viernes, 28 de junio de 2013

El concurso de She & Him

Todas/os conocéis a Zooey Deschanel y "al otro que toca con ella en un grupo" (se llama así ¿no?...ahh que no, que se llama Matthew Stephen Ward).
Estas dos personas, cuando se juntan y tocan por ahí, se hacen llamar She & Him. Un dúo con aire de los 50.
Tanto la estética como la música se adapta perfectamente a la imagen de Zooey (que por algo es el peso pesado del grupo...peso pesado por importancia no por peso físico).
A lo que iba, que me lío... si queréis saber más del grupo, lo buscáis en vuestro canal de búsquedas favorito (Google). Este grupo ha realizado un videoclip. Este de aquí abajo (suena a chiste guarro).



Zooey (yo la llamo así por la amistad y los hijos que nos unirán, pero vosotros le debéis llamar Zooey Deschanel) además de ser la novia, nuera y mujer perfecta, es un poco payasa y ha decidido reírse de todos esos vídeos que siempre salen imitándola y la dejan como a una mujer pava.
La idea del grupo ha sido hacer un concurso en el que la gente envíe imitaciones de su videoclip original.
He seleccionado unos cuantos y el resto los podéis ver en su canal de YouTube: Si clicas aquí vas al canal de She & Him
Y si queréis participar solamente tenéis que enviar vuestros vídeos a su correo: ujw2uhu7k5nv@m.youtube.com

miércoles, 26 de junio de 2013

Marilyn, Elvis y yo

Este es de los textos que he escrito, el que más me gusta. Supongo que es porque me recuerda a mis amigos Carlos y Núria. Me recuerda a aquellas noches en las que eramos tres adolescentes en medio de un mundo raro y caótico. Lo escribí la noche del 4 de Diciembre de 2009. 

Estoy dentro de una jaula, en medio de una carpa de circo, voy vestido de boxeador de los años 50 y llevo unos guantes de boxeo blancos con rayas rojas, o rojos con rayas blancas, no sé qué diferencia hay.
En una de las paredes de la jaula hay una puerta de ascensor de esos de madera antiguos. Tiene una flecha encima que indica por el piso que va. Parece que está bajando.
De fondo suena un rap en castellano “No sé, si tengo que subir o bajar. No encuentro a nadie en mi nivel. Solo quiero seguir haciendo mis movidas, miel”.
En el ascensor suena una timbre y se abren las puertas. Dentro hay un león enorme, parece un toro. Sale caminando pausadamente.A cada paso noto como los músculos de sus patas se tensan.
No veo por donde escapar. 
Cuando tienes un león delante y estás en una jaula, no puedes hacer mucho. Sabes que no vencerás, pero solo puedes hacerle frente. Rendirse es de cobardes como me dijo siempre mi padre.
Comienzo a hacer mi baile de piernas y el público se ríe a carcajadas. 
Intento cubrir mis puntos débiles y la gente sigue aplaudiendo cada vez más fuerte.
El león me mira, bosteza y se echa a dormir a mis pies.
Me he librado por poco. Comienzo a saltar con los puños en alto, como si hubiese ganado al campeón de los pesos pesados por KO. El público se pone en pie.
En primera fila están Elvis y Marilyn. Él aplaude y se ríe de forma demasiado exagerada. Ella guarda las formas y me mira con esa cara que siempre tiene de comprensión y cariño.
Me muero de vergüenza, veo el cañón del hombre bala. Solo pienso en salir de esta jaula. Me meto dentro y activo el resorte que me lanza disparado contra el cielo de la carpa, pero no había pensando en que el techo de la jaula estaba cerrado con barrotes. Me estampo contra ellos y caigo sobre el león. Éste se despierta de su letargo y me lame la cara con cariño.
La gente enloquece, aplauden, silban y gritan bravos al mismo tiempo que se abre una puerta y salgo corriendo.
Lo peor es ese momento, cuando estás detrás de la pista y se apagan las luces y los aplausos. Te sientes solo y vacío.
Lo peor siempre es cuando se apagan las luces, por eso siempre las dejo encendidas.
Después de cada actuación necesito 20 minutos de silencio delante del espejo, para volver a encontrarme conmigo. 
Marilyn y Elvis lo saben y se quedan sentados en la caravana, ella liándose un porro de marihuana y él lee algo sobre la Isla de Maui.
De vuelta a casa por la 30, atravesamos Corder Lake. Marilyn llora y Elvis la abraza mientras le canta “Anyplace is paradise”. 
Odio esa canción, pero es lo único que hace que vuelva a sonreír. No le puedes negar a nadie la posibilidad de volver a sonreír  aunque eso signifique que Elvis tenga que cantar.
En el 407 de South Goliad Street está Triple Chocolate Cheesecake, paramos. 
Marilyn se ha pedido un Banana Split, Elvis está a dieta y solo quiere un French Coffee, que es lo que en Europa es un café normal. A mí me parece de mala educación estar en un lugar que se llama Triple Chocolate Cheesecake y no pedir exactamente eso. Es como estar en Domino’s y pedirte la hamburguesa esa que pesa medio kilo.
Sally ha puesto música. Sabe lo que nos gusta y comienza a sonar “This old Heart of mine” de The Isley Brothers.
Me siento realmente bien, ellos están aquí. Cuando todo falló ellos seguían aquí. Cuando el mundo se calla y los aplausos se apagan, ellos están ahí, subiéndome a nuestro pequeño escenario, aplaudiendo exageradamente o llorando mientras Elvis canta o cantando mientras Marilyn llora.
 Elvis tiene problemas con las pastillas y Marilyn tiene algún trastorno bipolar, pero siempre están entre el público cuando les busco con la mirada.
La gente perfecta tiene vidas perfectas que atender y al final siempre te dejan solo cuando nadie aplaude.

