miércoles, 29 de mayo de 2013

Ruidos, molestias y las tetas de Mari "La sucia"

Bajaba la calle Villaroel mientras las camapanadas de alguna iglesia cercana tocaban las nueve. Subían, contra dirección, dos coches de la guardia urbana, con sus sirenas ruidosas y por Consell de Cent aparecía un camión de bomberos.
Era uno de esos días en los que todo te molesta y esos días todos los ruidos parecen unirse para aumentar esa sensación.
Además, era uno de esos días en los que tienes miedo y todo te sobresalta. Una chica pasó por mi lado con la música de los auriculares demasiado alta. En cualquier otra ocasión no habría pasado nada, pero ese día me asustó.
Me sentía pequeño y el mundo acechaba tras cada paso. En lo único que podía pensar era en llegar a casa y estar a oscuras.
Un chico con un skate pasó por mi lado. Solamente me rozó y se unieron los sentimientos de molestia y miedo. El chico saludo a unos amigos que estaban haciendo saltos y trucos con sus skates en la Plaça Universitat.
Les odié por un momento, no por estar molestando a los peatones con sus saltos. Les odié por tener la agilidad y habilidad para estar haciéndolo. También, por tener la juventud suficiente para estar en una plaza con un skate.
Esas cosas me han pasado con la edad. Recuerdo mi sentimiento al cumplir los treinta, pensé que ya no podría ser delantero en un equipo de primera. Nunca me ha gustado el fútbol y jamás lo jugué bien, pero esa incapacidad física y real, me creó una ansiedad extraña.
Supongo que eso es lo que hace que los ancianos cada vez sean más amargos. Debe ser frustante ver que un niño está gobernando tu país.
Recuerdo a mi abuelo,  fue un empresario serio y cascarrabias. Un día fuimos toda la familia a visitarle a su finca en Málaga y nos recibió disfrazado de mujer. Es uno de los recuerdos más bonitos que guardo de él. Hasta ese día tenía la sensación que nunca había tenido sentido del humor y que no había disfrutado de la vida. Lo había tenido pero escondió bajo esa capa de amargura del paso del tiempo...Supongo.
Ese recuerdo despertó otro. El día que me pilló sobando a Mari “La sucia” en el establo. Según él su enfado se debía a que “La sucia” pertenecía a una familia de clase baja, “asilvestrados” dijo.

Ahora comprendo que su enfado se debía a que no tenía edad suficiente para estar con Mari “La sucia” en el establo.


viernes, 24 de mayo de 2013

Una americanada

Hace días que no tengo ganas de escribir, es algo que jamás me había pasado pero alguna vez tenía que ser la primera.
Así que os voy a compartir un texto de alguien que nunca tiene ganas de escribir y por una vez lo ha hecho.


Ayer se fueron los chicos. En el aeropuerto le compré a Heather, mi compañera de casa, unas bolas de chicle picante y un cojín para el cuello con cabeza de mono. Se está recuperando de una operación de cadera y su madre murió hace un mes. Pero han pasado un par de días ya y aún no le he dado el regalo porque me da vergüenza. He pensado en dejárselo en la mesa del salón en el que está durmiendo en una de esas veces que sale de casa a hacer algo de vida, la pobre, en silla de ruedas.
Esta mañana cuando bajaba yo las escaleras ella volvía del baño arrastrando el andador y lo ha hecho más rápido de lo normal para que no me diera a tiempo a saludarla, creo, porque ni siquiera ha levantado la vista para ver quién era. Somos en total cinco personas las que vivimos en esta casa.

Luego he ido a hacerme la pedicura y he dejado mucha propina porque me sentía muy generosa. Siempre pienso, cuando pierdo dinero o me doy cuenta de que he malgastado demasiado en algo, que ese gasto va a repercutir positivamente en la vida de otra persona aunque sea a largo plazo. Y en la distancia. Genero historias de todo tipo para convencerme de esto, comparto el secreto en silencio con otra tanta gente que, en algún momento, ha pensado en mi como protagonista de situaciones imaginarias en las que sus gastos me devolvían la gloria de mis descuidos. ¿Sábes cuando de repente sientes un pulso en la ceja y no la estás moviendo a propósito? Eso significa que alguien que no te conoce está pensado en ti y se siente agradecido.Grateful que dicen aquí.

