El bar olía
a esos ambientadores baratos que usan ahora para tapar el olor a cerveza y
humedad que antes tapaba el olor a tabaco.
En la
pantalla que había colgada justo delante de mí estaban emitiendo uno de esos
partidos que nadie ve, un Alcorcón-Getafe o algo así.
Me pedí un
macallan 12 doble con hielo y me senté en la barra dejando mi abrigo doblado en
el taburete que había justo al lado.
Estaba toda
la barra vacía, pero de esta forma dejaba claro que no quería tener a nadie a
mi lado comentando cualquier cosa que, seguramente, era menos interesante que
mi egocéntrica y egoísta conversación interna.
En pocos
minutos una chica con olor a un perfume amandarinado se acercó justo a ese
taburete.
-¿Puedes
apartar el abrigo?
-Sí, claro.
Aparté el
abrigo y lo situé justo en el taburete de mi izquierda.
-¿Qué bebes?
-Whisky.
Le hizo una
señal al barman y pidió lo mismo que yo. Le dio un trago y disimuló que era
demasiado fuerte para su inocente y virginal garganta de chica perdida.
-Esto está
muy fuerte, ¿siempre bebes lo mismo?
-No, hoy me
apetecía algo fuerte.
-A mí
también, he tenido un día muy duro.
Me miraba
esperando que me interesara en su largo y tedioso día. Cosa que no ocurrió.
-No eres muy
hablador.
-No.
-Soy nueva
en la ciudad, podríamos sentarnos en una mesa.
-Aquí estoy
bien.
-¿Por qué
eres tan borde? Solamente estoy intentando ser agradable.
-Verás, no
se suelen sentar chicas en el taburete de al lado. He contado como 10 tíos que
te están mirando y les encantaría explicarte los secretos de la ciudad y de sus
habitaciones.
Como no
conoces a ninguno de ellos y a mí tampoco, el resultado sería exactamente el
mismo.
Considerando
que alguno de ellos son muchos más atractivos que yo, hay tres opciones que
pueden hacerte acercarte a mí.
Que acabes
de salir de una relación con un tipo totalmente diferente a mí y quieras
vengarte de él acostándote conmigo. Que seas una profesional y me veas solo en
la barra y consideres que soy un posible cliente o que, realmente, pienses que
puedo ser una pareja potencial y ello nos llevaría a estar unos meses conociéndonos.
Te pasarías
esos días intentado hacerme ver que eres una estupenda pareja y que no podré
encontrar a otra igual a ti. Después yo me lo empezaré a creer y una mañana
descubrirás, mientras te tomas el zumo de naranja que te habré preparado, que me
has domesticado y decidirás que no soy lo suficiente emocionante para tu mente
cazadora.
Te largarás
y me costará un mes o dos volver a disfrutar de un macallan en un bar.
En
cualquiera de los casos, no estoy interesado. Así que te recomiendo que aceptes
que te invite a ese whisky y me dejes disfrutar del partido que están dando.
-Guau, eres
un tío muy rarito. Te explico, soy nueva en la ciudad. No conozco a nadie y no
tengo ganas de aguantar a ninguno de esos tíos que solamente piensan en
acostarse conmigo.
Te vi en la
barra y, de todos los del bar, eres el único que no apartó la vista del
televisor. Lo que me hace pensar o que eres gay o que no estás interesado en
una relación sexual y es por eso por lo que me he sentado a tu lado. No
necesito que me invites a nada.
-Está bien, ¿nos
sentamos en una mesa?
-No, estoy
bien en la barra.
-¡Cazadora!