viernes, 19 de octubre de 2012

Alondra Bentley: Garden Room


Corría noviembre de 2009 cuando por primera vez escuché “dot,dot,dot” de Alondra Bentley.
Me gustaría decir que en aquel primer álbum su música era como un bebe recién nacido y buscando madurar.
Realmente, su “Ashfield Avenue” ya era una obra maestra que recorría su tierna infancia por su calle natal con homólogo nombre que su álbum.
Eran canciones de esas que los nóbeles autores van creando de recuerdos. Ahora, con todos esos monstruos  (como les llama Anni B. Sweet) desterrados y atados, ha decidido homenajear a los suyos creando estas 10 joyas en forma de canción.
Ya declaré abiertamente mi amor incondicional por la música de Alondra en diciembre del 2009 y ahora renuevo mis votos por esta gran cantante y autora.
Quizá no la veamos en programas de televisión en prime time o la inviten a participar en festivales multitudinarios (ojalá que sí), pero su música irá entrando en la banda sonora de nuestras vidas y de nuestras salas de cine (“Buscando a Eimish”).
Le deseo la mejor de las suertes a Alondra y le felicito por su “Garden Room” que es una caricia para los sentidos.



viernes, 12 de octubre de 2012

El espejo


Recuerdo cuando apareció con una guitarra valenciana. La afinó mordiéndose el labio.

-Ahora ya la tienes afinada, es tuya.
-Pero si esta guitarra es medio muda. No se escucha.
-Te he oído tocar mi guitarra y creo que es lo mejor para la humanidad.

Así es ella, o era cuando la conocí. Siempre pensaba en la humanidad. Pero no como esos que se ponen en contra de todo y luchan contra muros.
Ella lo hace diferente. Es como el flautista de Hamelin. Te hace sentir que debes seguirla hasta el infinito y creer en lo que ella cree.
Dice una sentencia y te sonríe, arrastra sus eses, dice palabras como “maravillossoss”, “preciossoss”. Podría venderte todo el humo que sale de mis cigarrillos y se lo comprarías a precio de oro.
Mordisquea la menta del mojito y parece que le saque un elixir capaz de acabar con todo el sufrimiento.
Me enseñó a dejar de contar compases, a no dividirlo todo en 4 tiempos, a sentir cada sonido por separado y dejar que la música recorra todo mi cuerpo y tocar mi piel para sentir cada nota en la yema de mis dedos saliendo por mis poros.

-Algo te ha dormido los sentidos.- Decía cada vez que a ella le brillaban los ojos y la miraba con cara de sorpresa.

Después, los sentidos se iban despertando cada vez que ella se emocionaba y brillaba su sonrisa.
No me emocionaba con casi nada, excepto con su emoción. Como delante de un espejo que copia tus movimientos.

Eran emociones de segunda mano. Pero el cosquilleo por la espalda era el mismo.

Hay días que, al llegar a casa, me desnudo y pongo algo que me haga vibrar. La última vez fueron “The XX”.
Con la luz apagada Oliver comenzó a cantar “Reunion” y su voz jugaba por dentro de mi cabeza. Después Romy decidía darle brillo y punzar un poco mis neuronas.
Bailando con los beats de Jamie la música, the xx y yo estábamos en Reunion…en communion.

Sin un espejo al que copiar, sin tener que vibrar con las emociones de otra persona. Sensaciones genuinas. Ella me enseñó a sentirlo solo.
Es por eso por lo que hay personas que son inolvidables. Porque te cambian la vida sin que te des cuenta o hasta que un día te emocionas con The XX y ves que alguien se está reflejando en tu emoción…

viernes, 5 de octubre de 2012

Zahara: más que una chica mona que canta.


Todo empezó como una especie de flirteo en twitter. Algo así como:

Budweiser: Cómo no tenemos a Zahara en nuestro cartel?
Zahara: Eso me pregunto yo…

Estaba claro que, o era marketing del bueno y directo o estaban flirteando de la manera más directa (musicalmente hablando).

