domingo, 11 de noviembre de 2012

Cómo me convertí en un capullo de pueblo


He ido leyendo las viñetas de Raquel Córcoles (Moderna de pueblo) y cuál ha sido mi sorpresa cuando me he enterado que va a sacar un comic hablando de lo capullos que somos los tíos (que lo somos…algunos…en algún momento…no siempre…ni con todas).
Seguramente me lo compraré y me lo leeré porque es muy divertida, pero os tenía que contar mi aventura con una “moderna de pueblo”. Porque a veces está justificado que uno se comporte como un capullo.
(Los hechos están dramatizados y exagerados, algunas cosas me las voy a inventar. Si alguna se da por aludida, no eras tú…de verdad).
Llevaba tiempo que seguía por twitter a una chica que era la más moderna del mundo. Estaba siempre en fiestas increíbles, vacaciones a las ciudades más alucinantes, en los mejores eventos de la ciudad.
 Como yo soy bastante de pueblo, comencé a “flirtear” con ella y conseguí quedar un día para tomar un café.
Fue en un Starbucks, por supuesto.
-Hola, un café.
Tras la mirada  del camarero descubrí que en Starbucks no puedes pedir un café. Tienes que pedir un café con leche que lo llaman de forma rara, te cobran 5€ y te lo ponen un vaso de cartón. Eso sí, con tu nombre a rotulador.
-¿Me pones un vaso vacío? Si total, es para la foto del twitter.
Ella buscó la zona del bar que mejor luz le daba, se colocó el pelo (en el momento se llevaba flequillo recto) y sacó su iphone.
Sin exagerar, no pasaron ni cinco minutos y el dichoso bicho empezó a sonar. Ella cogió su “teláifono” (lo llamaba así. En serio) y contestaba con sonrisitas a lo que fuese que estaba al otro lado del “puto móvil” (yo lo llamo así).
-Ay, perdona. Habla, habla, que te escucho. Es que tengo que contestar esto.
 -¿Sabes que las recepciones del embajador son famosas por su buen gusto a la hora de escoger sus bombones?
-Aha.-Seguía mirando al móvil.
-Mister Propper era antes, ahora se llama Don Limpio.
-Aha.- Seguía mirando al móvil.
-Si vienes antes del 30 de septiembre, el IVA gratis.
-Aha. Sí, el IVA gratis. – A veces repetía la última frase para dar sensación de estar escuchando.

Yo decía chorradas sin sentido para ver si escuchaba de verdad y descubrí que no…que no escuchaba.
Dejó el móvil y comenzó a hablar…Maldita la hora. Aquello no era hablar, era una lectura rápida del quijote en castellano antiguo.
Estaba esperando que en algún momento parase a coger aire para poder decir algo pero, por lo visto, había aprendido una técnica de esas que coges el aire al mismo tiempo que lo sueltas.
Me estaban entrando sudores, taquicardias, nauseas, mareos. Estoy seguro que si me hubiese desmayado, ella seguiría hablando o habría empezado a chatear con el móvil otra vez.
Después, empezó a hablar de su ex. Tengo una teoría con el tema ex, la llamo “teoría de Satán”.
¿Sabéis esa historia que dicen que si dices 3 veces Satán mirando a la Luna llena se te aparece?
Pues las tías se la creen con sus ex. Si los nombran tres veces en la misma cita es porque quieren que vuelva. Yo a la tercera vez que oigo “mi ex” si no veo una opción clara de sexo, me largo.

-Bueno, pues ha sido un placer conocerte. Ya quedaremos otro día. (¡Mentira! No quiero volver a verte en la vida).
-Ay, pero no te vayas todavía. Han abierto una galería en el centro y hacen una exposición de un amigo.

Cuando llevaba media hora viendo cómo ella jugaba con su pelo y hablaba con un tío que parecía sacado de un catálogo de Mango, me largué sin decir nada.
Al llegar a casa tenía como 10 mensajes (DM de twitter que no había whatsapp).
Decía que estaba nerviosa, que le daba vergüenza, que estaba cansada del trabajo…(ponga aquí su excusa favorita).
De forma increíble pero cierta, ella quería volver a quedar y quedamos.
Ese día sí que se comportó bien y lo pasamos genial y tuvimos sexo y… al día siguiente empezó con el “no sé lo que quiero”, “es que acabo de salir del psiquiátrico”, (aquí excusa favorita otra vez).
Pensé: Ya está, puerta. Una loca menos.
Pero qué iluso era yo. Ella sí que sabía lo que quería, ¡¡¡volverme loco!!!
Estuve un par de meses aguantando lo que llamo una “relación canina”. Te trata como a un perro…ahora te acaricio la panza y ahora tráeme el palito. Ahora sit, ahora dame la patita.

Así que un día fui valiente y decidí enfrentarme a ella. Decirle cómo me hacía sentir, lo mal que me trataba y que lo nuestro se acababa…Y le di a enviar email.
Y así me convertí en un capullo que podría aparecer en el libro de “Moderna de pueblo”. Ella tiene su versión en la que soy Satán. Pero como en todo, está su versión y la real.

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