Mientras cantan, le piden a Jesús un hombre fuerte, musculoso y tatuado que les enseñe el lado oculto de la Luna.
Miran la Biblia con deseo y pasan las hojas mojándose el dedo y dejando todas las hojas impregnadas de hormonas adolescentes.
Los chicos miran de reojo sus rostros limpios y sin maquillaje y sueñan con desvestir aquellas angelicales y adorables chicas que entonan el “Oh! Mother Mary” con tanta sensualidad que el Diablo podría caer rendido a sus zapatos de brillante charol.
Los chicos miran de reojo sus rostros limpios y sin maquillaje y sueñan con desvestir aquellas angelicales y adorables chicas que entonan el “Oh! Mother Mary” con tanta sensualidad que el Diablo podría caer rendido a sus zapatos de brillante charol.
Los padres, orgullosos miran a sus virginales hijos mientras estos sueñan con cervezas en locales con luces oscuras y olor a sudor. Con los enormes asientos traseros de sus "chevis" y montones, casi obscenos, de comida grasienta.
Le piden a Jesús que ninguno de aquellos sudorosos jóvenes le pongan las manos encima a sus niñitas, porque saben que ellos, a su edad, era lo que más deseaban.
Las madres piden que sus hombres vuelvan a ser los entregados amantes que hace tiempo dejaron de ser y recuerdan, mordiéndose el labio, sus escapadas a Long Beach los sábados por la noche.
Piensan que Jesús les ayudará a conservar la inocencia de sus hogares, sin darse cuenta que el Sr. Cobain está al mando de sus destinos en las noches en las que las hogueras de las playas de Avalon se iluminan y la música desata las danzas tribales más antiguas de la tierra.
Nadie confiaría en el Sr. Cobain, pero lleva años protegiéndonos a todos de los vacíos e insustanciales discursos del Padre Roger.
Nadie confía en el Padre Roger ¿Quién puede confiar en alguien que no sintió el cosquilleo del bourbon y las caricias de una mujer?
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