En unos días se confirmó el romance entre ellos y se citaron el 4 de Octubre en la sala Music Hall de Barcelona.
Viví  los primeros pasitos de Zahara en alguna sala de Barcelona antes de la salida de su “Fabulosa historia” y después, he ido a casi todos los conciertos que ha ofrecido en la ciudad condal.
El primer CD, el cual era inocente y casi naif, nos llevaba a esa parte más ñoña que tenemos dentro. En ese paseo entre “chicos fabulosos”, “chicas pop” y “merecidas” consecuencias por tontuna, ya vislumbrábamos una Zahara con tendencia a arañar por dentro sacando un poco de sangre. 
Lo demostraba “en la habitación”, “photofinish” y alguna que otra perla que todavía arrastra del primer CD.
Este segundo CD (mepetreses o lo que le queráis llamar) ha sido una liberación para ella y su música.
En las grabaciones de estudio ya se nota más intención musical, más desgarro emocional e incluso más cuidado en las letras y formas.
En el directo el sonido es mucho más contundente y, supongo que para quitar tensión al escenario, ha suavizado alguno de los temas más duros.
Por otro lado, ha endurecido u oscurecido algunos otros que crean la atmosfera necesaria capaz de transmitir la fuerza del tema (por ejemplo en Camino a L.A.).
En el escenario a Zahara nunca le ha faltado su simpatía (ni en sus momentos difíciles) y esa simpatía la sigue manteniendo y controlando. La ofrece en las dosis justas y necesarias.
“En la habitación” continúa siendo mi tema favorito, pero en este album el sonido y letra de “camino a L.A.” me ha sorprendido gratamente. En directo es el mejor tema de todo el repertorio, llegando a ser hipnótico.
Felicidades Zeta!




jueves, 4 de octubre de 2012

Quiero esa


Tenía que elegir una mata de olivo de entre las muchas que salían entre la pinaza y las hojas secas del suelo.
Me recomendaban algunas que tenían muchas hojas, un tronco fuerte o que sobresalía de entre todas. A mí me gustó una mata que estaba tapada entre la maleza, con el tronco torcido y cuatro hojas medio quemadas.
La pusimos en una maceta y comenzamos a buscar en otro rincón una mata de aloe vera. Al igual que con el olivo, preferí una mata que tenía una de sus hojas chafada a la mitad y con motas de color marrón.
Al llegar a casa las coloqué junto a la ventana, en el suelo. Sentía que necesitaba una planta más para darle algo de vida al piso y en un supermercado vimos una oferta de plantas baratas.
Eran todas iguales con unas flores pequeñas blancas.
A mí me gustó una que estaba al final de la estantería, sin flores  y con las hojas encogidas.
Ella me miraba y sonreía mientras yo miraba la planta con cariño y algo de pena, por qué no decirlo.
Al principio era duro controlar el cuidado de las plantas. A veces me pasaba regándolas, otras estaban demasiado secas. Se les caían las hojas, les faltaba luz, les sobraba sol, no les daba el aire, había demasiado aire.
Tuve que ir aprendiendo poco a poco en qué momento necesitaban cada cosa y en qué cantidad.
Un amigo me regaló una planta preciosa, unas hojas fuertes, una flor estupenda, daba igual regarla mucho o poco, la luz o la sombra.
Me encantaba mirar la planta y lo fácil que era tenerla allí y lo mucho que iluminaba la sala.
Una mañana y sin previo aviso, la planta apareció con todas las hojas marchitas, las raíces secas y la flor de color marrón.
No sabía qué había pasado en sólo una noche. Fui a preguntar a un profesional.
Por lo visto lo había hecho todo mal. Todas las señales que sabía captar con las otras plantas después de mucho luchar por salvarlas no sabía verlas en esta que parecía estar siempre bien.
Y ahí sigo con mis tres plantas, dándoles justamente lo que necesitan.