Por fin, he grabado Fauna Sonora 5.
Os paso la lista de temas que suenan, por si no tenéis tiempo de escucharlo (que mejor que lo escuchéis y así me haréis tremendamente feliz).
Siempre empiezo hablando muy rápido por la emoción de grabar y después me relajo...No os asustéis.
Electric Guest – This Head I hold
Fooster the people – Don’t Stop
Stereophonics-Dakota
Wombats – techno fan
Citizens! – True romance
The whip – secret weapon
Alpine –Hands
The naked and famous – All of this
Fuel fandango – talking (rmx mendetz)
Mendetz – Escalera featuring Gala
La casa azul – Los chicos hoy saltaran a la pista
Lory Meyers - Mi realidad
Miss Cafeina – Hielo T
Alex Ferreira – Nos daba igual cualquier canción
Luis Ramiro – Mañana nos casamos en las vegas
Boza – Octubre
Itziar Baiza – Botón del Pánico (el encanto de lo imperfecto)
Silvia Pérez Cruz - Debí llorar
domingo, 24 de febrero de 2013
miércoles, 20 de febrero de 2013
Mery Lemon: Una historia de amor y música
Mery Cirach
y Juan Carlos Luque, o lo que es lo mismo Mery
Lemon, son una pareja que apuesta por una forma de ver la vida muy positiva.
Apuestan por el esfuerzo, la ilusión y la creatividad.
¿Qué tiene
de especial una pareja que cree en esos valores?
Pues que
además son músicos y, que después de un intenso trabajo de dos años, han sacado
su primer disco, “Phonambulismo".
En este
albúm podemos sentir esa energía positiva que transmiten desde antes de escuchar
una sola de las canciones. El libreto y el arte del disco corre a cargo de Mr. Wonderful, otra pareja que comparte
la misma filosofía de vida.
¿Cual es esa
filosofía y por qué es tan especial?
Mr.
Wonderful tiene miles de frases que la explican, pero quizá la más
significativa es la que nos muestran Mery
Lemon en una funda de iPhone “Lo que
sientes hazlo presente sin dudar”.
En una época en la que todo parece estar derrumbándose es agradable que alguien nos dé ánimos y buena música. Un pack completo de energía
positiva para prepararnos y empezar la primavera con fuerza, una sonrisa en
la boca y una frase en la cabeza “Sigue
buscando de hacer de tu vida lo que siempre has querido que sea”.El vídeo que presenta su CD.
Podéis leer más información aquí: http://www.merylemon.com/
Escuchar sus canciones aquí: https://www.youtube.com/user/merylemon
Podéis seguir su página de Facebook: https://www.facebook.com/mery.lemon.9
Y también podéis conocer a Mr. Wonderful aquí: http://muymolon.com/
La portada de su CD es una maravilla.
lunes, 18 de febrero de 2013
Flight One After 909
Siempre me dijiste que en los aeropuertos pasan cosas. La gente entra y sale, van y vienen.
La gente que espera ilusionada la llegada de alguien. Los que llegan deseando pisar tierra firme y encontrarse con algún ser querido, conocido o, simplemente, el chófer que les lleva hasta el hotel o la reunión.
Siempre recuerdo como se te iluminan esos grandiosos ojos cada vez que estás en un aeropuerto.
Son lugares de cambios, de despedidas, de bienvenidas. Corazones latiendo emocionados por la marcha o la llegada.
Y hoy tu vuelo ya salió, el mío saldrá dentro de mucho o, quizá, no salga. Porque los vuelos son caprichosos y a mi no se me iluminan las ojos al ver llegar a gente ilusionada. Porque esa gente no me importa. Porque el mundo no me importa.
Espero mirando el panel de vuelos buscándote entre ellos. Pensando que si en los aeropuertos pasan cosas, debería tener valor de no coger ese vuelo y coger el que realmente quiero coger. Que si en los aeropuertos pasan cosas, saldrías por esa puerta con tu ojos iluminados, esperando que esté ahí, buscando mi vuelo en el panel.
