viernes, 15 de marzo de 2013

¿Por qué le damos tanto poder a una única persona?


Hace unos días me sorprendió ver en televisión una oleada de esperanza entre una parte de la población venezolana por la muerte de Chávez. La entrada de un nuevo “presidente” dará aire fresco a la política del país.
Después, el anuncio del nuevo Papa daba esperanza  a los feligreses que, entre gritos de alegría, esperan cambios dentro de la iglesia.
Me resultó curioso que depositemos tantas esperanzas en una única persona. Un único dios, un único presidente, un único Papa, un anillo para gobernarlos a todos, una única pareja.
La leyenda del Cid es un claro ejemplo. Montaron su cadáver a lomos de su caballo para hacer creer a las tropas que seguía vivo.
Seguramente, ahora mismo estéis pensando lo mismo que pensé en ese momento. Que esas personas tienen un grupo de confianza que les aconseja. Que, realmente, no soportan todo ese poder ellos solos.
Lo que me resultó curioso es el hecho que hayan esperado que un presidente muera, o que alguien dimita, para hacer esos cambios que, ahora, parecen tan necesarios e irrefutables.
Si todo ese poder no reside en esa persona, ¿Por qué todos los que la rodeaban no siguen dominando ese poder?
Puede que sea una tontería, pero me parece extraño que depositemos en una única visión y voz la posibilidad de cambiar la situación de todo un país.

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