Pero yo en verdad empecé a escribir este texto porque quería contar por escrito lo que realmente me ha ocupado hoy la cabeza. Me ha dado por desarrollar una relación con un fotógrafo de Nueva York al que conoceré algún día y con el que puede que haga hijos. He pensado todo el día en la promesa de ese amor, he esperado su llamada de las tres de la tarde, he ido a hacer la compra para la barbacoa del sábado y lo he echado de menos mientras me duchaba después de yoga porque soy ese tipo de mujer que se cuida para su hombre. Y a medida que pasaban las horas del día, iba experimentando todos los estadios de la relación. Ya a la hora de la cena me he querido divorciar de él porque me había cansado de lo que habíamos sacado el uno del otro, de aquello en lo que nos habíamos convertido después de tantos años, lo que al principio parecía absoluto e inamovible se había convertido en una cotidianidad a la que ninguno de los dos sabíamos hacer frente, él buscando lo que un día tuvimos en cada falda que se cruza por su camino y yo amargada apegada a unos hijos con los que realmente no comparto un lenguaje pero a los que adoro por encima de todo con el dolor que eso conlleva. Así que me voy a dormir un poco con ese sabor amargo.

Acabo de bajar al salón, le he dejado a Heather el frasco con los chicles y el pequeño almohadón rodeándolo. Y le he escrito una nota que no he firmado: 

Siento no haber tenido un lápiz antes para prestártelo cuando me lo has pedido. Espero que esto te haga sonreír.

Si esto no es una americanada entonces estoy perdiendo mi tiempo.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Atrapar sensaciones


Llevaba cuatro días flotando entre anocheceres y terrazas. Había estado dándole vueltas a todo eso que me hizo ir a la isla.
Además, en esos días, no había conseguido tener una buena conversación con nadie, hasta el momento en el que se sentó Miguel en mi mesa.
-Niño, esto está muy solo. –Me dijo con una sonrisa simpática.
Me limité a sonreírle y volví a mirar la pantalla de mi móvil.
-No voy a hablar casi nada. Si me da su permiso, me voy a sentar un rato aquí. Por no estar cada uno en una punta de la terraza, que parece que seamos una pareja enfadada.-Me dijo mientras se sentaba.
-Claro, no hay mucha gente aquí. Llevo unos días un poco aislado y no me vendrá mal un poco de conversación.
Se levantó de la silla y puso sus manos en forma de megáfono.
-¡Señora Rosa! Pónganos un Binitord Negre Roure.
Rosa, no era ninguna señora o, por lo menos, no aparentaba serlo. Era una chica saliendo de la treintena, con el pelo mal peinado y una sonrisa agradable. La primera sensación que daba era que, en cualquier momento, se pondría a hacer algún tipo de malabares o que se encendería un porro de marihuana. Pero al hablar esa sensación se desvanecía. Tenía una voz dulce y aguda, marcando sonoramente todas las erres y emes.
Nos dejó dos copas en la mesa, abrió el vino y se lo hizo probar a Miguel.
-Ponle al muchacho, que pruebe que maravillas nos da esta tierra. Esto por Can Fanga no lo probáis.
Le di un trago y miré a Miguel.
-Así no se saborea un vino…Ni la vida.
-No te entiendo.
-Verás, dale un trago largo y aguanta el vino en la boca.
Hice lo que me dijo y empecé a notar un cosquilleo en la boca. El sabor amargo del alcohol y, cuando no pude más, me lo tragué sintiendo como el vino caliente pasaba por mi garganta.
Miguel me miró fijamente.
-¿Lo ves? Así no puedes saborear nada. Debes sentir como su olor entra por tu nariz primero, notar su aroma que se mezcla con los olores de este lugar. Después, le das un sorbo y dejas que se pasee por toda tu boca, que el líquido tome vida dentro y, una vez que haya pasado, tragar mientras aún está casi a temperatura ambiente.
Es como la brisa, ¿notas la brisa? Intenta cogerla con las manos.

Sabía que no podría atrapar el viento, pero aún así hice el intento de cogerlo.

-No puedes. Sin embargo, abre tus manos y deja que la brisa acaricie tus palmas, nota cómo pasa entre tus dedos, cómo roza tus yemas. Nota el aire pasar entre tu cabello. Siente el aire acariciando tu cara.

Cerré los ojos y sentí todas aquellas caricias a la vez. Era como si miles de pequeñas plumas recorrieran mi piel.

-Las sensaciones no se pueden atrapar, no puedes tenerlas. Tienes que disfrutar mientras pasan y, una vez que ha pasado, buscar otras. No puedes mantener toda la vida un trago de vino en la boca porque llega un momento que deja de ser agradable.