Pero ni en los aeropuertos pasan tantas cosas, ni mi vuelo está en el panel.
Por megafonía suena “War of My Life” de John Mayer. El mundo parece ralentizarse, los abrazos son sinceros, las sonrisas son de verdad, porque cuando canta el Sr. Mayer, el mundo se vuelve sincero.
Al igual que tú, cuando me avisaste que tu vuelo saldría antes que el mío y yo decidí acompañarte a este aeropuerto. En el momento me pareció una buena idea, porque quería ver como se te iluminaba la cara. Pero ahora me resulta doloroso no verte y ver la luminosidad de los que sí están.
La chica de la ventanilla solo me dice que mi vuelo es uno después del 909 y yo no sé cual es ese, porque no sé cómo se cuentan los vuelos. No sé si es el 910 o el 1009 o el 919.
Empiezo a pensar que siempre me mentiste. Que en los aeropuertos no pasan cosas. Que tus ojos no veían la ilusión de los demás sino la tuya por marcharte.
“Passengers with flight One After 909, please go to the gate..”
La gente que espera ilusionada la llegada de alguien. Los que llegan deseando pisar tierra firme y encontrarse con algún ser querido, conocido o, simplemente, el chófer que les lleva hasta el hotel o la reunión.
Siempre recuerdo como se te iluminan esos grandiosos ojos cada vez que estás en un aeropuerto.
Son lugares de cambios, de despedidas, de bienvenidas. Corazones latiendo emocionados por la marcha o la llegada.
Y hoy tu vuelo ya salió, el mío saldrá dentro de mucho o, quizá, no salga. Porque los vuelos son caprichosos y a mi no se me iluminan las ojos al ver llegar a gente ilusionada. Porque esa gente no me importa. Porque el mundo no me importa.
Espero mirando el panel de vuelos buscándote entre ellos. Pensando que si en los aeropuertos pasan cosas, debería tener valor de no coger ese vuelo y coger el que realmente quiero coger. Que si en los aeropuertos pasan cosas, saldrías por esa puerta con tu ojos iluminados, esperando que esté ahí, buscando mi vuelo en el panel.
Pero ni en los aeropuertos pasan tantas cosas, ni mi vuelo está en el panel.
Por megafonía suena “War of My Life” de John Mayer. El mundo parece ralentizarse, los abrazos son sinceros, las sonrisas son de verdad, porque cuando canta el Sr. Mayer, el mundo se vuelve sincero.
Al igual que tú, cuando me avisaste que tu vuelo saldría antes que el mío y yo decidí acompañarte a este aeropuerto. En el momento me pareció una buena idea, porque quería ver como se te iluminaba la cara. Pero ahora me resulta doloroso no verte y ver la luminosidad de los que sí están.
La chica de la ventanilla solo me dice que mi vuelo es uno después del 909 y yo no sé cual es ese, porque no sé cómo se cuentan los vuelos. No sé si es el 910 o el 1009 o el 919.
Empiezo a pensar que siempre me mentiste. Que en los aeropuertos no pasan cosas. Que tus ojos no veían la ilusión de los demás sino la tuya por marcharte.
“Passengers with flight One After 909, please go to the gate..”
jueves, 7 de febrero de 2013
Lo divertido de todo esto no es que me entiendas
Escribir con P.J. Harvey de fondo es una trampa que todos hemos hecho en los días que las palabras salen demasiado ordenadas. Esos días que, si lo escribes todo del derecho, te quedas desnudo como en la pesadilla esa en la que sales a recoger un premio y todo el mundo comienza a reirse.
Todos hemos tenido esa pesadilla. Esa y la de estar cayendo por un acantilado.
Hay días que prefieres que sea cierto. Lo de estar desnudo, porque lo de caer por un acantilado es otra historia. Esos días te pones a P.J. Harvey de fondo y te ríes de los grandes escritores con un cigarro de liar y un whisky doce años.
Lo mejor de todo es que las letras se desordenan, bailan, coquetean entre ellas, se asocian, se discuten, se reconcilian y al final todo el texto baila. Baila tanto como esas camareras de los bares de carretera que todavía sueñan con que un camionero las lleve al otro lado de la colina.