martes, 18 de junio de 2013

Una piedra más

Recuerdo exactamente el momento porque sonaba la sesión que hizo Richie Hawtin para el Sónar en 2012.
 Daniello había puesto los graves como si estuviésemos en uno de esos coches que llevan los veinteañeros de un barrio de las afueras. Fue entonces cuando me empezó a vibrar la pierna.
Al principio que pensé que era debido a las ondas producidas por la música, pero rápido me di cuenta que era el móvil que estaba recibiendo una lluvia de mensajes.
Leí por encima alguno, todos eran de ella: “hoy no nos veremos”, “deberíamos hablar de hacia dónde vamos”, “me parece que esto es muy raro”, “no tienes nada que decir?”...

Noté que el calor se apoderaba de mis mejillas, me ardía la cabeza y me subía una ira desde el estómago capaz de entumecer todos y cada uno de los músculos. Respiré y contesté con un simple “vale, tenemos que hablarlo”.
Daniello me miró a los ojos.
-¿Qué pasa? ¿Va todo bien?
-¡Pues que esta mierda tiene demasiados graves! ¡Tienes que darle un poco de color, joder!
Tocó algo y seguía exactamente igual.
-Déjame a mí que esto es una puta mierda.
Sin darme cuenta fui cambiando la forma de onda hasta dejarla demasiado afilada, tanto que era capaz de cortar la piel en cada golpe de bombo. El charles chirriaba como un grillo pidiendo socorro.
-Tío, relájate. Si ponemos esto así  va a parecer que somos psicópatas. No podemos meter tanta rabia desde el principio.
-¡Calla!
Y seguí acribillando los medios, dándole brillo a los agudos y casi asesinando los graves.
Tuvo que arrancarme de la mesa de mezclas y fue en ese momento en el que se dió cuenta que nada de aquello tenía que ver con la música.
-No te veía mezclar así desde...bueno, ya sabes...desde la noche que lo dejaste.
-Esto es distinto. Arregla esa puta mierda y me llamas. Me voy.
-No tengo porqué aguantar esto. Lo arreglamos mañana cuando se te haya pasado la regla. – Lo dijo mientras me daba una colleja cariñosa.

Al llegar al bar ella me estaba esperando en la puerta, me miró con cara de: “¿le doy dos besos o me hago la loca?”
La putada de haber pasado por todo esto tantas veces es que sé leer cada expresión de la cara.
-Habla rápido que no quiero que esto se alargue demasiado.
-No es fácil para mí.
-Para mí sí.
-Bueno, no pasa nada. Ahora estás dolido y con rencor.
-A ver cómo te lo explico para que me entiendas. No te voy a guardar ningún tipo de rencor, mañana me levantaré me tomaré un café, iré a trabajar, a la tarde iré al gimnasio, después me iré de fiesta y me tiraré a la primera que pille. En una semana no me acordaré de ti, porque si tuviera que acordarme de todas me volvería loco. Así que, no me vengas con chorradas que no eres tan especial como para sufrir por ti.
-Vale.
-Pues venga, que seas feliz.
De pronto todas las dudas se disiparon, todas la preocupaciones, los miedos, la presión. Sentí esa sensación de paz que te recorre el cuerpo cuando en un día de 42º te metes en la piscina.
Sentí un escalofrío en el cuerpo y rápidamente comencé la lista de cosas que siempre uso en estos casos.
-Borrar contacto, agenda, facebook, twitter.
-Borrar fotos.
-Limpiar el piso. Esto parece una tontería pero me resulta muy gratificante limpiar el piso cuando todo termina.
-Preparar 10 libros, cinco películas, un par de juegos de la Play e Ibuprofeno para la resaca.
Listo para la batalla llamé a Daniello.

-Voy al estudio. Mañana a las ocho tendrás todo preparado...