Llevaba
cuatro días flotando entre anocheceres y terrazas. Había estado dándole vueltas
a todo eso que me hizo ir a la isla.
Además, en
esos días, no había conseguido tener una buena conversación con nadie, hasta el
momento en el que se sentó Miguel en mi mesa.
-Niño, esto
está muy solo. –Me dijo con una sonrisa simpática.
Me limité a
sonreírle y volví a mirar la pantalla de mi móvil.
-No voy a
hablar casi nada. Si me da su permiso, me voy a sentar un rato aquí. Por no
estar cada uno en una punta de la terraza, que parece que seamos una pareja
enfadada.-Me dijo mientras se sentaba.
-Claro, no
hay mucha gente aquí. Llevo unos días un poco aislado y no me vendrá mal un
poco de conversación.
Se levantó
de la silla y puso sus manos en forma de megáfono.
-¡Señora
Rosa! Pónganos un Binitord Negre Roure.
Rosa, no era
ninguna señora o, por lo menos, no aparentaba serlo. Era una chica saliendo de
la treintena, con el pelo mal peinado y una sonrisa agradable. La primera
sensación que daba era que, en cualquier momento, se pondría a hacer algún tipo
de malabares o que se encendería un porro de marihuana. Pero al hablar esa
sensación se desvanecía. Tenía una voz dulce y aguda, marcando sonoramente
todas las erres y emes.
Nos dejó dos
copas en la mesa, abrió el vino y se lo hizo probar a Miguel.
-Ponle al
muchacho, que pruebe que maravillas nos da esta tierra. Esto por Can Fanga no
lo probáis.
Le di un
trago y miré a Miguel.
-Así no se
saborea un vino…Ni la vida.
-No te
entiendo.
-Verás, dale
un trago largo y aguanta el vino en la boca.
Hice lo que
me dijo y empecé a notar un cosquilleo en la boca. El sabor amargo del alcohol
y, cuando no pude más, me lo tragué sintiendo como el vino caliente pasaba por
mi garganta.
Miguel me
miró fijamente.
-¿Lo ves?
Así no puedes saborear nada. Debes sentir como su olor entra por tu nariz
primero, notar su aroma que se mezcla con los olores de este lugar. Después, le
das un sorbo y dejas que se pasee por toda tu boca, que el líquido tome vida
dentro y, una vez que haya pasado, tragar mientras aún está casi a temperatura
ambiente.
Es como la
brisa, ¿notas la brisa? Intenta cogerla con las manos.
Sabía que no
podría atrapar el viento, pero aún así hice el intento de cogerlo.
-No puedes.
Sin embargo, abre tus manos y deja que la brisa acaricie tus palmas, nota cómo
pasa entre tus dedos, cómo roza tus yemas. Nota el aire pasar entre tu cabello.
Siente el aire acariciando tu cara.
Cerré los
ojos y sentí todas aquellas caricias a la vez. Era como si miles de pequeñas
plumas recorrieran mi piel.
-Las
sensaciones no se pueden atrapar, no puedes tenerlas. Tienes que disfrutar
mientras pasan y, una vez que ha pasado, buscar otras. No puedes mantener toda
la vida un trago de vino en la boca porque llega un momento que deja de ser
agradable.
Cuando decían "las oportunidades vienen y se van" se olvidaron de incluir las sensaciones en el lote. Porque ellas, como bien dices, también vienen... y para cuando se van depende de uno el haberlas vivido! ˆˆ (Recordando, eso sí, que no por no vivirlas todas se vive "peor". A cada momento su historia...)
ResponderEliminarPues tienes toda la razón...No hace falta vivirlas todas, pero sí todas las que deseamos vivir y disfrutar de las que vivimos.
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