Bailan como esas noches en las que te miras en el espejo del lavabo del club y tu reflejo te lanza un beso que te vuelves a enamorar de ti mismo.
No sabría contar cuando fue la primera vez que necesité salir a recoger un premio estando vestido, pero si puedo decirte, con precisión milimétrica, cual fue el momento en el que necesité desordenar los textos para que solamente pudieras entenderlo si lo haces exactamente en el mismo orden en el que lo escribo.
Si supieras las veces que me he perdido en el laberinto de mis letras, sabrías que, por mucho que lo intentes, nunca conseguirás enredar tanto mi cabeza como lo hago yo.
Al principio resulta divertido ver las fórmulas que aportas a los pasillos de mis pensamientos , pero al final solamente es otro trabalenguas más.
¿Has visto esos laberintos de setos que hay en los parques y que nadie se pierde en ellos?
Todos queremos perdernos alguna vez, pero es difícil cuando conoces las salidas y las señales. Cuando todo el mundo grita en dirección contraria a la espiral de piedra del centro del universo.
Sabes que solamente tienes que andar en la misma dirección, hasta que alguien que lleve tiempo perdido te deje que le acompañes. No te vas a perder por mucho que corra o que lea el nombre de las calles de derecha a izquierda.
No te vas a perder porque solamente tienes que disimular y esperar a que se encuentre, a que se ordene.
No tengas miedo por el texto, aunque creas no entenderlo. Lo has pillado a la primera y esta noche, cuando sueñes con una camarera desnuda pronunciando su discurso de graduación, verás que es todo mucho más sencillo de lo que imaginas y que lo divertido de todo esto no es que me entiendas, es que consigas perder el miedo a perderte conmigo.
Todos hemos tenido esa pesadilla. Esa y la de estar cayendo por un acantilado.
Hay días que prefieres que sea cierto. Lo de estar desnudo, porque lo de caer por un acantilado es otra historia. Esos días te pones a P.J. Harvey de fondo y te ríes de los grandes escritores con un cigarro de liar y un whisky doce años.
Lo mejor de todo es que las letras se desordenan, bailan, coquetean entre ellas, se asocian, se discuten, se reconcilian y al final todo el texto baila. Baila tanto como esas camareras de los bares de carretera que todavía sueñan con que un camionero las lleve al otro lado de la colina.
Bailan como esas noches en las que te miras en el espejo del lavabo del club y tu reflejo te lanza un beso que te vuelves a enamorar de ti mismo.
No sabría contar cuando fue la primera vez que necesité salir a recoger un premio estando vestido, pero si puedo decirte, con precisión milimétrica, cual fue el momento en el que necesité desordenar los textos para que solamente pudieras entenderlo si lo haces exactamente en el mismo orden en el que lo escribo.
Si supieras las veces que me he perdido en el laberinto de mis letras, sabrías que, por mucho que lo intentes, nunca conseguirás enredar tanto mi cabeza como lo hago yo.
Al principio resulta divertido ver las fórmulas que aportas a los pasillos de mis pensamientos , pero al final solamente es otro trabalenguas más.
¿Has visto esos laberintos de setos que hay en los parques y que nadie se pierde en ellos?
Todos queremos perdernos alguna vez, pero es difícil cuando conoces las salidas y las señales. Cuando todo el mundo grita en dirección contraria a la espiral de piedra del centro del universo.
Sabes que solamente tienes que andar en la misma dirección, hasta que alguien que lleve tiempo perdido te deje que le acompañes. No te vas a perder por mucho que corra o que lea el nombre de las calles de derecha a izquierda.
No te vas a perder porque solamente tienes que disimular y esperar a que se encuentre, a que se ordene.
