viernes, 10 de octubre de 2014

Día 1: Así están las cosas

Volver a caminar sobre los pasos andados y sentir el mismo escalofrío junto al anden. Las miradas perdidas y la sensación que todas se centran en mí.
Veo mi reflejo en la puerta del vagón. Estoy cansado, demacrado, los ojos rojos e hinchados. Debo acostarme antes.

La ciudad se mueve rápido a mi alrededor y parece que me hayan pausado. Quiero salir de esta situación, quiero huir y sentirme libre nuevamente.

Me siento solo, mucho más solo que cuando lo estaba realmente.
Me siento preso, oprimido y un poco menospreciado.

Por las noches sueño con montañas, con palmeras y L.A. Mucho más con Los Ángeles que con el resto de cosas.

Nunca he estado en Los Ángeles pero no debe ser muy diferente a como lo veo en mi sueño. No puede ser muy diferente a como lo veo en mi sueño, a pesar del hippie de Venice Beach que no para de tocar los bongos y el rastafari que toca el hang drum.

Quizá nunca estaré en Los Ángeles para poder seguir teniendo estos sueños en los que encuentro mi libertad y mi paz.

En esta habitación se respira un aire contaminado. Dormimos uno junto al otro sabiendo que hace días que todo esto terminó. Yo busco mi paz y ella... no sé lo que busca ella, pero ya no es algo que me incumba.
A veces la tensión se dispara y crea discusiones banales sobre comida y turnos de lavadora. Nos cuesta decirnos adiós aunque nos lo decimos con la mirada cada día y cada momento.

Cuesta reconocer que esto no funciona y salir corriendo a Los Ángeles no es una buena opción.


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