manos arañarme la espalda y su respiración húmeda y caliente en mi oreja.




-Eres un guarrete, no lo habría imaginado.
-Me dice mientras se seca el sudor de la cara.

En ese momento, mi lado animal se esfumado y vuelvo a ser el animal atrapado y perdido de siempre. Agacho la cabeza mientras me abrocho el pantalón y le beso con pasión nuevamente.

Estamos de camino a su casa y el aire sopla frío. Hay una hurraca en un árbol graznando y las hurracas siempre dan malas noticias.

-Simplemente, deja que acabe y me iré sin despedidas, para siempre. No te molestaré. 

 Al llegar ella está tumbada en la cama siguiendo con su dedo los tatuajes de sus brazos, volviendo a redibujarlos con su imaginación. Encuentro una guitarra acústica de color negro y la cojo. Pruebo un par de acordes y comienzo a cantar.

Estaré bien
aunque olvidarte me cueste la vida,
 y el reloj se nos paró
 justo a la hora de la despedida,
 pero yo estaré bien…

 Al final las cosas van a ser como contaban
 todo empieza, todo sigue 
y todo acaba

viernes, 21 de septiembre de 2012

El viaje-capítulo 4-El secreto de Denise

julio 5, 2011
 Se hizo el silencio y se sentó delante de la ventana, sentada en una silla blanca y con los pies apoyados en el marco.
Las piernas se le veían más largas de lo normal y la enredadera tatuada que subía desde el empeine del pie hasta el final de su muslo parecía cobrar vida con cada movimiento del pie al marcar el ritmo de “Kiss with a fist” de Florence and the Machine.
Daba caladas profundas al cigarro y soltaba el humo poco a poco creando una espesa nube que se iba desvaneciendo. En algunas caladas aspiraba la nube de nuevo por la nariz y la boca antes que la nube se perdiera. Era como si no quisiera que el humo se esfumara.
Miraba fijamente a algún punto al infinito por la ventana, algún punto que desde mi posición no podía ver. Parecía estar repasando algún oscuro pasado o algo que le atormentaba, la sensación era ver a una persona analizando con detalle, segundo a segundo.
 Me quedé callado mirando como su cara se había vuelto inexpresiva, llegué a pensar que el mundo se había parado a mi alrededor, pero su pie seguía marcando cada bombo de la batería.

-Me voy a morir.-Dijo sin girar la cabeza y sin apartar la vista del infinito.
-Todos nos vamos a morir.- Le contesté con una media sonrisa. La intención era desviar el tema, pero no lo conseguí.
-Me quedan seis meses.

Por un momento tuve miedo de que me hubiera pegado algún tipo de enfermedad mortal, aunque habíamos usado un condón, nadie me aseguraba que no tuviera alguna enfermedad que se transmitiera por fluidos corporales.
-¿Hay algo que deba saber o que me pueda preocupar respecto a mi salud?
-No, estoy sana. Se me acaba el plazo.
-No entiendo, ¿estás metida en algún follón con mafiosos o algo? Podrías venir a Barcelona, nadie tiene por qué saber dónde vives.
-Allí también me encontraran.
-¿En qué tipo de mierda andas metida? 
-En una mierda chunga. El problema está por dentro. Cada día intento controlar mis palabras y al final del día acabo odiándome. Hago daño con mis comentarios y lo peor, es que antes de decirlo ya sé que voy a llegar al hueso. Es incontrolable, cuando he dicho o he hecho, lo que sea que mi perturbada mente ha imaginado, me arrepiento, pero el daño ya está hecho y entonces ese daño me vuelve a mí.
-Es difícil controlar a los sentimientos cuando no estás en buen momento, los problemas atormentan. Cada persona tiene una vía de escape, la tuya es escupir tus miserias en los otros y, cuando las has escupido, te das cuenta que son tus miserias y no las de la otra persona.
-Pero acabaré con todo esto. 

Me levanté despacio de la cama y fui caminando despacio, midiendo mis pasos uno a uno como si me acercará a una pantera que está preparada para atacar. Su mano izquierda se agarraba con fuerza a la silla y todo su brazo estaba tenso, rígido.
Al acercarme, noté que estaba apretando los dientes con tanta fuerza que en su cara se marcaban los músculos de su rostro.
Estaba justo detrás de ella, a un paso, y notaba una fuerza extraña que me invitaba a no acercarme a más de esa distancia.
Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, y al bajar la vista para mirar su cara me choqué de frente con su mirada tensa, me desafiaba, me retaba y me advertía.
El corazón se me aceleró y di ese paso hacia la silla sin dejar de mirar sus ojos azules, le acaricié el pelo y me agaché hasta tener mi cabeza a la altura de la silla. Entonces, le besé la mejilla y abracé con la única intención de sacarla de su trance. Fue en ese momento cuando su brazo se quedó flácido, como inerte, y un profundo llanto salió de su garganta.

