viernes, 18 de enero de 2013

Mi abuela me hablaba de amor


Cuando conocí a mi abuela materna yo estaba metido en mi adolescencia. Mi abuela se cansó de aguantar al machista de su marido y se fue a Italia.
Mi abuelo no era un mal tipo, era como todos los abuelos de la época. El problema es que mi abuela no era una abuela estándar, era avanzada a su tiempo.
En medio de una dictadura franquista, y con riesgo de acabar en prisión, decidió abandonar a su marido e hijos y emigró.
Nunca la juzgué por lo que hizo, aunque sí lo hicieron sus hijos que se vieron abandonados y sin madre.
Para mí no fue una abuela como mi abuela paterna, que estuvo ahí desde siempre, y fue la que hizo las funciones que estamos acostumbrados a ver que hacen las abuelas.
Cuando la conocí fue como ver a una estrella de cine. Era sofisticada, guapa. Sin duda fue una mujer guapísima en su juventud y con un genio más propio de una italiana que de una cordobesa.
Ella me dio consejos sobre las parejas. Nunca contó nada de lo que había vivido en Italia, pero entendía mucho sobre el amor.
Claro está que no le hice ni caso...o sí. Quizá aquellos consejos calaron dentro y los he ido aplicando.

Me dijo:
-Cuando te pregunten "¿Cómo estás?" Responde siempre que estás bien. Aunque sea a modo de saludo, si dices otra cosa no servirá de nada o se reirán de ti. Dirán "mira el pringao este".
-Nunca des pena, lo peor de una persona es que dé pena. Eres fuerte, valiente, inteligente y nadie puede tener pena de alguien como tú. No dejes que nadie sienta pena de ti. No necesitas la pena de nadie.
-Si una mujer decide marcharse, no supliques. Deja que se marche. Si después de suplicar consigues que se quede no habrá magia y sin magia no hay amor. No merece tu amor una mujer que no sabe ver tu magia.
-Nunca dejes que te humillen y mucho menos te humilles a ti mismo.
-No vuelvas nunca con una mujer que se fue. NUNCA. (este consejo me lo salté varias veces hasta que lo entendí).
-Cuando estés enamorado, déjate llevar. No hagas planes para hacer que no se marche o para que esté loca por ti. Para que esté loca por ti solamente tienes que hacerla sentir, mucho, hasta el punto que sienta que le va a dar un ataque al corazón. Haz que cada momento sea mágico.
-No creas en el amor para toda la vida. Simplemente ama de forma que no te puedan olvidar jamás. Que el día que esté en su lecho de muerte vea tu cara y diga tu nombre.
-No odies a nadie. Si te hacen daño sin querer, perdona. Si te han hecho daño a posta, no vuelvas a tener contacto con esa persona. No intentes vengarte, si te sale mal la venganza tendrás el doble de sufrimiento.

Ella nunca me hablaba de trabajo, política, sociedad, etc... Ella siempre hablaba de amor entre personas.
Y aunque nunca tuve esa complicidad que tenía con mi abuela paterna, los años que estuvo con nosotros fue como tener a Sophia Loren en casa.
Mi manchi, nonna...


domingo, 13 de enero de 2013

Lidia y Dancing Moog

En la radio del coche suena una versión bootleg,  "Good life" de Inner City. Las luces incandescentes de los semáforos pasan casi tan deprisa como late mi corazón.

-Qué muerte tan horrible. Morir en un descapotable con italo music a todo volumen en medio de Passeig de Gràcia.

Lo digo con una sonrisa aunque, realmente, tengo miedo de que en uno de esos semáforos que nos estamos saltando, un coche nos empotre contra el Palau Robert.

- ¿Sabes una muerte horrible de verdad? una muerte horrible es esa que te deja a medias. Es una putada, estás luchando por tener un futuro mejor y de pronto, una enfermedad, un accidente y te deja a medias, simplemente con el sacrificio.
- La madre que me parió. Voy en un coche a 160 km/h por Barcelona, conduce una loca drogata, fanática de la italo music y del “carpe diem”.- Esta vez lo digo con una media sonrisa y con bastante miedo.
- Relájate, ya llegamos.

Aparca en uno de esos garajes inteligentes que dejas el coche en una habitación y desaparece. Cruzamos Las Ramblas y entramos en la calle Arc de Teatre.

-¿Aquí no es donde dice Zafón que está el cementerio de los libros olvidados en “la sombra del viento”?
-¿Aquí? Quizá esté el cementerio de los yonkis olvidados o el cementerio de las putas de 80 años. Flaco favor le hace a los turistas con referencias a este tipo de callejuelas. 

