Caminaba entre los olores de la oscuridad. Pisaba la
almagama de colores. Se me hundían los pies en la esponjosa mouse de chocolate
blanco.
Bailaban las acacias al ritmo que silbaba la luz del sol y
cantaban las urracas, arrogantes y egoístas, canciones granates.
Retorcía carreteras y caminos. Soñaba, soñaba tanto que
derretía los segundos. Volaba sin motor, planea entre las dunas, gozaba con el
roce del aliento de la voz de algún caminante lejano intimando con Eco.
Los algodones sucios del cielo me empapaban la mirada. La
brújula dictaba sentencia hacia todas las direcciones. Las avispas se escondían
de las moscas.
Las ausencias se hacían presentes. Corrí para esquivarlas,
no fue suficiente el impulso del salto para llegar a la otra orilla.
Floté entre nenúfares sedientos de sol, me alimenté de las
cenizas del sauce. Me resbalé contra los días.
Pinté paredes ocres sobre el rosa chicle. Sobre el azul
marino pinté pájaros sin alas y tormentas de zumo de pomelo.
Leí ecuaciones erróneas en las cabezas huecas de los sabios.
Bailé dos notas de todas las canciones. Canté una estrofa sin terminar.
Cogí la Luna entre mis manos. Conté todas las estrellas del
cielo... dos veces.La primera vez fueron 1.287.678 y la segunda vez habían desaparecido las más importantes.
Recordé los besos y olvidé las caras. El espejo no me
entendía. Se derritió esperando que entrara por sus pasillos.
Me regaló dos sonrisa a cambio de un abrazo y se lo regaló a
uno que no vendía nada.
Me pagaron suficiente para malvivir, demasiado dinero para
aburrirme contando escalones.
“Sólo necesito una paga y señal para reservártelo, pero tienes
que darte prisa porque tengo una parejita interesada que necesita cuentos
medievales para antes del fin del mundo” me dijeron y les creí.
No me aplaudieron entonces y no lo harán ahora. No me
llamaron, pero dejaron un mensaje en el contestador que borre tres veces por si
decía cosas buenas.
Dibujé tres mapas para traer a mí mundo a una princesa y los
quemé con madera de cerezo. Acallé las voces que me hundían y respiré tranquilamente
humo de tabaco.
Después de diez noches aprendí a dormir en el centro de la
cama. Odié que me desplazaran de mi centro.
Amé todos los amaneceres y quiero amar los tuyos. Hice el
camino difícil y ahora vuelo entre halcones.
Y dime, ¿por qué madera de cerezo entre todas las maderas? :)
ResponderEliminarJajaja la idea era hacer que cada uno se hiciera una imagen mental de cada uno de los elementos. Obligar a crear una atmósfera personal o un mundo surrealista...
EliminarPss pss acércate que te cuento un secreto; alguien me dijo que la madera de cerezo ardía durante más tiempo y lo hacía a más temperatura.