-Sea lo que sea que anda por ahí dentro, lo encontraré. Seis meses es mucho tiempo.
-Me llamo Denise.




jueves, 20 de septiembre de 2012

El viaje 3 - Empezando a recordar

junio 1, 2011

 Pasaba mi mano entera suavemente por sus muslos y mis dedos parecían tentáculos buscando nuevas zonas de su cuerpo por explorar.

-Tienes una piel muy suave, me la imaginaba rugosa. 
-Eres gracioso, no puedes haberte imaginado el tacto de mi piel si hace unas horas que nos conocemos. 
-Quiero decir una piel con tatuajes, que me la imaginaba rugosa y es suave. Me gusta acariciarte, me relaja. Se ríe a carcajadas y me muerde la espalda, se acerca a mi oído y me susurra. 
-A mí no me relaja nada eso que estás haciendo. 

Creo que sin querer le he echado una mirada lasciva y paso mi lengua por su cuello.
-¿Qué música sonaba en esa fiesta? 

Al principio no sabía de lo que me hablaba, me sentía como si todo mi pasado hubiese desaparecido, solamente existiese ella y las hadas de su piel, las enredaderas con rosas y las violetas.
Pronto recordé que estaba allí misteriosamente, todo había sido raro desde que empezó hasta ese mismo instante. Desde el momento que sin avisar mi cabeza comenzó a calentarse y decidí bajar a comprar tabaco al bar.
Bajando las escaleras ya sabía que aquello no era un buen comienzo de algo, pero ¿quién necesita razón cuando se te cae el techo encima?
Empecé a pensar tonterías y lo mejor para acabar con las tonterías es hacer algo peor.
En el bar me encontré a Marcel con un par de copas de más y me cogió de la muñeca apretando demasiado.
-Compañero, ¿veis lo que habéis conseguido los capitalistas? 
-Me dices compañero y capitalista en la misma frase Marcel. Vete a casa a dormirla hombre. 
-¿A casa? Me van a quitar mi casa compadre. Recuerdo cuando la elegí con mi Sandra, éramos tan jóvenes y con tantas ilusiones y mira el puto sistema dónde nos ha llevado. Ponme otra y ponle lo que quiera a mi camarada que hace tiempo que no nos tomamos nada. 

 Se me rompe el alma, no poder hacer nada y no tener nada para decir ¿Qué le dices a una persona a la que van a echar de su casa?
Le hice una señal al camarero, cogí a Marcel por la cintura y lo acompañé a su casa.

-Acabaremos siendo esclavos camarada, acabaremos siendo esclavos. 
Después de eso no podía subir al piso. Decidí dar un paseo y después…después…

-No recuerdo que hice después.

 Me senté al borde de la cama y me tapé los ojos con las manos.
-¿No recuerdas que hiciste después de qué? 

Entonces le expliqué la historia de Marcel. Mientras le explicaba la historia abrió el cajón y sacó un paquete de Lucky Strike del blando y sin hablar me ofreció uno.

-He dejado de fumar hace unos meses, pero supongo que uno más no me hará daño. 

Me lanzó una sonrisa cómplice y se levantó desnuda completamente en busca de un cenicero.
Desde la cama la observaba y me parecía un sueño estar con amnesia a 600km de casa y estar contándole mi vida a una chica con ese cuerpo tan perfecto desnudo y que había conocido hacía menos de 6 horas.

 Al volver se queda de pie mirándome mientras se me cae la baba al observarla.

-No sé, no recuerdo nada más concreto, solamente flashes de cosas. Sonaba una versión acústica de PJ Harvey, creo que era Water o alguna parecida, con PJ Harvey nunca me aclaro. 
-Bueno, vayamos poco a poco. 
-Me lo dices después de acostarnos a las 3 horas de conocernos. 
-Con lo de tu memoria, con lo demás no vamos a hacer nada al respecto, cuando se acaba la cera, se apaga la vela.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El viaje (capítulo 2) - El piso

Abril 27, 2011

(Es la segunda parte de este otro: el viaje (capítulo 1))

-Me gustaría darme una ducha primero.- Le dije poniendo mi infalible cara de pena. Ella se quedó parada a 20 pasos de distancia, medio girada sin saber si echar a correr o si invitarme a una ducha.
-Está bien, pero te juro que como destroces algo, te buscaré hasta encontrarte y te mataré. 
-Ey, tranquila que solamente quiero una ducha. 

Llegamos al piso. Un loft todo pintado de blanco con miles de libros por todas partes y el techo inclinado. Supongo que es una buhardilla convertida en estudio.
Al pasar por la puerta cuelga su chaqueta de cuero en un perchero en el que pone “Home, sweet, home” y se quita las botas Termans para meter sus pequeños pies tatuados en unas zapatillas Hello Kitty.
Se da cuenta que la observo y se enfada.

