Este es de los textos que he escrito, el que más me gusta. Supongo que es porque me recuerda a mis amigos Carlos y Núria. Me recuerda a aquellas noches en las que eramos tres adolescentes en medio de un mundo raro y caótico. Lo escribí la noche del 4 de Diciembre de 2009.
Estoy dentro
de una jaula, en medio de una carpa de circo, voy vestido de boxeador de los
años 50 y llevo unos guantes de boxeo blancos con rayas rojas, o rojos con rayas
blancas, no sé qué diferencia hay.
En una de
las paredes de la jaula hay una puerta de ascensor de esos de madera antiguos. Tiene una flecha encima que indica por el piso que va. Parece que está
bajando.
De fondo
suena un rap en castellano “No sé, si tengo que subir o bajar. No encuentro a
nadie en mi nivel. Solo quiero seguir haciendo mis movidas, miel”.
En el
ascensor suena una timbre y se abren las puertas. Dentro hay un león enorme,
parece un toro. Sale caminando pausadamente.A cada paso noto como los
músculos de sus patas se tensan.
No veo por
donde escapar.
Cuando tienes un león delante y estás en una jaula, no puedes
hacer mucho. Sabes que no vencerás, pero solo puedes hacerle frente. Rendirse es de cobardes como me dijo siempre mi padre.
Comienzo a
hacer mi baile de piernas y el público se ríe a carcajadas.
Intento cubrir mis
puntos débiles y la gente sigue aplaudiendo cada vez más fuerte.
El león me
mira, bosteza y se echa a dormir a mis pies.
Me he librado por poco. Comienzo a saltar con los puños en alto, como si hubiese ganado al campeón de los pesos pesados por KO. El público se pone en pie.
Me he librado por poco. Comienzo a saltar con los puños en alto, como si hubiese ganado al campeón de los pesos pesados por KO. El público se pone en pie.
En primera
fila están Elvis y Marilyn. Él aplaude y se ríe de forma demasiado exagerada. Ella guarda las formas y me mira con esa cara que siempre tiene de comprensión y
cariño.
Me muero de
vergüenza, veo el cañón del hombre bala. Solo pienso en salir de esta jaula. Me meto dentro y activo el resorte que me lanza disparado contra el
cielo de la carpa, pero no había pensando en que el techo de la jaula estaba cerrado con barrotes. Me
estampo contra ellos y caigo sobre el león. Éste se despierta de su
letargo y me lame la cara con cariño.
La gente
enloquece, aplauden, silban y gritan bravos al mismo tiempo que se abre una
puerta y salgo corriendo.
Lo peor es
ese momento, cuando estás detrás de la pista y se apagan las luces y los aplausos. Te sientes solo y vacío.
Lo peor siempre es cuando se apagan las luces,
por eso siempre las dejo encendidas.
Después de
cada actuación necesito 20 minutos de silencio delante del espejo, para volver
a encontrarme conmigo.
Marilyn y Elvis lo saben y se quedan sentados en la
caravana, ella liándose un porro de marihuana y él lee algo sobre la Isla de Maui.
De vuelta a
casa por la 30, atravesamos Corder Lake. Marilyn llora y Elvis la abraza
mientras le canta “Anyplace is paradise”.
Odio esa canción, pero es lo único
que hace que vuelva a sonreír. No le puedes negar a nadie la posibilidad de volver a sonreír aunque eso signifique que Elvis tenga que cantar.
En el 407 de
South Goliad Street está Triple Chocolate Cheesecake, paramos.
Marilyn se ha
pedido un Banana Split, Elvis está a dieta y solo quiere un French Coffee, que
es lo que en Europa es un café normal. A mí me parece de mala educación estar
en un lugar que se llama Triple Chocolate Cheesecake y no pedir exactamente eso. Es como
estar en Domino’s y pedirte la hamburguesa esa que pesa medio kilo.
Sally ha
puesto música. Sabe lo que nos gusta y comienza a sonar “This old Heart of
mine” de The Isley Brothers.
Me siento realmente
bien, ellos están aquí. Cuando todo falló ellos seguían aquí. Cuando el mundo
se calla y los aplausos se apagan, ellos están ahí, subiéndome a nuestro pequeño
escenario, aplaudiendo exageradamente o llorando mientras Elvis canta o
cantando mientras Marilyn llora.
Elvis tiene problemas con las pastillas y
Marilyn tiene algún trastorno bipolar, pero siempre están entre el público cuando les busco con la mirada.
La gente perfecta
tiene vidas perfectas que atender y al final siempre te dejan solo cuando nadie
aplaude.
"Me meto dentro y activo el resorte que me lanza disparado contra el cielo de la carpa, pero no había pensando en que el techo de la jaula estaba cerrado con barrotes. Me estampo contra ellos y caigo sobre el león. Éste se despierta de su letargo y me lame la cara con cariño." <-- Este párrafo, especialmente la última frase, me ha hecho reír de lo lindo. A medida que lo vas leyendo lo imaginas vívidamente dentro de la cabeza! XD
ResponderEliminarY con la última frase, muy novela negra... has acertado plenamente. La perfección es un trabajo tan arduo que no la pueden llevar a cabo cuando las sombras caen y los aplausos se van. Pero con un león al que no le importa que te caigas encima, ¿para qué caer en esa trampa? ;)
Me alegra que te haya hecho reír y, además, que hayas entendido el final...
EliminarEs muy gratificante cuando escribes algo y se entiende.
Un besazo!