Tenía que elegir una mata de olivo de entre las muchas que
salían entre la pinaza y las hojas secas del suelo.
Me
recomendaban algunas que tenían muchas hojas, un tronco fuerte o que sobresalía
de entre todas. A mí me gustó una mata que estaba tapada entre la maleza, con
el tronco torcido y cuatro hojas medio quemadas.
La pusimos
en una maceta y comenzamos a buscar en otro rincón una mata de aloe vera. Al
igual que con el olivo, preferí una mata que tenía una de sus hojas chafada a
la mitad y con motas de color marrón.
Al llegar a
casa las coloqué junto a la ventana, en el suelo. Sentía que necesitaba una
planta más para darle algo de vida al piso y en un supermercado vimos una
oferta de plantas baratas.
Eran todas
iguales con unas flores pequeñas blancas.
A mí me
gustó una que estaba al final de la estantería, sin flores y con las hojas encogidas.
Ella me
miraba y sonreía mientras yo miraba la planta con cariño y algo de pena, por
qué no decirlo.
Al principio
era duro controlar el cuidado de las plantas. A veces me pasaba regándolas,
otras estaban demasiado secas. Se les caían las hojas, les faltaba luz, les
sobraba sol, no les daba el aire, había demasiado aire.
Tuve que ir
aprendiendo poco a poco en qué momento necesitaban cada cosa y en qué cantidad.
Un amigo me
regaló una planta preciosa, unas hojas fuertes, una flor estupenda, daba igual
regarla mucho o poco, la luz o la sombra.
Me encantaba
mirar la planta y lo fácil que era tenerla allí y lo mucho que iluminaba la
sala.
Una mañana y
sin previo aviso, la planta apareció con todas las hojas marchitas, las raíces secas
y la flor de color marrón.
No sabía qué
había pasado en sólo una noche. Fui a preguntar a un profesional.
Por lo visto
lo había hecho todo mal. Todas las señales que sabía captar con las otras
plantas después de mucho luchar por salvarlas no sabía verlas en esta que
parecía estar siempre bien.
Y ahí sigo
con mis tres plantas, dándoles justamente lo que necesitan.
Hola Juanra!
ResponderEliminarEsta entrada me ha hecho reflexionar.
Tu experiencia me demuestra que hay que cuidar a todas las plantas. Igual que las personas. Algunas, aunque aparenten físicamente ser fuertes y sanas, están destrozadas por dentro. Hay que saber cuidar a todo tipo de plantas y no es tarea fácil. Lo mismo con las personas. :/
Voy a seguir leyendo todo lo que me he perdido. Un besazo!
Hola Marta!!!!
EliminarNo lo había mirado desde el punto de vista de la planta!!!!
Muchas gracias por darle un nuevo enfoque que ni yo había pensado. Tienes mucha razón.
Es importante que las personas sepan expresar sus necesidades (porque las planta no se expresan), así el entorno sabe como actuar frente a esa situación.
Un beso y un abrazo Martita!