-¿No has venido a ducharte? Pues venga, que vas a dejar el piso apestado. 
-Mírate, por fuera eres la tía más dura de la tierra y por dentro eres una nube de azúcar. 
-Vete a la puta mierda o te duchas o te vas a joder a otro sitio. 

Es uno de esos pisos antiguos que el calentador solamente ofrece un chorrito de agua caliente y necesitaría una ducha potente, pero se agradece el frescor para la resaca.
Mirando mi cuerpo descubro varios golpes en las costillas y al tocarme veo las estrellas.
Salgo del lavabo con la toalla enrollada a la cintura y ella está sentada en el sofá jugando a algún tipo de consola portátil, levanta la vista.

-¿Sabes lo que creo? Que no deberías volver a tu casa hasta saber el motivo por el qué has aparecido aquí. 
-Yo también lo creo, además me han aparecido unos morados en las costillas que no sé quien me los hizo.
-A ver, acércate.

 Me acerco y ella pone su dedo índice en el morado.

-Joder, ¿Qué coño te pasa? Eso duele ¿Qué piensas que me los he maquillado en el lavabo? 
-Simplemente esta mirando la intensidad del morado. 
-¿Qué te crees que eres del CSI o qué? Se mira pero no se toca. 
-¿Qué te pensabas que te ibas a duchar gratis en mi casa? 

 Me lanza una sonrisa pícara y comenzamos a besarnos. Se sienta encima de mis piernas y mis manos se meten por debajo de su rota camiseta de los ramones. Desabrocho el sujetador negro. Cojo sus pequeños pechos en mis manos mientras le beso una especie de mariposa que tiene tatuada en su cuello. Se desnuda y su cuerpo está lleno de tatuajes, flores, hadas, duendes, estrellas, plantas…
Hacemos el amor, ese amor que acabará cuando lleguemos al éxtasis y al acabar ella se queda dormida en una enorme cama que tiene en el mismo comedor donde todo comenzó.

Observo sus tatuajes y recorro algunos con los dedos. Se despierta y me mira.

-Me haces cosquillas, capullo. 
-Perdona, ¿Qué eres un cuento de hadas andante? 
-¿Y tú, un gilipollas? 
-¿Siempre contestas con un ataque a todo? Me gusta este. -Le digo señalando una cruz que tiene en el lado derecho.
-¿Trabajas? Porque si trabajas tendrás que decir algo. 
-Les diré que he estado estudiando un templo gótico. Le contesto mientras beso la cruz… 
 (Continuará…)

martes, 18 de septiembre de 2012

El viaje (capítulo 1) 1 de Abril 2011

Voy a recuperar los cinco capítulos de "El viaje" que escribí en mi otro blog "One After 909" para continuar con la historia desde este. Espero que a los/las nuevos/as lectores/as os guste.

No olvidéis comentar si os gusta u os parece una puta mierda. Se agradecen todos los comentarios...

Allá vamos....

El viaje (capítulo 1) abril 1, 2011 

 -¿Qué te pasa?- Me decía poniendo sus manos en forma de jarra mientras yo intentaba enfocar la vista para descubrir quién era esa chica que se preocupaba por mi estado.

-Creo que me he dormido o he perdido el conocimiento. Se acerca para ayudarme a levantar del suelo y pone cara de asco.

-¿Podrías ser más educada? ¿Acabo de tener una experiencia cercana a la muerte y te molestar mi olor corporal?

-Joder, cercana a la muerte dice el cerdo, yo creo que has estado muerto y te estás comenzando a podrir.

-¿A los muertos les duele la cabeza?

-No lo sé, nunca he estado muerta. He estado en Lisboa y, aunque fue deprimente, no creo que se pueda comparar con estar muerto. ¿Dónde vives?

-Dependiendo de donde esté ahora te puedo concretar más.

-Pues…diría que estás en la Gran Vía madrileña.

-Joder, pues vivo a unos 600 kilómetros.

-¿Qué tipo de gilipollas, retrasado y pervertido eres? ¿Me estás vacilando, mamón? Porque pensaba acompañarte a casa pero si me vacilas te van a dar por el culo.

-Ey, ey, relájate que no te estoy vacilando. Estaba de fiesta con unos amigos y la cosa empezó a ponerse chunga…

-¿Chunga?

-Sí, jodidamente chunga, como en las pelis. Creo que me drogaron o me pasé bebiendo, pero de pronto era como si estuviera flotando y la música sonaba como si estuviera metido en un bidón. Había una tía súper rara, le faltaban dientes y me estaba haciendo una mamada.

