miércoles, 19 de septiembre de 2012

El viaje (capítulo 2) - El piso

Abril 27, 2011

(Es la segunda parte de este otro: el viaje (capítulo 1))

-Me gustaría darme una ducha primero.- Le dije poniendo mi infalible cara de pena. Ella se quedó parada a 20 pasos de distancia, medio girada sin saber si echar a correr o si invitarme a una ducha.
-Está bien, pero te juro que como destroces algo, te buscaré hasta encontrarte y te mataré. 
-Ey, tranquila que solamente quiero una ducha. 

Llegamos al piso. Un loft todo pintado de blanco con miles de libros por todas partes y el techo inclinado. Supongo que es una buhardilla convertida en estudio.
Al pasar por la puerta cuelga su chaqueta de cuero en un perchero en el que pone “Home, sweet, home” y se quita las botas Termans para meter sus pequeños pies tatuados en unas zapatillas Hello Kitty.
Se da cuenta que la observo y se enfada.

-¿No has venido a ducharte? Pues venga, que vas a dejar el piso apestado. 
-Mírate, por fuera eres la tía más dura de la tierra y por dentro eres una nube de azúcar. 
-Vete a la puta mierda o te duchas o te vas a joder a otro sitio. 

Es uno de esos pisos antiguos que el calentador solamente ofrece un chorrito de agua caliente y necesitaría una ducha potente, pero se agradece el frescor para la resaca.
Mirando mi cuerpo descubro varios golpes en las costillas y al tocarme veo las estrellas.
Salgo del lavabo con la toalla enrollada a la cintura y ella está sentada en el sofá jugando a algún tipo de consola portátil, levanta la vista.

-¿Sabes lo que creo? Que no deberías volver a tu casa hasta saber el motivo por el qué has aparecido aquí. 
-Yo también lo creo, además me han aparecido unos morados en las costillas que no sé quien me los hizo.
-A ver, acércate.

 Me acerco y ella pone su dedo índice en el morado.

-Joder, ¿Qué coño te pasa? Eso duele ¿Qué piensas que me los he maquillado en el lavabo? 
-Simplemente esta mirando la intensidad del morado. 
-¿Qué te crees que eres del CSI o qué? Se mira pero no se toca. 
-¿Qué te pensabas que te ibas a duchar gratis en mi casa? 

 Me lanza una sonrisa pícara y comenzamos a besarnos. Se sienta encima de mis piernas y mis manos se meten por debajo de su rota camiseta de los ramones. Desabrocho el sujetador negro. Cojo sus pequeños pechos en mis manos mientras le beso una especie de mariposa que tiene tatuada en su cuello. Se desnuda y su cuerpo está lleno de tatuajes, flores, hadas, duendes, estrellas, plantas…
Hacemos el amor, ese amor que acabará cuando lleguemos al éxtasis y al acabar ella se queda dormida en una enorme cama que tiene en el mismo comedor donde todo comenzó.

Observo sus tatuajes y recorro algunos con los dedos. Se despierta y me mira.

-Me haces cosquillas, capullo. 
-Perdona, ¿Qué eres un cuento de hadas andante? 
-¿Y tú, un gilipollas? 
-¿Siempre contestas con un ataque a todo? Me gusta este. -Le digo señalando una cruz que tiene en el lado derecho.
-¿Trabajas? Porque si trabajas tendrás que decir algo. 
-Les diré que he estado estudiando un templo gótico. Le contesto mientras beso la cruz… 
 (Continuará…)

martes, 18 de septiembre de 2012

El viaje (capítulo 1) 1 de Abril 2011

Voy a recuperar los cinco capítulos de "El viaje" que escribí en mi otro blog "One After 909" para continuar con la historia desde este. Espero que a los/las nuevos/as lectores/as os guste.

No olvidéis comentar si os gusta u os parece una puta mierda. Se agradecen todos los comentarios...

Allá vamos....

El viaje (capítulo 1) abril 1, 2011 

 -¿Qué te pasa?- Me decía poniendo sus manos en forma de jarra mientras yo intentaba enfocar la vista para descubrir quién era esa chica que se preocupaba por mi estado.

-Creo que me he dormido o he perdido el conocimiento. Se acerca para ayudarme a levantar del suelo y pone cara de asco.

-¿Podrías ser más educada? ¿Acabo de tener una experiencia cercana a la muerte y te molestar mi olor corporal?

-Joder, cercana a la muerte dice el cerdo, yo creo que has estado muerto y te estás comenzando a podrir.

-¿A los muertos les duele la cabeza?

-No lo sé, nunca he estado muerta. He estado en Lisboa y, aunque fue deprimente, no creo que se pueda comparar con estar muerto. ¿Dónde vives?

-Dependiendo de donde esté ahora te puedo concretar más.

-Pues…diría que estás en la Gran Vía madrileña.

-Joder, pues vivo a unos 600 kilómetros.

-¿Qué tipo de gilipollas, retrasado y pervertido eres? ¿Me estás vacilando, mamón? Porque pensaba acompañarte a casa pero si me vacilas te van a dar por el culo.

