Escribir con P.J. Harvey de fondo es una trampa que todos hemos hecho en los días que las palabras salen demasiado ordenadas. Esos días que, si lo escribes todo del derecho, te quedas desnudo como en la pesadilla esa en la que sales a recoger un premio y todo el mundo comienza a reirse.
Todos hemos tenido esa pesadilla. Esa y la de estar cayendo por un acantilado.
Hay días que prefieres que sea cierto. Lo de estar desnudo, porque lo de caer por un acantilado es otra historia. Esos días te pones a P.J. Harvey de fondo y te ríes de los grandes escritores con un cigarro de liar y un whisky doce años.
Lo mejor de todo es que las letras se desordenan, bailan, coquetean entre ellas, se asocian, se discuten, se reconcilian y al final todo el texto baila. Baila tanto como esas camareras de los bares de carretera que todavía sueñan con que un camionero las lleve al otro lado de la colina.
Bailan como esas noches en las que te miras en el espejo del lavabo del club y tu reflejo te lanza un beso que te vuelves a enamorar de ti mismo.
No sabría contar cuando fue la primera vez que necesité salir a recoger un premio estando vestido, pero si puedo decirte, con precisión milimétrica, cual fue el momento en el que necesité desordenar los textos para que solamente pudieras entenderlo si lo haces exactamente en el mismo orden en el que lo escribo.
Si supieras las veces que me he perdido en el laberinto de mis letras, sabrías que, por mucho que lo intentes, nunca conseguirás enredar tanto mi cabeza como lo hago yo.
Al principio resulta divertido ver las fórmulas que aportas a los pasillos de mis pensamientos , pero al final solamente es otro trabalenguas más.
¿Has visto esos laberintos de setos que hay en los parques y que nadie se pierde en ellos?
Todos queremos perdernos alguna vez, pero es difícil cuando conoces las salidas y las señales. Cuando todo el mundo grita en dirección contraria a la espiral de piedra del centro del universo.
Sabes que solamente tienes que andar en la misma dirección, hasta que alguien que lleve tiempo perdido te deje que le acompañes. No te vas a perder por mucho que corra o que lea el nombre de las calles de derecha a izquierda.
No te vas a perder porque solamente tienes que disimular y esperar a que se encuentre, a que se ordene.
No tengas miedo por el texto, aunque creas no entenderlo. Lo has pillado a la primera y esta noche, cuando sueñes con una camarera desnuda pronunciando su discurso de graduación, verás que es todo mucho más sencillo de lo que imaginas y que lo divertido de todo esto no es que me entiendas, es que consigas perder el miedo a perderte conmigo.
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