No tengas miedo por el texto, aunque creas no entenderlo. Lo has pillado a la primera y esta noche, cuando sueñes con una camarera desnuda pronunciando su discurso de graduación, verás que es todo mucho más sencillo de lo que imaginas y que lo divertido de todo esto no es que me entiendas, es que consigas perder el miedo a perderte conmigo.
viernes, 18 de enero de 2013
Mi abuela me hablaba de amor
Cuando conocí
a mi abuela materna yo estaba metido en mi adolescencia. Mi abuela se cansó de
aguantar al machista de su marido y se fue a Italia.
Mi abuelo no
era un mal tipo, era como todos los abuelos de la época. El problema es que mi
abuela no era una abuela estándar, era avanzada a su tiempo.
En medio de
una dictadura franquista, y con riesgo de acabar en prisión, decidió abandonar
a su marido e hijos y emigró.
Nunca la juzgué
por lo que hizo, aunque sí lo hicieron sus hijos que se vieron abandonados y
sin madre.
Para mí no
fue una abuela como mi abuela paterna, que estuvo ahí desde siempre, y fue la que
hizo las funciones que estamos acostumbrados a ver que hacen las abuelas.
Cuando la
conocí fue como ver a una estrella de cine. Era sofisticada, guapa. Sin duda
fue una mujer guapísima en su juventud y con un genio más propio de una
italiana que de una cordobesa.
Ella me dio consejos
sobre las parejas. Nunca contó nada de lo que había vivido en Italia, pero entendía
mucho sobre el amor.
Claro está
que no le hice ni caso...o sí. Quizá aquellos consejos calaron dentro y los he
ido aplicando.
Me dijo:
-Cuando te
pregunten "¿Cómo estás?" Responde siempre que estás bien. Aunque sea
a modo de saludo, si dices otra cosa no servirá de nada o se reirán de ti.
Dirán "mira el pringao este".
-Nunca des
pena, lo peor de una persona es que dé pena. Eres fuerte, valiente, inteligente
y nadie puede tener pena de alguien como tú. No dejes que nadie sienta pena de
ti. No necesitas la pena de nadie.
-Si una mujer
decide marcharse, no supliques. Deja que se marche. Si después de suplicar consigues
que se quede no habrá magia y sin magia no hay amor. No merece tu amor una mujer
que no sabe ver tu magia.
-Nunca dejes
que te humillen y mucho menos te humilles a ti mismo.
-No vuelvas
nunca con una mujer que se fue. NUNCA. (este consejo me lo salté varias veces hasta
que lo entendí).
-Cuando
estés enamorado, déjate llevar. No hagas planes para hacer que no se marche o
para que esté loca por ti. Para que esté loca por ti solamente tienes que hacerla
sentir, mucho, hasta el punto que sienta que le va a dar un ataque al corazón.
Haz que cada momento sea mágico.
-No creas en
el amor para toda la vida. Simplemente ama de forma que no te puedan olvidar jamás.
Que el día que esté en su lecho de muerte vea tu cara y diga tu nombre.
-No odies a
nadie. Si te hacen daño sin querer, perdona. Si te han hecho daño a posta, no
vuelvas a tener contacto con esa persona. No intentes vengarte, si te sale mal
la venganza tendrás el doble de sufrimiento.
Ella nunca
me hablaba de trabajo, política, sociedad, etc... Ella siempre hablaba de amor
entre personas.
Y aunque
nunca tuve esa complicidad que tenía con mi abuela paterna, los años que estuvo
con nosotros fue como tener a Sophia Loren en casa.
Mi manchi, nonna...domingo, 13 de enero de 2013
Lidia y Dancing Moog
En la radio del coche suena una versión bootleg, "Good life" de Inner City. Las luces incandescentes de los semáforos pasan casi tan deprisa como late mi corazón.
-Qué muerte tan horrible. Morir en un descapotable con italo music a todo volumen en medio de Passeig de Gràcia.
Lo digo con una sonrisa aunque, realmente, tengo miedo de que en uno de esos semáforos que nos estamos saltando, un coche nos empotre contra el Palau Robert.
- ¿Sabes una muerte horrible de verdad? una muerte horrible es esa que te deja a medias. Es una putada, estás luchando por tener un futuro mejor y de pronto, una enfermedad, un accidente y te deja a medias, simplemente con el sacrificio.