-Ey, ey, relájate que no te estoy vacilando. Estaba de fiesta con unos amigos y la cosa empezó a ponerse chunga…

-¿Chunga?

-Sí, jodidamente chunga, como en las pelis. Creo que me drogaron o me pasé bebiendo, pero de pronto era como si estuviera flotando y la música sonaba como si estuviera metido en un bidón. Había una tía súper rara, le faltaban dientes y me estaba haciendo una mamada.

-Joder tío, no necesitaba esa información.

-Vete a la mierda joder, estoy intentando recordar cómo cojones he acabado en Madrid.

-Pues... te pillaste un ciego del 15 y te equivocaste de tren.

-Claro y desde la estación hasta aquí… ¿Cómo coño he llegado?

-No sé tío, a veces las experiencias chungas las borra el cerebro. De pequeña tenía miedo a los reyes magos ¿sabes?

-¿A mi qué coño me importan tus putos miedos a los reyes magos?

-Cállate la jodida boca cabrón, pues que me daban terror, veía un rey mago y me meaba encima. Entonces un amigo que estaba estudiando psicología o algún rollo chungo de estos que se meten en tu mete y trastean por dentro, pues eso, que me dijo que me podía hipnotizar y descubrir que me generó el miedo a los reyes magos. Resulta que cuando tenía 5 años fui a llevarle una carta a Melchor al centro comercial, pero llegué tarde y ya se había acabado el rollo y vi que entraban en un almacén y pensé que podría dársela en mano. Joder, era un puto Rey Mago, viene de Oriente no le cuesta nada pillar mi carta. Al entrar me encontré al jodido Rey Mago dándole matraca a uno de sus pajes.

-¿Matraca?

 -Sí joder, que el puto paje estaba a cuatro patas y le estaba zumbando a base de bien.

-¿Eres una puta homófoba desde los 5 años?

-No joder, me la suda por donde se dé la gente ¿sabes? Pero para una niña de 5 años pillar a un Rey Mago jodiendo por detrás a uno de sus ayudantes es una experiencia traumática.

-Vale, entiendo que le pillaras miedo a Melchor, pero ¿Qué mierda de culpa tienen el resto?

-Yo que sé tío. El caso es que no recordaba una mierda del suceso hasta que mi amigo me hipnotizó.

-¿Sabes hipnotizar? No, ¿no? Pues no me cuentes tu vida.

Me da una colleja y comienza a andar, cuando lleva unos 5 metros se gira y me dice:

-Estaba pensando que… a lo mejor… te apetece darte una ducha y desayunar algo.

-Pues te lo agradecería porque no tengo ni un…

-Me meto la mano en el bolsillo y saco 5 billetes de 500€.

-Esto…a lo mejor me deberías invitar tú a mí.
(continuará)


domingo, 16 de septiembre de 2012

Dancing in the hall


Un verano con dos eclipses decían todos y les miraba por encima del hombro. El verano siempre ha sido mi época favorita, se abre un abanico de buenos ratos y vida social.

Trotando por las calles y sonriendo al universo con la cara que tienen los ganadores en el Texas hold’em, pasan los días y crecen amistades como esas plantas que salen entre los adoquines de los pueblos de la costa brava.

En la noche las luces parecen pequeñas luciérnagas y al volante del coche, con el aire acondicionado a 23 grados los corazones laten una energía que reparte por todo el cuerpo y sientes que se te erizan los mil millones de bellos y vellos que tenemos por el cuerpo.

Las calles se llenan de guirnaldas y ya no piensas ni en el dolor de cervicales que aparece cada mañana después de estar sentado frente a la luminosidad de una ventana electrónica. Ni en dejar de fumar a causa de esa molesta tos que no te deja hasta que tomas la primera taza de café.
“En tu otra vida debiste ser cubano” me dicen mis conocidos y les respondo “ya tú sabe mi amol” porque realmente, si mezclas buen clima, buena música y buena compañía, los astros se alinean y te colocan una alfombra roja llena de flashes.

Entonces aparecen las primeras tormentas que anuncian que es hora del letargo del oso y las cosas vuelven a ser como antes de los dos eclipses.
Es la hora de mirar las burbujas que salen del bote de fairy, de mirar por la ventana la gente correr por la calle cubriéndose por las esquinas para no mojarse.

Es el tiempo de los chocolates calientes y tardar 5 minutos en quitarte las diez capas de ropa que llevas encima antes de saludar a los conocidos que ya no tienen sus pieles bronceadas y parece que hayamos salido de un capítulo de “walking dead”.

Es tiempo de canciones de domingo y manta, con o sin caricias furtivas bajo ellas. Es el tiempo en el que el corazón bombea otro tipo de energía que no eriza los pelitos de los brazos pero enfría los pies y te hace moquear dejando una nariz rosadita. Es una energía más sutil pero poco a poco también va dejando dejando esa sonrisa que te sorprende frente al espejo.

Es la hora de danzar en el hall canciones de Neil Young, The Cardigans o esa nueva de Birkii que se ha metido en la cabeza y no puedes dejar de mover las piernas cada vez que suena y gastar esa energía fluorescente que hemos recargado sin darnos cuenta en alguna terracita cálida.