He ido leyendo las viñetas de Raquel Córcoles (Moderna de
pueblo) y cuál ha sido mi sorpresa cuando me he enterado que va a sacar un
comic hablando de lo capullos que somos los tíos (que lo somos…algunos…en algún
momento…no siempre…ni con todas).
Seguramente me lo compraré y me lo leeré porque es muy
divertida, pero os tenía que contar mi aventura con una “moderna de pueblo”.
Porque a veces está justificado que uno se comporte como un capullo.
(Los hechos están dramatizados y exagerados, algunas cosas
me las voy a inventar. Si alguna se da por aludida, no eras tú…de verdad).
Llevaba tiempo que seguía por twitter a una chica que era la
más moderna del mundo. Estaba siempre en fiestas increíbles, vacaciones a las
ciudades más alucinantes, en los mejores eventos de la ciudad.
Como yo soy bastante
de pueblo, comencé a “flirtear” con ella y conseguí quedar un día para tomar un
café.
Fue en un Starbucks, por supuesto.
-Hola, un café.
Tras la mirada del
camarero descubrí que en Starbucks no puedes pedir un café. Tienes que pedir un
café con leche que lo llaman de forma rara, te cobran 5€ y te lo ponen un vaso
de cartón. Eso sí, con tu nombre a rotulador.
-¿Me pones un vaso vacío? Si total, es para la foto del
twitter.
Ella buscó la zona del bar que mejor luz le daba, se colocó
el pelo (en el momento se llevaba flequillo recto) y sacó su iphone.
Sin exagerar, no pasaron ni cinco minutos y el dichoso bicho
empezó a sonar. Ella cogió su “teláifono” (lo llamaba así. En serio) y
contestaba con sonrisitas a lo que fuese que estaba al otro lado del “puto
móvil” (yo lo llamo así).
-Ay,
perdona. Habla, habla, que te escucho. Es que tengo que contestar esto.
-¿Sabes que las recepciones del embajador son
famosas por su buen gusto a la hora de escoger sus bombones?
-Aha.-Seguía
mirando al móvil.
-Mister
Propper era antes, ahora se llama Don Limpio.
-Aha.-
Seguía mirando al móvil.
-Si vienes
antes del 30 de septiembre, el IVA gratis.
-Aha. Sí, el
IVA gratis. – A veces repetía la última frase para dar sensación de estar escuchando.
Yo decía
chorradas sin sentido para ver si escuchaba de verdad y descubrí que no…que no
escuchaba.
Dejó el
móvil y comenzó a hablar…Maldita la hora. Aquello no era hablar, era una
lectura rápida del quijote en castellano antiguo.
Estaba
esperando que en algún momento parase a coger aire para poder decir algo pero,
por lo visto, había aprendido una técnica de esas que coges el aire al mismo
tiempo que lo sueltas.
Me estaban
entrando sudores, taquicardias, nauseas, mareos. Estoy seguro que si me hubiese
desmayado, ella seguiría hablando o habría empezado a chatear con el móvil otra
vez.
Después,
empezó a hablar de su ex. Tengo una teoría con el tema ex, la llamo “teoría de
Satán”.
¿Sabéis esa
historia que dicen que si dices 3 veces Satán mirando a la Luna llena se te
aparece?
Pues las
tías se la creen con sus ex. Si los nombran tres veces en la misma cita es
porque quieren que vuelva. Yo a la tercera vez que oigo “mi ex” si no veo una
opción clara de sexo, me largo.
-Bueno, pues
ha sido un placer conocerte. Ya quedaremos otro día. (¡Mentira! No quiero
volver a verte en la vida).
-Ay, pero no
te vayas todavía. Han abierto una galería en el centro y hacen una exposición
de un amigo.
Cuando
llevaba media hora viendo cómo ella jugaba con su pelo y hablaba con un tío que
parecía sacado de un catálogo de Mango, me largué sin decir nada.
Al llegar a
casa tenía como 10 mensajes (DM de twitter que no había whatsapp).
Decía que
estaba nerviosa, que le daba vergüenza, que estaba cansada del trabajo…(ponga aquí
su excusa favorita).
De forma
increíble pero cierta, ella quería volver a quedar y quedamos.
Ese día sí
que se comportó bien y lo pasamos genial y tuvimos sexo y… al día siguiente
empezó con el “no sé lo que quiero”, “es que acabo de salir del psiquiátrico”,
(aquí excusa favorita otra vez).
Pensé: Ya
está, puerta. Una loca menos.
Pero qué
iluso era yo. Ella sí que sabía lo que quería, ¡¡¡volverme loco!!!
Estuve un
par de meses aguantando lo que llamo una “relación canina”. Te trata como a un
perro…ahora te acaricio la panza y ahora tráeme el palito. Ahora sit, ahora
dame la patita.
Así que un
día fui valiente y decidí enfrentarme a ella. Decirle cómo me hacía sentir, lo
mal que me trataba y que lo nuestro se acababa…Y le di a enviar email.
Y así me convertí en un capullo que podría aparecer en
el libro de “Moderna de pueblo”. Ella tiene su versión en la que soy Satán.
Pero como en todo, está su versión y la real.