miércoles, 26 de junio de 2013

Marilyn, Elvis y yo

Este es de los textos que he escrito, el que más me gusta. Supongo que es porque me recuerda a mis amigos Carlos y Núria. Me recuerda a aquellas noches en las que eramos tres adolescentes en medio de un mundo raro y caótico. Lo escribí la noche del 4 de Diciembre de 2009. 

Estoy dentro de una jaula, en medio de una carpa de circo, voy vestido de boxeador de los años 50 y llevo unos guantes de boxeo blancos con rayas rojas, o rojos con rayas blancas, no sé qué diferencia hay.
En una de las paredes de la jaula hay una puerta de ascensor de esos de madera antiguos. Tiene una flecha encima que indica por el piso que va. Parece que está bajando.
De fondo suena un rap en castellano “No sé, si tengo que subir o bajar. No encuentro a nadie en mi nivel. Solo quiero seguir haciendo mis movidas, miel”.
En el ascensor suena una timbre y se abren las puertas. Dentro hay un león enorme, parece un toro. Sale caminando pausadamente.A cada paso noto como los músculos de sus patas se tensan.
No veo por donde escapar. 
Cuando tienes un león delante y estás en una jaula, no puedes hacer mucho. Sabes que no vencerás, pero solo puedes hacerle frente. Rendirse es de cobardes como me dijo siempre mi padre.
Comienzo a hacer mi baile de piernas y el público se ríe a carcajadas. 
Intento cubrir mis puntos débiles y la gente sigue aplaudiendo cada vez más fuerte.
El león me mira, bosteza y se echa a dormir a mis pies.
Me he librado por poco. Comienzo a saltar con los puños en alto, como si hubiese ganado al campeón de los pesos pesados por KO. El público se pone en pie.
En primera fila están Elvis y Marilyn. Él aplaude y se ríe de forma demasiado exagerada. Ella guarda las formas y me mira con esa cara que siempre tiene de comprensión y cariño.
Me muero de vergüenza, veo el cañón del hombre bala. Solo pienso en salir de esta jaula. Me meto dentro y activo el resorte que me lanza disparado contra el cielo de la carpa, pero no había pensando en que el techo de la jaula estaba cerrado con barrotes. Me estampo contra ellos y caigo sobre el león. Éste se despierta de su letargo y me lame la cara con cariño.
La gente enloquece, aplauden, silban y gritan bravos al mismo tiempo que se abre una puerta y salgo corriendo.
Lo peor es ese momento, cuando estás detrás de la pista y se apagan las luces y los aplausos. Te sientes solo y vacío.
Lo peor siempre es cuando se apagan las luces, por eso siempre las dejo encendidas.
Después de cada actuación necesito 20 minutos de silencio delante del espejo, para volver a encontrarme conmigo. 
Marilyn y Elvis lo saben y se quedan sentados en la caravana, ella liándose un porro de marihuana y él lee algo sobre la Isla de Maui.
De vuelta a casa por la 30, atravesamos Corder Lake. Marilyn llora y Elvis la abraza mientras le canta “Anyplace is paradise”. 
Odio esa canción, pero es lo único que hace que vuelva a sonreír. No le puedes negar a nadie la posibilidad de volver a sonreír  aunque eso signifique que Elvis tenga que cantar.
En el 407 de South Goliad Street está Triple Chocolate Cheesecake, paramos. 
Marilyn se ha pedido un Banana Split, Elvis está a dieta y solo quiere un French Coffee, que es lo que en Europa es un café normal. A mí me parece de mala educación estar en un lugar que se llama Triple Chocolate Cheesecake y no pedir exactamente eso. Es como estar en Domino’s y pedirte la hamburguesa esa que pesa medio kilo.
Sally ha puesto música. Sabe lo que nos gusta y comienza a sonar “This old Heart of mine” de The Isley Brothers.
Me siento realmente bien, ellos están aquí. Cuando todo falló ellos seguían aquí. Cuando el mundo se calla y los aplausos se apagan, ellos están ahí, subiéndome a nuestro pequeño escenario, aplaudiendo exageradamente o llorando mientras Elvis canta o cantando mientras Marilyn llora.
 Elvis tiene problemas con las pastillas y Marilyn tiene algún trastorno bipolar, pero siempre están entre el público cuando les busco con la mirada.
La gente perfecta tiene vidas perfectas que atender y al final siempre te dejan solo cuando nadie aplaude.

2 comentarios:

  1. "Me meto dentro y activo el resorte que me lanza disparado contra el cielo de la carpa, pero no había pensando en que el techo de la jaula estaba cerrado con barrotes. Me estampo contra ellos y caigo sobre el león. Éste se despierta de su letargo y me lame la cara con cariño." <-- Este párrafo, especialmente la última frase, me ha hecho reír de lo lindo. A medida que lo vas leyendo lo imaginas vívidamente dentro de la cabeza! XD
    Y con la última frase, muy novela negra... has acertado plenamente. La perfección es un trabajo tan arduo que no la pueden llevar a cabo cuando las sombras caen y los aplausos se van. Pero con un león al que no le importa que te caigas encima, ¿para qué caer en esa trampa? ;)

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    1. Me alegra que te haya hecho reír y, además, que hayas entendido el final...
      Es muy gratificante cuando escribes algo y se entiende.
      Un besazo!

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