- La madre que me parió. Voy en un coche a 160 km/h por Barcelona, conduce una loca drogata, fanática de la italo music y del “carpe diem”.- Esta vez lo digo con una media sonrisa y con bastante miedo.
- Relájate, ya llegamos.
Aparca en uno de esos garajes inteligentes que dejas el coche en una habitación y desaparece. Cruzamos Las Ramblas y entramos en la calle Arc de Teatre.
-¿Aquí no es donde dice Zafón que está el cementerio de los libros olvidados en “la sombra del viento”?
-¿Aquí? Quizá esté el cementerio de los yonkis olvidados o el cementerio de las putas de 80 años. Flaco favor le hace a los turistas con referencias a este tipo de callejuelas.
Es curioso ver una cola de 50 personas hiper-mega-super-fashion victim, en medio de una callejuela casi en penumbras con olor a orines.
La puerta del “Dancing Moog” es una estrecha puerta flanqueada por un gorila dos veces más grande que la puerta.
Los yonkis, vagabundos y vendedores de rosas o bebidas se pasean por la cola con la intención de sacar unos euros o, en su defecto, un cigarro. Pero no hay suerte, porque parecen invisibles.
Nos saltamos la cola. El gran guardia de seguridad le da dos besos a Lidia e intenta darme otros dos a mi.
-Tranqui amigo, nunca beso en la primera cita.- Le digo sonriendo mientras le doy una calada a mi nobel triple filtro. Se ríe y nos deja pasar.
Antes de llegar al guardarropa, Lidia desaparece, como si se hubiera volatilizado, como si uno de los láser que hay en la sala le hubiese dado de lleno, así que decido tomar algo.
Una camarera extremadamente delgada y con ojeras se me acerca con cara de mala leche, me mira y me dice:
-Bueno ¿qué?
-Una cerveza. Pero una que tenga cuerpo, simpática.
Creo que no lo ha pillado, ni ella, ni ninguno de los guiris que están en la sala.
Una rubia, tan esquelética como la camarera, me mira, le da un trago a su lata de Red-Bull y me suelta un ataque directo.
-Será lo único con cuerpo que pruebes esta noche.
——— Continuará —————
-Qué muerte tan horrible. Morir en un descapotable con italo music a todo volumen en medio de Passeig de Gràcia.
Lo digo con una sonrisa aunque, realmente, tengo miedo de que en uno de esos semáforos que nos estamos saltando, un coche nos empotre contra el Palau Robert.
- ¿Sabes una muerte horrible de verdad? una muerte horrible es esa que te deja a medias. Es una putada, estás luchando por tener un futuro mejor y de pronto, una enfermedad, un accidente y te deja a medias, simplemente con el sacrificio.
- La madre que me parió. Voy en un coche a 160 km/h por Barcelona, conduce una loca drogata, fanática de la italo music y del “carpe diem”.- Esta vez lo digo con una media sonrisa y con bastante miedo.
- Relájate, ya llegamos.
Aparca en uno de esos garajes inteligentes que dejas el coche en una habitación y desaparece. Cruzamos Las Ramblas y entramos en la calle Arc de Teatre.
-¿Aquí no es donde dice Zafón que está el cementerio de los libros olvidados en “la sombra del viento”?
-¿Aquí? Quizá esté el cementerio de los yonkis olvidados o el cementerio de las putas de 80 años. Flaco favor le hace a los turistas con referencias a este tipo de callejuelas.
Es curioso ver una cola de 50 personas hiper-mega-super-fashion victim, en medio de una callejuela casi en penumbras con olor a orines.
La puerta del “Dancing Moog” es una estrecha puerta flanqueada por un gorila dos veces más grande que la puerta.
Los yonkis, vagabundos y vendedores de rosas o bebidas se pasean por la cola con la intención de sacar unos euros o, en su defecto, un cigarro. Pero no hay suerte, porque parecen invisibles.
Nos saltamos la cola. El gran guardia de seguridad le da dos besos a Lidia e intenta darme otros dos a mi.