Es curioso ver una cola de 50 personas hiper-mega-super-fashion victim, en medio de una callejuela casi en penumbras con olor a orines.

La puerta del “Dancing Moog” es una estrecha puerta flanqueada por un gorila dos veces más grande que la puerta.
Los yonkis, vagabundos y vendedores de rosas o bebidas se pasean por la cola con la intención de sacar unos euros o, en su defecto, un cigarro. Pero no hay suerte, porque parecen invisibles.
Nos saltamos la cola. El gran guardia de seguridad le da dos besos a Lidia e intenta darme otros dos a mi.

-Tranqui amigo, nunca beso en la primera cita.- Le digo sonriendo mientras le doy una calada a mi nobel triple filtro. Se ríe y nos deja pasar.

Antes de llegar al guardarropa, Lidia desaparece, como si se hubiera volatilizado, como si uno de los láser que hay en la sala le hubiese dado de lleno, así que decido tomar algo.

Una camarera extremadamente delgada y con ojeras se me acerca con cara de mala leche, me mira y me dice:
-Bueno ¿qué? 
-Una cerveza. Pero una que tenga cuerpo, simpática.

Creo que no lo ha pillado, ni ella, ni ninguno de los guiris que están en la sala.
Una rubia, tan esquelética como la camarera, me mira, le da un trago a su lata de Red-Bull y me suelta un ataque directo.

-Será lo único con cuerpo que pruebes esta noche.

——— Continuará —————

lunes, 7 de enero de 2013

Creí poder vivir en el fondo de una piscina


“¡Respirá nene, respirá!” me decía desde el borde de la piscina.
Lo único que quería era perder por un momento todo ese ruido que había siempre alrededor. Ruido de coches, taladros, familiares, niños, de los clientes de los bares, de madres histéricas en la cola del súper.
“¡Respirá nene!” seguía gritando y su voz llegaba ahogada al fondo de las piscina. Quería quedarme allí sentado para siempre, observando cómo la luz jugaba con el agua, en el silencio de la profundidad.
Mi intención no era otra que tener paz en ese momento en el que mi cabeza parecía colapsada. En ese momento en el que nada parecía avanzar hacia ningún sitio.
Sólo quería estar sentado en el fondo y no necesitaba a nadie que me gritara desde el borde que necesitaba respirar.
Pensaba que, quizá en algún momento, se abrirían branquias en mi cuello y podría respirar tranquilamente en el fondo. Alimentarme de las algas que salen en los azulejos de la piscina.
Quizá conocer una sirena y vivir en su reino en las profundidades del mar.
Todo comenzó a volverse borroso, salían burbujas por todas partes como si estuviese en una olla a presión que ha comenzado a hervir.
A las dos horas, el ruido era otra vez intenso. Todo el  mundo corría.
-1001, 1002, 1003, 1004… ventilación… ¿Tenemos pulso?  1001, 1002, 1003, 1004…
-Tenemos pulso-Dijo alguien a mi izquierda.
Después, cantaba la sirena con insistencia.
-¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?-Me decía una voz calmada que me cogía la mano.
Su voz era dulce, casi un susurro. Su mano era suave. Me daba palmaditas en las mejillas.
-Escúchame. Aquí, aquí. ¿Cómo te llamas?
Volvía a escuchar todo el ruido y la gente no paraba de gritar y correr. Todos me hablaban como si me conocieran de años.
-Creo que está en shock.
-No estoy en shock.- Intenté gritar- No estoy en shock. Sólo quería que el mundo se quedara en silencio.

No salía ni una palabra de mi boca y el mundo seguía tan ruidoso como siempre. Máquinas que pitaban, niños que lloraban, pasos con tacones por los pasillos y frío, mucho frío.
Todo volvió a la normalidad y el mundo seguía haciendo ruido. Tanto ruido como siempre, tan intenso como siempre, tan atroz y tan dulce. Tan cuerdo y tan loco. Tan sutil y descarado.

-¿Qué pasó en la piscina?-Me preguntó mirándome a los ojos con incomprensión.
-No lo sé, a veces, uno necesita frenar un poco todo este torbellino de sensaciones. A veces, uno consigue lo que desea y la vida gira tan rápido que no hay forma de frenar.
No encontraba otra forma de conseguir paz por unos minutos y creí poder vivir en el fondo de una piscina. Lejos de todo.