-Joder tío, no necesitaba esa información.

-Vete a la mierda joder, estoy intentando recordar cómo cojones he acabado en Madrid.

-Pues... te pillaste un ciego del 15 y te equivocaste de tren.

-Claro y desde la estación hasta aquí… ¿Cómo coño he llegado?

-No sé tío, a veces las experiencias chungas las borra el cerebro. De pequeña tenía miedo a los reyes magos ¿sabes?

-¿A mi qué coño me importan tus putos miedos a los reyes magos?

-Cállate la jodida boca cabrón, pues que me daban terror, veía un rey mago y me meaba encima. Entonces un amigo que estaba estudiando psicología o algún rollo chungo de estos que se meten en tu mete y trastean por dentro, pues eso, que me dijo que me podía hipnotizar y descubrir que me generó el miedo a los reyes magos. Resulta que cuando tenía 5 años fui a llevarle una carta a Melchor al centro comercial, pero llegué tarde y ya se había acabado el rollo y vi que entraban en un almacén y pensé que podría dársela en mano. Joder, era un puto Rey Mago, viene de Oriente no le cuesta nada pillar mi carta. Al entrar me encontré al jodido Rey Mago dándole matraca a uno de sus pajes.

-¿Matraca?

 -Sí joder, que el puto paje estaba a cuatro patas y le estaba zumbando a base de bien.

-¿Eres una puta homófoba desde los 5 años?

-No joder, me la suda por donde se dé la gente ¿sabes? Pero para una niña de 5 años pillar a un Rey Mago jodiendo por detrás a uno de sus ayudantes es una experiencia traumática.

-Vale, entiendo que le pillaras miedo a Melchor, pero ¿Qué mierda de culpa tienen el resto?

-Yo que sé tío. El caso es que no recordaba una mierda del suceso hasta que mi amigo me hipnotizó.

-¿Sabes hipnotizar? No, ¿no? Pues no me cuentes tu vida.

Me da una colleja y comienza a andar, cuando lleva unos 5 metros se gira y me dice:

-Estaba pensando que… a lo mejor… te apetece darte una ducha y desayunar algo.

-Pues te lo agradecería porque no tengo ni un…

-Me meto la mano en el bolsillo y saco 5 billetes de 500€.

-Esto…a lo mejor me deberías invitar tú a mí.
(continuará)


domingo, 16 de septiembre de 2012

Dancing in the hall


Un verano con dos eclipses decían todos y les miraba por encima del hombro. El verano siempre ha sido mi época favorita, se abre un abanico de buenos ratos y vida social.

Trotando por las calles y sonriendo al universo con la cara que tienen los ganadores en el Texas hold’em, pasan los días y crecen amistades como esas plantas que salen entre los adoquines de los pueblos de la costa brava.

En la noche las luces parecen pequeñas luciérnagas y al volante del coche, con el aire acondicionado a 23 grados los corazones laten una energía que reparte por todo el cuerpo y sientes que se te erizan los mil millones de bellos y vellos que tenemos por el cuerpo.

Las calles se llenan de guirnaldas y ya no piensas ni en el dolor de cervicales que aparece cada mañana después de estar sentado frente a la luminosidad de una ventana electrónica. Ni en dejar de fumar a causa de esa molesta tos que no te deja hasta que tomas la primera taza de café.
“En tu otra vida debiste ser cubano” me dicen mis conocidos y les respondo “ya tú sabe mi amol” porque realmente, si mezclas buen clima, buena música y buena compañía, los astros se alinean y te colocan una alfombra roja llena de flashes.

Entonces aparecen las primeras tormentas que anuncian que es hora del letargo del oso y las cosas vuelven a ser como antes de los dos eclipses.
Es la hora de mirar las burbujas que salen del bote de fairy, de mirar por la ventana la gente correr por la calle cubriéndose por las esquinas para no mojarse.

Es el tiempo de los chocolates calientes y tardar 5 minutos en quitarte las diez capas de ropa que llevas encima antes de saludar a los conocidos que ya no tienen sus pieles bronceadas y parece que hayamos salido de un capítulo de “walking dead”.

Es tiempo de canciones de domingo y manta, con o sin caricias furtivas bajo ellas. Es el tiempo en el que el corazón bombea otro tipo de energía que no eriza los pelitos de los brazos pero enfría los pies y te hace moquear dejando una nariz rosadita. Es una energía más sutil pero poco a poco también va dejando dejando esa sonrisa que te sorprende frente al espejo.

Es la hora de danzar en el hall canciones de Neil Young, The Cardigans o esa nueva de Birkii que se ha metido en la cabeza y no puedes dejar de mover las piernas cada vez que suena y gastar esa energía fluorescente que hemos recargado sin darnos cuenta en alguna terracita cálida.