-Tranqui amigo, nunca beso en la primera cita.- Le digo sonriendo mientras le doy una calada a mi nobel triple filtro. Se ríe y nos deja pasar.
Antes de llegar al guardarropa, Lidia desaparece, como si se hubiera volatilizado, como si uno de los láser que hay en la sala le hubiese dado de lleno, así que decido tomar algo.
Una camarera extremadamente delgada y con ojeras se me acerca con cara de mala leche, me mira y me dice:
-Bueno ¿qué?
-Una cerveza. Pero una que tenga cuerpo, simpática.
Creo que no lo ha pillado, ni ella, ni ninguno de los guiris que están en la sala.
Una rubia, tan esquelética como la camarera, me mira, le da un trago a su lata de Red-Bull y me suelta un ataque directo.
-Será lo único con cuerpo que pruebes esta noche.
——— Continuará —————
lunes, 7 de enero de 2013
Creí poder vivir en el fondo de una piscina
“¡Respirá
nene, respirá!” me decía desde el borde de la piscina.
Lo único que
quería era perder por un momento todo ese ruido que había siempre alrededor.
Ruido de coches, taladros, familiares, niños, de los clientes de los bares, de
madres histéricas en la cola del súper.
“¡Respirá
nene!” seguía gritando y su voz llegaba ahogada al fondo de las piscina. Quería
quedarme allí sentado para siempre, observando cómo la luz jugaba con el agua,
en el silencio de la profundidad.
Mi intención
no era otra que tener paz en ese momento en el que mi cabeza parecía
colapsada. En ese momento en el que nada parecía avanzar hacia ningún sitio.
Sólo quería
estar sentado en el fondo y no necesitaba a nadie que me gritara desde el borde
que necesitaba respirar.
Pensaba que,
quizá en algún momento, se abrirían branquias en mi cuello y podría respirar
tranquilamente en el fondo. Alimentarme de las algas que salen en los azulejos
de la piscina.
Quizá
conocer una sirena y vivir en su reino en las profundidades del mar.
Todo comenzó
a volverse borroso, salían burbujas por todas partes como si estuviese en una
olla a presión que ha comenzado a hervir.
A las dos horas, el ruido era otra vez intenso. Todo el mundo corría.
A las dos horas, el ruido era otra vez intenso. Todo el mundo corría.
-1001, 1002,
1003, 1004… ventilación… ¿Tenemos pulso? 1001, 1002, 1003, 1004…
-Tenemos
pulso-Dijo alguien a mi izquierda.
Después,
cantaba la sirena con insistencia.
-¿Cómo te
llamas? ¿Dónde vives?-Me decía una voz calmada que me cogía la mano.
Su voz era
dulce, casi un susurro. Su mano era suave. Me daba palmaditas en las
mejillas.
-Escúchame. Aquí, aquí. ¿Cómo te llamas?
Volvía a
escuchar todo el ruido y la gente no paraba de gritar y correr. Todos me
hablaban como si me conocieran de años.
-Creo que
está en shock.
-No estoy en
shock.- Intenté gritar- No estoy en shock. Sólo quería que el mundo se quedara
en silencio.
No salía ni
una palabra de mi boca y el mundo seguía tan ruidoso como siempre. Máquinas que
pitaban, niños que lloraban, pasos con tacones por los pasillos y frío, mucho
frío.
Todo volvió
a la normalidad y el mundo seguía haciendo ruido. Tanto ruido como siempre, tan
intenso como siempre, tan atroz y tan dulce. Tan cuerdo y tan loco. Tan sutil y
descarado.
-¿Qué pasó
en la piscina?-Me preguntó mirándome a los ojos con incomprensión.
-No lo sé, a
veces, uno necesita frenar un poco todo este torbellino de sensaciones. A
veces, uno consigue lo que desea y la vida gira tan rápido que no hay forma de
frenar.
No
encontraba otra forma de conseguir paz por unos minutos y creí poder vivir en
el fondo de una piscina. Lejos de todo.
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